Franco y los Reyes Católicos

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El Estado es una circunscripción territorial en la cual los habitantes que la componen tienen un sentido de pertenencia al mismo por una historia común que los une y con la que se sienten identificados. Evidentemente, una serie de elementos que conforman esa historia son los símbolos, con los cuales un individuo o ciudadano se siente parte de una comunidad, y el general Francisco Franco, consciente de ello, utilizó muchos de los símbolos del reinado de los Reyes Católicos para que los españoles se sintieran parte de un proyecto importante que, en definitiva, coincidía con una dictadura política y social. Se pretendía así inculcar una serie de valores, sobre todo entre el colectivo femenino, pues eran las madres las que iban a educar a las nuevas generaciones. Por otra parte, una vez más la referencia al pasado servía de legitimación política, puesto que se intentaba relegar a un segundo plano el levantamiento militar y la guerra (aunque se mostró como ‘cruzada’) y presentar un claro nexo de unión entre la España gloriosa de Isabel y Fernando y el nuevo Estado franquista, con lo que el régimen quedaba en cierto modo legitimado.

Este régimen inusitado presentaba la lucha entre dos Españas, una España de Dios y la Patria, y otra España desnaturalizada de estas esencias; un combate a modo de cruzada contra el infiel, contra el antiespañolismo y también contra la división territorial. Para ello se vuelve a los mitos histórico-religiosos, se recurre al apóstol Santiago, guerrero más que peregrino, o se invocan otros patronazgos como el de Santa Teresa de Jesús (o Ávila) para buscar la victoria política-militar y moral y exponer una imagen de un bando que vencía gracias al apoyo divino. Una providencia que sería invocada por la Iglesia católica, como se muestra en la pastoral del obispo de Salamanca (y futuro arzobispo de Toledo, primado de España) Enrique Pla y Deniel, que publicó en 1936 Las dos ciudades, donde justificaba la lucha como “una guerra de liberación y cruzada religiosa contra el peligro comunista y el de una España laica”: <<No se trata de una guerra por cuestiones dinásticas, ni formas de gobierno, sino de una cruzada contra el comunismo para salvar la religión, la patria y la familia… Por Dios y por España>>. 1

A este pensamiento se le unió al año siguiente el de todo el colectivo episcopal y la solemne celebración de acción de gracias y bendición de Franco como caudillo en la iglesia de Santa Bárbara el 20 de mayo de 1939, concentrando en su persona todo el poder militar, político y civil del momento. Se impuso la perspectiva de una nación ligada a la idea del catolicismo, que según defendía el ya mentado Menéndez Pelayo (quintaesencia del conservadurismo), nació con la conversión de Recaredo en el III Concilio de Toledo de 589 d. C., de tal modo que la religión católica se convertía en la piedra angular de la unidad nacional y de la nacionalidad española. Esta unión político-religiosa o identificación de Dios con la Patria daría lugar al nacionalcatolicismo, esto es, justificar la esencia y el origen de la nación con la antiquísima tradición católica. Todo aquello que no comulgara con esta idea fue tachado de antiespañol. Por ello, por ejemplo la época de la Ilustración fue vista, injustamente, como una época de decadencia pues “dos siglos de incesante y sistemática labor… han conseguido no renovar el modo de ser español, sino viciarle, desconcertarle y pervertirle”. 2 Ni que decir tiene qué se pensaba de los periodos de república…

De esta España católica, una, grande y libre se puede entrever un objetivo claro, como es la defensa férrea de la unión nacional frente a una república laicista que tendía a la disgregación, de tal modo que la unidad territorial y política, y por ende confesional, se convirtió en una prioridad para el régimen, durante y después de la Guerra Civil. Era fácil que pronto se fijara la mirada en los Reyes Católicos, ahora especialmente en la reina Isabel, cuya figura fue manipulada para legitimar todo aquello que propugnaba este régimen nacional católico. Con todo, este hecho no es algo exclusivo del franquismo pues, sin ir más lejos y como ya hemos visto, cuando las Cortes de Cádiz proclamaron a España como estado-nación, hubo la necesidad de dar una continuidad a la historia, es decir, justificar el presente a través de la historia, y qué mejor para expresar esa unidad estatal que la monarquía de los Reyes Católicos. De este modo, Isabel y Fernando se convirtieron en los precursores de esa confluencia política, religiosa y territorial. Se trataba de una mirada al pasado que en nada era objetiva, sino que resaltó aquellos aspectos que convinieron al régimen; una máquina de autentificación que el mismo Franco atestiguaría con las siguientes palabras: Habéis de saber que esos siglos de oro de nuestra historia, esos siglos que miramos como cimiento y fundamento de la Nación española, los siglos en que Isabel y Fernando llevan sus pendones por España, eran hermanos del que ahora alumbramos”. 3

Palabras de evocación hacia los Reyes Católicos que alumbran una nueva forma política en pleno tiempo contemporáneo identificando a unos reyes casi medievales como los fundamentos de la nación. Pero, como se vio en el primer párrafo, sería prematuro decir que durante este reinado hubo un sentimiento meridiano de pertenencia a España, una verdadera y madura sensibilidad nacional, puesto que seguía funcionando la distinción entre los súbditos de las coronas de Castilla y de Aragón. Aun así, es cierto que con ellos se echaron los cimientos del moderno Estado español. Pero el general Franco (el proclamado Caudillo de España) aprovecharía al máximo la figura política de los Reyes Católicos hasta los detalles más insignificantes, como en la moneda o en las cajetillas de tabaco… Como es obvio, convencidos de que Isabel y Fernando eran los primigenios símbolos de la unidad nacional, se retomaron los emblemas del yugo y las saetas (flechas), de tal modo que “… existían más similitudes entre el escudo de los Reyes Católicos y el posterior franquista, esto es, el soporte del águila nimbada [de San Juan], que se mantuvo hasta la Transición, y el lema o divisa, que en el primero muestra la frase Tanto Monta y en el segundo Una, Grande y Libre”. 4

Así, del ‘periodo isabelino’ se adquirieron los altos símbolos heráldicos y también se creó en 1950 el ente de las Ciudades de Interés Artístico Nacional, dependiente de la Dirección General de Arquitectura, para revitalizar todos aquellos lugares que habían estado vinculados a los Reyes Católicos. No es casualidad que un año después se volviera a restaurar y revitalizar el convento toledano de San Juan de los Reyes, permitiéndose así el regreso de una comunidad de franciscanos en 1954. Dentro de la propagandística de la dictadura, no se descuidó el hecho de “educar” a la sociedad, sino que se creó un espacio específico dentro de la Falange donde las mujeres podían identificarse siguiendo el modelo de comportamiento de la propia Isabel la Católica y, cómo no, de santa Teresa de Jesús; no en vano se trataba de las futuras esposas y madres del régimen, aplicándose en todas las facetas de la vida cotidiana. Estos modelos isabelinos y teresianos se proyectaron en asociaciones femeninas como la Sección Femenina, donde se destacaba el importante papel que cumplía la mujer como medio para reeducar a una sociedad disgregada de valores por la secularización de la II República. Fue un verdadero medio o eje vertebrador de la sociedad por su papel persuasivo en el ámbito familiar, reforzado por la penetración social que tuvo esa Sección Femenina liderada por la hermanísima Pilar Primo de Rivera. Gracias a esta institución, aspectos como la moralidad, la familia o la religión pasaron a ser los cimientos del régimen, acompañados de un programa de carácter asistencial y reordenación rural, garantizando la “salud” y el futuro del régimen. Por eso, a Primo de Rivera, en un intento de comparar su figura con la de Isabel la Católica, se le permitió incorporar a su vestuario un monograma con la “Y” de oro isabelina, que no sólo evocaba el nombre de la reina, sino que se usaba como alusión al yugo. Además, se le concedió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y ser miembro de la Gran Orden Imperial del Yugo y de las Flechas que veremos más adelante. Todo ello se reforzó en el discurso pronunciado en el Alcázar de Segovia en 1938, donde se declara a la reina Isabel como la patrona de la Sección Femenina con las siguientes palabras: “Falange Femenina ha celebrado su Consejo en el Alcázar de Segovia, bajo el signo imperecedero de Isabel de España. Las flechas y el yugo simbólico de aquel reinado, donde arranca nuestro imperio y culmina nuestra grandeza histórica, han cobijado a las huestes que hoy realizan el supremo esfuerzo de proseguir el camino glorioso de nuestra Reina… Las mujeres de Falange se han reunido en este recinto de ayer, para pensar en hoy. Aquí, bajo el signo de Isabel, que era mujer y reina, se ha pensado y se ha hablado en España y por España”. 5

En esa misma línea de evocación, el asesor religioso de esta líder femenina (y posterior abad, nada menos, que del Valle de los Caídos), el benedictino fray Justo Pérez de Urbel motivaba a todas las mujeres a desarrollar las mismas características que Teresa e Isabel. Se convirtieron así en un acopio de virtudes, concentrando un espíritu casi guerrero y un catolicismo patriótico. Como diría el legado papal, el cardenal Cento, en el centenario de santa Teresa: “Se ha dicho bien que si Teresa de Jesús hubiera sido reina se hubiera comportado como una Isabel la Católica y que Isabel la Católica hubiera sido monja hubiera sido como Santa Teresa. Son dos estrellas que brillan en nuestro cielo castellano, son lumbreras imperecederas”. 6

El franquismo perpetró el abuso del personaje de Isabel I en tres ambientes: por supuesto, en el plano político u oficial, en el mundo académico junto con la cultura, y en el ámbito privado o doméstico. En el ámbito político u oficial se desarrolló a su vez en, digamos, tres marcos: el uso del lenguaje, el marco iconográfico y el mundo de las condecoraciones. En el primer término destacó la voz única del dictador, aunque aquí tuvieron cabida aquellos hombres y mujeres que pronunciaron exaltados discursos idealizando la figura del Caudillo de España. Un ejemplo de ello es el discurso que la citada Sección Femenina pronunció en Medina del Campo, no en vano la villa que vio morir a la reina Isabel, en mayo de 1939, en homenaje al caudillo y al papel que cumplía el ejército. Franco, agradecido por aquel homenaje, respondió a todas esas mujeres recordando el importante papel que cumplían en el régimen, pues su labor “no acabó […] con lo realizado en los frentes… os queda la reconquista del hogar, os queda formar al niño y a la mujer españoles… Es necesario ese patriotismo que forjáis vosotras en los hogares… al conjuro y al recuerdo de aquella Reina ejemplar, Isabel la Católica”. 7

Una exaltación de la figura de Isabel como esposa y madre que se muestra partidaria de la santificación de la misma, pues años posteriores volvería a pronunciar un discurso, en este caso en tierras andaluzas, donde el caudillo diría que la reina era importante para la Historia de España y que era una candidata perfecta para la beatificación: “Es… la figura de la reina Isabel tan importante, que por la ejemplaridad de su vida, sus incomparables servicios a la fe católica y sus heroicas virtudes, la juventud española la ha colocado en el altar de la Patria, confiando en que llegará la hora en que, examinados por la Iglesia con la serena perspectiva histórica sus inmensos merecimientos y dilatados servicios, otorgara su sanción reconociendo la bienaventuranza de esta gloriosa hija de la Iglesia que desde hace cuatro siglos esperan quienes tanto le deben”. 8

Una clara exaltación a la reina católica que no fue algo exclusivo del dictador, sino que todo un conjunto de personalidades políticas siguió su ejemplo. Personalidades de la talla de Esteban Bilbao, presidente de las Cortes Españolas, o diplomáticos como Sánchez Belda, Jaime Alba o el conde de Urquijo, que se deshacían en elogios a la reina castellana, mientras que el poder militar o el religioso hacía lo propio con alabanzas y ovaciones a la misma. No era extraño pues, encontrar a generales o arzobispos hablando con auténtica admiración sobre lo mucho que debían a las hazañas isabelinas. Otra cuestión es que todas estas alabanzas hicieran un buen servicio a la memoria de Isabel, quien tras el paso del régimen ha sido denostada y olvidada.

Empero, no sólo se valoró la figura de la reina mediante discursos, sino que se elaboraron diferentes cuadros representativos en los que se la erige como el precedente del nuevo Estado, como ocurrió con la pintura romántica (aunque no con la misma calidad artística). Por otra parte, se reutilizaron edificios que habían tenido relevancia en la historia de los Reyes Católicos. No se desdeñó el uso del cine y la iconografía como fuente de exaltación de los mismos, aunque se privó a los símbolos isabelo-fernandinos de su simbología original para impregnarlos de un nuevo sentido ideológico que provocó una contaminación que perdura hasta nuestros días, pues aún hoy seguimos identificando el águila con el franquismo y no con el apóstol San Juan o con los propios Reyes Católicos.

En cuanto a la reutilización arquitectónica, se dio un nuevo uso al Castillo de la Mota en Medina del Campo, siendo entregado por Franco a la Sección Femenina para los cursos de formación política de las jóvenes de la sección y para establecer su Escuela Superior de Mandos. Una acción para nada inocente, pues al establecer el edificio como centro educativo de las mujeres que participarían en la política del momento, se pretendía que éstas se impregnaran de la historia y significación del lugar; es decir, que éste sirviera de inspiración, por ejemplo, de la ejemplaridad de Isabel al redactar su testamento antes de morir. Con ello, se pretendía que toda militante desarrollase un amor a la patria y al pueblo español, una integridad o concienciación de lo que era la patria y de la defensa de la misma, además de una mentalización del espacio vital que debía ocupar España en sus vidas. No obstante, el edificio que más significación tuvo para el régimen fue la Capilla Real de Granada, no en vano es el mausoleo definitivo de los monarcas. El complejo arquitectónico fue revalorizado de la mano del alcalde de la propia ciudad, Antonio Gallego Burín, quien, admirado por la gran carga histórica del lugar, quiso que se convirtiese en uno de los máximos exponentes de la españolidad. El resultado de los esfuerzos del alcalde no fue otro que la creación de un museo donde se exaltaba claramente la hispanidad y que fue inaugurado, no por casualidad, por la esposa del presidente argentino Juan Domingo Perón, la primera dama Eva Perón, quien engrandeció el momento y el panteón al expresar que su valor simbólico y su riqueza artística superaba, con mucho, a la importancia que tenía la propia inauguración en sí misma.

El cine, una herramienta política usada desde los primeros vestigios de este nuevo arte, no quedó de manera alguna indiferente para el régimen, sino que se usó este “cine de oficina y sucedáneos” como parte de la promoción pro-isabelina, con múltiples películas sobre los diferentes momentos que componen la vida de la reina. Sobreabundan, por tanto, las películas de género histórico donde la trama gira en torno a la cruz cristiana, como espada simbólica, con recreaciones de los momentos clave del reinado de los monarcas, ampulosos decorados y la sobreactuación de sus actores y actrices bajo la dirección de directores de cine de la talla de Rafael Gil (La reina santa, La guerra de Dios, El beso de Judas) y Juan de Orduña (Teresa de Jesús, Locura de amor, La leona de Castilla). Un ejemplo del éxito de sus filmografías fue la película Locura de amor, basada en la vida y el amor enfermizo de Juana de Castilla hacia su esposo, Felipe de Austria. Fue estrenada en 1948, declarada como de interés nacional por el régimen y recibió numerosos galardones, tales como dos medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos por mejor película y mejor actriz con Aurora Bautista en el papel de la princesa Juana, más dos premios del Sindicato Nacional del Espectáculo en las mismas categorías, y seis premios del Primer Certamen Cinematográfico Hispanoamericano que tuvo lugar entre las fechas del 27 de junio y el 4 de julio en Madrid. De este modo, se hacía completamente cotidiano que una pareja cualquiera fuera al cine a ver Alba de América, participase en las loas propagandísticas del NODO inicial (Noticiario-Documental), se fumase un cigarrillo de la marca Tres carabelas y se bebiese una copa de vino Reyes Católicos… Uso nada casual de nombres y de símbolos tomados de esta España fundacional de finales del siglo XV y principios del XVI.

Como tampoco lo fue la utilización del nudo gordiano, reutilizado de los Reyes Católicos pero cuyo origen se remonta a la antigüedad griega. Según la leyenda, los habitantes de la región de Frigia (en el actual territorio de Turquía) necesitaban elegir un soberano, así que según era costumbre en aquellos pueblos consultaron al oráculo. La divinidad les respondió que aquella persona que hiciese su triunfal entrada por la Puerta del Este sobre un carro y en cuya barandilla estuviese posado un cuervo, sería la persona digna de ser el rey de dicho territorio. Al poco tiempo, un labrador rico de la zona llamado Gordias, que tenía un carro con bueyes sobre el que se posó un cuervo, cruzó por dicha puerta, por lo que reunió todas las condiciones necesarias para ser nombrado rey de Frigia. En cuanto fue proclamado rey, Gordias fundó la ciudad de Gordio, y en agradecimiento al padre de los dioses por pasar de ser un labrador a erigirse como rey, ofreció en el templo de Zeus su carro, en el que ató la lanza (tiro) y el yugo de sus bueyes con una serie de nudos cuyos cabos se escondían en el interior para que nadie pudiera desatarlos jamás. Era tal hazaña conseguir desatar dichos nudos que entre la población se extendió la creencia de que aquel que consiguiera deshacer los nudos conquistaría toda Asia. Siglos después, el joven rey de Macedonia Alejandro III, más conocido como Alejandro Megas (Magno), en su deseo de dominar el Imperio Persa, conquistó la ciudad de Frigia, donde sus habitantes le retaron a deshacer los nudos del carro de Gordias en un intento de deslegitimar su derecho a ser rey de Frigia, pues no dejaba de ser un rey extranjero. Alejandro, ante el desafío y bajo la atenta mirada de Zeus en su templo, solucionó el problema de manera contundente pues desenvainando su espada y exclamando “tanto monta [importa] cortar como desatar” procedió a sajar los nudos de un certero tajo. Esta leyenda fue muy del gusto de Fernando el Católico quien, cautivado por dicha leyenda, usó la frase de Alejando como lema de su reinado junto a su esposa la reina Isabel de Castilla, “Tanto Monta”, dando a entender la política que llevarían a cabo. La explicación de dicho lema, por tanto, no es otra que da igual las maneras o formas que haya que realizarse para lograr un objetivo, lo importante es que éste se lleve a cabo. Esta divisa se representaba sobre un yugo, en reminiscencia del yugo de Gordias, con una cuerda anudada alrededor. Este lema y símbolo fue tan importante en el reinado de Isabel y Fernando que coronaba el propio trono, como puede observarse en la Sala del trono o Solio del Alcázar de Segovia (reconstruido) o en el conjunto de tapices del Tanto Monta que se conservan en la catedral de Toledo. Además, este símbolo y lema trascendería más allá de este reinado, quedando como un símbolo muy característico de la tradición heráldica española. La divisa, cuya importancia fue plasmada en un cancionero de Pedro Marcuello, fue incorporada a las armas de ambos esposos ya en 1475, cuando se firmaron los acuerdos del Concordato de Segovia. El emblema estaba formado por las iniciales de ambos monarcas (“F” e “Y”) formando una unión simbólica, siendo esta la costumbre de la época (cada cónyuge firmaba los documentos con la inicial de su contrayente). Este mismo hecho podemos observarlo en la grabación de las monedas de la época, pues en 1497 se estableció que se grabasen las iniciales de ambos esposos como señal de igualdad y unidad. Por su parte, las flechas se representan en un número variable, pero siempre atadas con un nudo gordiano y con las puntas hacia abajo, como si cayeran del cielo. Con el pasar de los años, esta divisa no sólo identificaría a los mismos soberanos, sino que fue adoptada por diversas ciudades expugnadas por ellos, como Ronda o Málaga.

Siendo así de clásica la historia del nudo gordiano, Francisco Franco la incorporó como emblema de uno de los partidos constitutivos de su régimen, Falange Española. La idea fue del profesor Fernando de los Ríos, pues mientras explicaba el estado fascista y sus símbolos a sus alumnos de la universidad de Granada, dibujó un yugo atravesado por flechas, imitando los símbolos de los Reyes Católicos que tanto abundaban en dicha ciudad, y fue Juan Aparicio López, alumno presente en dicha clase, quien adoptó dicho símbolo para definir a las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (las JONS) fundadas por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma. Además, fue el mismo quien propuso que el símbolo estuviese sobre fondo rojo y con el lema “Una, Grande y Libre” para definir a España. Atendiendo a cada uno de los adjetivos del lema, la expresión “una” se debe a la idea de España como una nación donde no hay cabida al regionalismo ni al particularismo; por su parte, grande”, dado que fue un imperio, una reminiscencia que no pretende sino evocar aquellos tiempos de esplendor del imperio español y que pretende recuperarlos, pues durante la dictadura franquista ya se habían perdido territorios africanos y, por supuesto, los americanos eran un lejano recuerdo; en tercer lugar, “libre”, haciendo referencia al rechazo de toda influencia y presión extranjera, aunque se llegara al extremo de un aislamiento internacional.

Para todos aquellos que después tuvieron una participación activa en la dictadura franquista, y más concretamente en el ideario de la misma, dejaron plasmadas sus reflexiones en la revista Fascio, la cual había nacido como una aproximación al régimen fascista italiano, cuestión nada baladí. Dicha revista Fascio o Haz hispano fue una publicación periódica española publicada en Madrid y surgida como apoyo al advenimiento nazi en Alemania en 1933, siendo su director Manuel Delgado Barreto. Su publicación fue efímera pues solo se publicó un número, ya que el gobierno de la República la censuró por la ideología de sus redactores, destacando entre estos la figura de José Antonio Primo de Rivera, quien era partidario de instaurar un régimen fascista similar al italiano y de crear una gran revista fascista con una tirada masiva de ejemplares. Fue esta una experiencia que se seguiría después del triunfo nacional en la Guerra Civil. Años más tarde, ya durante el periodo franquista, la producción de libros y la historiografía nacionalista española volvieron a tener cabida e importancia, y abundaron las biografías de la soberana Isabel y los libros acerca del reinado de los Reyes Católicos, sobre todo durante los años cuarenta, hasta el punto de que no se realizó una biografía realmente crítica hasta 1964, cuando el franciscano Tarsicio de Azcona publicó su estudio sobre Isabel I de Castilla y que todavía sigue vigente en cuanto a su calidad 9 Además, quedó establecido el 12 de octubre como el Día de la Hispanidad. Llovía sobre mojado, porque ese día ya había sido proclamado como la Fiesta de la Raza durante el reinado de Alfonso XII mediante un decreto de 1918, y conmemoraba el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, añadiendo así este día al conjunto de fechas o conmemoraciones civiles (pocas, en una España oficialmente católica), como el 20 de noviembre, cuando murió (fusilado) José Antonio Primo de Rivera. Por ende, la España nacional-católica de Franco centró su atención en las aulas, pues era el espacio social perfecto para adoctrinar a los futuros continuadores del régimen de modo que, ante el retrato de Franco y el crucifijo, los alumnos se educaban para ser buenos cristianos y patriotas, en una enseñanza “cristiana, católica y saturada de amor a la patria y siempre en castellano, esta lengua que exaltaron, entre otras, las grandes figuras de la Historia Santa Teresa de Jesús e Isabel la católica”. 10

Una vez más, podemos observar cómo la Historia parece retroceder o revivir, según veamos; y lo más curioso del presente caso es que en pleno siglo XX se resucitan símbolos de casi cinco siglos atrás y se revisa la Historia para adaptarla a necesidades políticas e ideológicas actuales. No era la primera vez que ocurría en el caso español, habida cuenta de lo sucedido con los románticos. Tampoco es algo privativo de España, ni mucho menos. Al mito del progresismo siempre hay que contemplar la posibilidad del mito conservador de la regresión, aunque sea hacia épocas doradas.

Notas:

  1. E. MAZA ZORRILLA, “El mito de Isabel de Castilla como elemento de legitimidad política en el franquismo”, 31, (2014), p. 169.
  2. Ibídem, p. 170.
  3. ORTIZ PRADAS, Daniel, Tanto monta. Apropiación de los símbolos e imagen de los Reyes Católicos durante el franquismo,… p. 256.
  4. ORTIZ PRADAS, Daniel, Tanto monta. Apropiación de los símbolos e imagen de los Reyes Católicos durante el franquismo, en El franquismo y la apropiación del pasado. El uso de la historia, de la arqueología y de la historia del arte para la legitimación de la dictadura, Madrid, 2017, p. 258.
  5. E. MAZA ZORRILLA, “El mito de Isabel de Castilla… p. 174. También puede verse el criptomonarquismo del régimen franquista al invocar como ejemplo a una reina…
  6. Ibídem, p. 176.
  7. Ibídem, p. 178.
  8. Ibídem, pp. 178 -179.
  9. AZCONA, Tarsicio, Isabel la Católica. Estudio critico de su vida y su reinado, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1993.
  10. E. Maza Zorrilla, “El mito de Isabel de Castilla…”, p. 185.

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