La evolución de los sonidos según Manglis

El guitarrista sevillano, bajo la denominación de Manglis Compás Machine, acaba de publicar 'My indian heart', un disco donde los ritmos hindúes combinan armoniosamente con el flamenco, el rock, el jazz o el blues

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Luis Cobo Álvarez, más conocido en el mundo artístico como Manglis, fue uno de los destacados alquimistas durante la cúspide de popularidad del rock andaluz. Formó parte de la última alineación de los seminales Gong, actuó con lo que quedaba de los Smash post-Garrotín, tocó en distintas etapas con Triana y, sobre todo, fundó el único grupo de aquella hornada que sólo realizaba temas instrumentales, Guadalquivir. Con una carrera que abarca ya más de cincuenta años, en su hoja de servicios también figura haber participado en el rompedor álbum Veneno (CBS, 1977) -para el que puso las seis cuerdas en Indiopole– o en Al Ándalus (Polydor, 1977) de Miguel Ríos, además de ser un solicitado productor. Pero hubo mucho más. De momento, su propuesta más reciente es Manglis Compás Machine, con un disco publicado en 2006, Mandala (Factoría Autor), seguido en 2018 por el autoproducido My indian heart.

Manglis siempre ha tenido debilidad por la investigación y la fusión de diversas músicas y tradiciones. En su continua persecución de la originalidad suele alejarse de los productos destinados a las masas y experimentar con los sonidos hasta conducirlos hacia su (natural) desarrollo. Si bien, el origen de estas inquietudes tuvo como factor decisivo su contacto, siendo bien joven, con los soldados norteamericanos destinados en las bases de Morón de la Frontera, San Pablo o Rota. “La música que se escuchaba en Estados Unidos por aquel entonces estaba a años luz de lo que aquí se hacía y se escuchaba en la radio y la televisión. Allá por 1965, Sevilla era un hervidero y ya se mezclaban esos militares con la gente que vivía en estas ciudades o pueblos andaluces. Igualmente, aquellas bases tenían unas emisoras de FM donde sonaba toda aquella música y escuchábamos en nuestros receptores. Oír a The Doors, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Otis Redding, James Brown y otros muchos, además de la música que venía desde Londres: The Beatles, The Rolling Stones, Cream, Procol Harum, Traffic y otros tantos grupos, definió a mucha gente que lo único que podía optar a escuchar en los medios locales era la música popular y comercial que siempre hubo y que aún perdura en nuestro país”, explica.

No obstante, asegura, desde sus inicios y a lo largo de su amplia trayectoria tampoco ha cambiado demasiado esa manera de explorar ritmos y conjugarlos en sus creaciones. La esencia es la misma. “En el fondo, de lo que se trataba es de mezclar elementos. En aquellos tiempos, ya en 1972 con Gong, estábamos buscando los elementos comunes del rock con el flamenco. En 1978, con Guadalquivir, ampliamos la búsqueda y nos adentramos en el jazz rock y el flamenco, las mismas influencias que posteriormente utilicé en Arrajatabla y, con mayor fortuna, en Manteca, donde dimos un giro internacional sumergiéndonos en la world music”.

Aquí aparecen otros dos trascendentales episodios dentro de su intrépido currículo: Arrajatabla y Manteca. Del primero, junto a nombres como Raimundo Amador o Juan Reina, surgió un larga duración, Sevilla blues (1992), mientras que del segundo, arropado por Jesús Arispón (Def Con Dos) o Tito Duarte (Barrabás), entre otros, germinó la dupla Pa darte gloria (1996) y Bailando con cabras (1998). “Fueron editados en España por la compañía Fonomusic, hoy catálogo de Warner, y a su vez en Alemania en el sello Hammer Music, que hizo la distribución en Europa y el suroeste asiático. Aquí se vendieron unas 15.000 unidades de cada disco pero tuvo una repercusión internacional más acorde con lo que era este proyecto. Quizás es lo de siempre, si no haces música muy comercial y no gastas enormes cantidades de dinero en promoción, los discos no encuentran el éxito que merecen. Aunque este proyecto sí obtuvo un buen reconocimiento en general”, se sincera un Manglis que antes, a principios de los ochenta, ya se había lanzado en solitario, con los elepés Escalera al cielo (1981) y Dandy (1983), ambos en la etiqueta Movieplay.

Por otra parte, apunta que “ya en Manteca, en el disco Pa darte gloria, introduje unas tablas hindúes como percusión en una bulería que se llama Dos estrellas y en otro tema, Dunas. Es ahí donde empiezo a soñar con ese misticismo en el sonido”. Manglis Compás Machine nació de su pasión por el jazz o el blues, además de su atracción por la semejanza entre las músicas de la India y los distintos palos del flamenco. “El blues y, por ejemplo, una soleá o una bulería, tienen un compás de 12×8. O sea, que se asientan en la misma rítmica, se hermanan y van de la mano. En el caso de la música de la India, ellos mantienen una amplia amalgama de compases y ritmos, pero casan a la perfección con los del flamenco, como se puede apreciar en los temas 48×8 Bulería, Soleá-Soler, Compás machine bulería o Carcelero-carcelero, detalla Luis.

La actual aventura se consolidó en 2002, tras conocer al percusionista de Singapur, de origen hindú, Nantha Kumar. Ahora, para la gestación de My indian heart, se han sumado un buen número de músicos de aquel país: Subrata De -sitar-, Mohsin Ali Khan -voces-, Robert Nalin -batería- y el violinista del estado de Rajastán, Imran Khan. Asimismo, han contribuido otros instrumentistas de la talla de Jorge Pardo, Kike Perdomo, Pedro Ontiveros o Andrés Olaegui (los dos últimos, excomponentes de Guadalquivir). Son nueve piezas presentadas con un bonito diseño gráfico a cargo del fotógrafo David Izkierdo Arispón que, sin embargo, han tardado en ver la luz. En concreto, doce años desde que saliera al mercado Mandala, “sencillamente, por la financiación”, indica el guitarrista trianero. “La composición y grabación de todos los temas, que haya treinta artistas que dieron su apoyo desinteresadamente y nos tuviéramos que ajustar a la disponibilidad de cada uno, además de costear todo desde que se empieza hasta que se fabrica, dan un clara explicación de esa distancia de doce años. Y más aún porque yo no hago discos de usar y tirar, pienso con mucho detenimiento qué voy a poner en circulación por mera decencia profesional”.

Y sin miedo al qué dirán, habría que agregar. “Respeto a quienes no entiendan los avances y se opongan, quizá, por ser muy tradicionales, a las nuevas sonoridades y formas para que todo lo que huela a cultura musical tenga posibilidades de crecer, encuentre otras fuentes de expresión y las vanguardias sigan su curso con el objetivo de que no nos quedemos encasillados en el pasado”, sentencia Manglis durante la conversación a propósito de este mágico viaje de encuentros étnicos.

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