De una simple picadura de garrapata, a la muerte

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Cualquier persona que haya tenido un mínimo contacto con la naturaleza ha, al menos, oído hablar de las garrapatas, que se enganchan con su boca a la piel y hay que tener cuidado al quitarlas para que no se quede la mandíbula dentro de nuestro cuerpo. Pero este pequeño artrópodo esconde un terrible peligro…

Ixodoidea es el nombre de una superfamilia (incluye a las familias Ixodidae, Argasidae y Nuttalliellidae) de ácaros, diminutos artrópodos de ocho patas, conocidos comúnmente como garrapatas. Su forma de vida se basa en alimentarse de sangre, por lo que se les denomina ectoparásitos hematófagos, siendo vectores de importantes enfermedades infecciosas en animales. La única familia que ataca a los seres humanos es Ixodidae, puesto que Argasidae solo ataca a aves; aunque la única especie de Nuttelliellidae (Nuttalliella namaqua) ataca a cualquier animal que se le acerque (mamíferos, aves y reptiles).

Las garrapatas tienen una anatomía muy simple, dividida en dos partes claramente diferenciadas. El gnatosoma o cabeza y el idiosoma o cuerpo, que incluye cuatro pares de patas. La cabeza incluye el aparato bucal y el prosoma, que presenta el hipostoma (estructura llena de dientes con la que se fija al cuerpo del hospedador), los pedipalpos (con función sensorial) y los quelíceros (con los que perforan y cortan la piel).

Estos ácaros pueden esperar durante meses la llegada de un hospedador, pues se requiere del contacto directo para poder atacarle. Una vez la garrapata encuentra el lugar adecuado para alimentarse, perfora la piel con los quelíceros y el hipostoma, desgarrando los vasos sanguíneos y provocando una hemorragia. Mientras se alimentan, introducen su saliva para provocar una respuesta inflamatoria del hospedador que les proporcione más sangre; es en ese momento cuando transmiten los diferentes virus o bacterias que portan, como vectores. A partir de ahí, segregan un cemento alrededor de su aparato bucal, con el cual se fijan fuertemente a su hospedador.

La picadura de la garrapata no dura mucho tiempo, pues, una vez se ha llenado el ácaro de sangre, se suelta (en pocos días). También es importante tener en cuenta que la gran mayoría de las picaduras no transmiten ningún tipo de enfermedad, o ni siquiera llega a percibirse. Una vez visualizada una garrapata en nuestro cuerpo, debe retirarse lo antes posible, pero de forma totalmente controlada. El uso de remedios tradicionales no ayuda si pretendemos no contagiarnos de las enfermedades, pues con aceite o alcohol únicamente se va a conseguir la asfixia de la garrapata y que suelte todo su contenido interno en nuestro cuerpo, junto con todos los agentes infecciosos. Jamás se debe intentar extraer al artrópodo con los dedos, pues será aplastado y expulsará dentro de nosotros todo lo que tenga dentro. La forma correcta de extracción de la garrapata es sujetando con unas pinzas muy finas el aparato bucal y tirando lenta, pero progresivamente. Si quedara alguna parte del aparato dentro de nuestro cuerpo habría que extraerlo con bisturí o dejar que fuera expulsado de forma natural.

Por lo tanto, tras la picadura de una garrapata estamos expuestos a ser infectados por enfermedades de elevada peligrosidad, destacando la denominada como enfermedad o borreliosos de Lyme. Esta enfermedad está causada por bacterias espiroquetas del género Borrelia, las cuales son transmitidas a los humanos desde otros reservorios animales (generalmente roedores) por garrapatas del género Ixodes. En el caso de Europa, es una enfermedad endémica donde hasta el 27% de la población de la zona central y este ha sufrido la borreliosis, aunque sea de forma asintomática. En América del Norte es menos prevalente, teniendo porcentajes del 1% de la población afectada en México.

Para que ocurra la trasmisión de la enfermedad, la garrapata debe permanecer fija a su hospedador al menos durante 36 horas, puesto que Borrelia es un grupo de bacterias gram-negativas anaerobias y necesita de un mínimo de esas horas para viajar desde el estómago de la garrapata hasta su aparato bucal.

La enfermedad pasa por diferentes etapas. Durante las dos primeras semanas, se produce una erupción cutánea en forma de ojo de unos 15 cm de diámetro, con la zona de la picadura oscura y la zona del borde de avance de la bacteria también oscura; en esos días el individuo sufre fiebre, malestar y cansancio. Posteriormente, durante semanas y meses, la bacteria afecta al corazón, provocando desde un simple dolor torácico hasta el fallo cardíaco, al sistema músculo-esquelético, con dolores articulares fuertes, y al sistema nervioso, con meningitis, parálisis facial o ataxia cerebral, provocando, en los pacientes, alucinaciones, dificultad en el habla, incapacidad de movimiento coordinado y visión borrosa. Tras varios meses e incluso años de haber sido infectado por la bacteria, el individuo desarrolla artritis en las rodillas y en la cadera, junto con daños cerebrales de diversa consideración, con problemas muy graves a nivel neuronal. Si la enfermedad no es tratada con antibióticos y el individuo sobrevive a los daños cardiacos y neurológicos, la enfermedad puede llegar a ser crónica.

Por lo tanto, queda claro que a la mínima sospecha de estar sufriendo el ataque de una garrapata debemos asistir al médico, pues será la única forma de evitar graves problemas derivados de los peligrosos microorganismos que este ácaro va a ser capaz de transmitirnos.

 

“La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera”.

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Jorge Poveda es Doctor en Agrobiotecnología y Graduado en Biología. Trabaja en una empresa dedicada a la cría a nivel industrial de insectos con fines de alimentación. Además, colabora en labores de investigación en el estudio de las interacciones planta-microorganismo. Entre sus campos de interés, destacan la biotecnología, la agricultura, la alimentación, la microbiología, la entomología y la divulgación científica en general, dentro de los cuales presenta una variada formación, destacando un Máster Universitario en Agrobiotecnología, un Máster Europeo en Calidad y Seguridad Alimentaria, o diferentes Posgrados de Experto y Especialista Universitario, en Biotecnología Alimentaria, en Entomología Aplicada, en Diagnóstico Molecular Ambiental y en Redacción Científica.

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