¡Ni que fuera Osuna!

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El título de este artículo hace referencia a una expresión que se popularizó en España a mediados del S.XIX que significaba “derrochar o gastar por encima de las posibilidades” y hacía referencia a Mariano Téllez Girón, XII Duque de Osuna, que dilapidó su gran fortuna. Téllez Girón no era un aristócrata común, pues fue el titular de la Casa de Osuna, convirtiéndose de esta manera en el administrador de la mayor fortuna de España.

Nació en Madrid el 19 de julio de 1814. Era hijo del X Duque de Osuna y de María Francisca. Estaba destinado a ser un segundón, pues su hermano -y primogénito- estaba llamado a ser el nuevo duque de Osuna y fue formado para tal propósito.

En 1820 fallece Francisco de Borja, X Duque de Osuna, y le sucede en el título Pedro Alcántara, su hijo, por aquel entonces Marqués de Peñafiel. Pedro era un hombre culto, elegante, que supo rodearse de amistades acordes con su título y gestionó de forma correcta los bienes del ducado.

Mariano, en su condición de segundón, ingresó en el ejército como cadete de los Guardias de Corps y posteriormente fue también cadete de la brigada del Primer Escuadrón del Real Cuerpo de Guardias de la Real Persona. Ingresó, por decisión propia, en el ejército del norte que combatía a los ejércitos carlistas. La participación en diversas campañas, como en el asalto a Irún, bajo las órdenes de Espartero, le valió para ser nombrado general y obtener la Cruz de San Fernando. Sin embargo, su salud empeoró a causa de estas campañas militares; por ello, y por iniciativa de su hermano, logró de la reina un privilegio que le eximía de sus obligaciones como militar en el frente.

En 1838, la reina Isabel envía a Mariano como representante de España en la coronación de la reina Victoria de Inglaterra. Ésta sería la primera misión diplomática que realizaría en representación de los reyes de España por toda Europa.

Escudo de Mariano Téllez Girón, XII Duque de Osuna.

No tardó en convertirse en uno de los hombres más influyentes de la corte madrileña. Su prestigio y, sobre todo, su poder y riqueza aumentaron tras la muerte de su hermano Pedro, el  25 de agosto de 1844 a los 33 años de edad. A su muerte sin descendencia, Mariano se convierte en la cabeza del Ducado de Osuna y agregados, que incluía ducados y marquesados de gran relevancia como el Ducado de Benavente, del Infantado, de Arcos, de Pastrana, de Béjar, el Principado de Esquilache, de Éboli y Marqués de Peñafiel, entre otros. Un total de más de medio centenar de títulos, con sus respectivas rentas, que le proporcionaban doce millones de reales de oro anuales. Se decía que era tal la cantidad de posesiones de las que gozaba que podía cruzar España sin salir de sus estados y que podía ir de Madrid a Rusia y dormir siempre en sus propiedades. Quizás estas afirmaciones sean algo exageradas, pero de lo que no cabe duda es de que gozaba, a partir de 1844, de unos de los ducados más ricos de España y de Europa. Sin embargo, a partir de ese momento, comenzó el derroche de esa gran fortuna.

Mariano emprendió obras en sus principales palacios, en especial en el palacio de Las Vistillas, que sería su residencia principal, y que fue dotado con una biblioteca de más de 60.000 volúmenes y sus estancias se decoraron con obras de Rubens, Goya o Tiziano.

Mariano Téllez Girón , XII Duque de Osuna.

El nuevo duque de Osuna disfrutaba de las reuniones y fiestas madrileñas, en las que hacía gala de su riqueza. Durante un periodo de tiempo entregaba, por los lugares que frecuentaba, tarjetas que daban derecho a sus portadores a entrar en sus palacios y dio la orden de que en todos sus palacios debía preparase comida y cama aunque él no estuviera allí. Mariano era un amante de la moda y siempre estaba al corriente de los estilos imperantes en Europa. Todos los días estrenaba camisa y corbata y tenía 366 pantalones.

El duque retomó su labor diplomática en noviembre de 1852, cuando fue enviado al funeral del duque de Wellington. Un año más tarde, también acudió a París con motivo de la  boda entre Napoleón III y la granadina Eugenia de Montijo.

En 1856 comienza a cambiar la vida del duque y es el comienzo del fin de la gran Casa de Osuna. Ese año, tras restablecerse las relaciones entre España y la Rusia zarista, se pudo enviar a un embajador al país ruso tras años de enfrentamiento diplomático. Como no era ésta una embajada cualquiera y España debía deslumbrar en la corte zarista, sin duda el hombre más indicado para esa misión era ‘el Osuna’, cuyo derroche era sobradamente conocido para la reina. Además, Mariano jamás aceptaba el salario correspondiente por el ejercicio de su labor diplomática, sino que costeaba todos los gastos de su propio bolsillo.

Durante su estancia en Rusia se celebraron en su residencia importantes banquetes y fiestas con la intención de deslumbrar a la nobleza rusa y se sucedieron los excesos y los gastos desorbitados. En sus fiestas eran frecuentes los regalos de abanicos de nácar y mantones sevillanos de encajes que solía encargar en España y que entregaba a las damas rusas asistentes. Asimismo, exhibía sus riquezas y posesiones mostrando un álbum de daguerrotipos de sus palacios como Las Vistillas y El Capricho.

Sus extravagancias parecían no tener límite: al enterarse de que los nobles rusos no habían probado las naranjas, compró un tren e hizo llevar naranjos de Valencia a San Petersburgo. Su persona estuvo sujeta a habladurías y anécdotas sobre su derroche y arrogancia. Se cuenta que Mariano acudió a una reunión en la corte del zar y puso su capa de armiño sobre la silla a modo de asiento; al término de la reunión, se la dejó olvidada y un lacayo la recogió y se la entregó. Pero el duque no quiso cogerla y añadió: “Puede hacer con ella lo que quiera, un embajador de España no acostumbra a llevarse asientos”.

Hacia 1860 llegaron al duque noticias del delicado estado de sus cuentas; sin embargo, sus gastos no disminuyeron y recurrió al crédito. Ningún banco podía negar un crédito que fuese avalado por la firma del duque de Osuna.

María Leonor de Crescencia, princesa de Salm Salm.

En 1866, Mariano contrae matrimonio con María Leonor de Crescencia, princesa de Salm Salm. Tenía 52 años y ella 24.

A pesar de la ya maltrecha hacienda, continuó con sus labores diplomáticas, representando a España en la Exposición Universal en Viena y, en 1881, como embajador extraordinario para el enlace entre Guillermo (futuro Káiser) con Augusta Victoria y para cuya estancia alquiló un hotel de lujo entero en Berlín, para él y su séquito.

Tras el término de esa embajada, Mariano no regresó a España -donde le esperaban las deudas y tener que hacer frente a una bancarrota ya más que evidente- y se quedó en una de sus posesiones belgas, el castillo de Beauraing, donde esperó la muerte, que le sobrevino el 2 de junio de 1882. Como colofón a una vida de despilfarros y ruina, su mujer no pudo pagar al escultor que le realizó el ataúd.

Mariano Téllez Girón dilapidó la fortuna de una de las casas nobiliarias más importantes de España. A su muerte, sin descendencia, el título pasó a su primo Pedro Téllez Girón Fernández de Santillana. Sin embargo, el Ducado de Osuna jamás recobró el brillo y poder de años anteriores.

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