Origen de las poblaciones amerindias

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¿Cuál fue el origen de los pobladores de la América precolonial? ¿Cuándo se instalaron? ¿Cómo llegaron allí? Todas estas preguntas siguen hoy sin respuesta, aunque con el paso del tiempo se han ido ideando hipótesis que cada vez han tenido más peso. Estas cuestiones no surgen en la actualidad, sino que se vienen planteando desde la entrada de Colón al nuevo continente, de modo que las respuestas se llevan buscando desde ese mismo momento. Así pues, Colón, un hombre profundamente creyente, situó tras su tercer viaje, el paraíso bíblico en la Orinoquia, insinuando así el origen de la humanidad en dicho territorio.

Los mayores conocedores de los indígenas en esta época eran los religiosos españoles, quienes trataron de conocer su origen por medio de relatos bíblicos, pero el diluvio universal acababa con la posibilidad de ir más lejos en el rastreo genealógico. Por ello, se llegó a identificar a los hijos de Noé como progenitores de los pueblos precolombinos.

A los antiguos pobladores de América se les llegó a otorgar un origen hispánico basado en el rey mitológico Héspero. Según la teoría del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, las islas barlovento correspondía con las antiguas Hespérides, estableciendo así la conexión entre España y América. Por otro lado, fray Tomás de Maluenda también situaba el origen de las poblaciones amerindias en los españoles, quienes habrían aprovechado el continente denominado Atlántida para salvar el Atlántico; según su teoría, esto habría sido durante el reinado de Osiris en Egipto. Otro foco que se planteó fue el egipcio por sus similitudes en cuanto a arquitectura y cultura. Esta teoría tuvo mucho peso de la mano de Brockwell, quien situó una supuesta civilización heliolítica que llegó a través del continente asiático a América, implantando sus costumbres en el nuevo continente.

Más tarde un autor de origen noruego, Thor Heyerdahl, retomó la idea de una posible descendencia proveniente de los egipcios. Dicha teoría la trató de demostrar empíricamente por medio de dos explotaciones oceánicas: la primera la realizó con la Ra I, una embarcación construida mediante juncos, que se lanzó al océano en 1969. La travesía de 55 días recorrió 2720 millas, pero al llegar a 500 millas al este de Barbados la embarcación fue abandonada y no pudo terminar su recorrido interoceánico. Al año siguiente, volvió a intentarlo con una segunda embarcación que denominó Ra II; con ella esta vez sí que consiguió llegar hasta las costas de Barbados. Ambos barcos fueron realizados según lo habrían hecho los antiguos egipcios, por ello lo único que utilizaron para navegar fueron las corrientes oceánicas. Su exitoso experimento tuvo más trascendencia de la que en un primer momento se esperó, puesto que hizo pensar en la posibilidad de viajes interoceánicos en la antigüedad realizados por otras civilizaciones más avanzadas en el arte de la navegación como el caso de los fenicios, romanos o árabes. Estas teorías de procedencia egipcia para los pobladores amerindios no tienen mucho peso en la actualidad, ya que se explotan otras posibilidades más verosímiles, como se podrá ver más adelante.

A raíz de pensadores como Voltaire, se comenzó a plantear la posibilidad de que el hombre americano se hubiese formado directamente en dicho continente. El planteamiento de Voltaire por ejemplo era el siguiente: si se había formado vida en África o Europa, ¿por qué no iba a poder crearse en América? A través de este planteamiento lógico comenzaron a surgir pruebas que situaban en el territorio a hombres prehistóricos, pero que en muchos casos fueron falsas. A pesar de ello, se consiguió rastrear la huella humana más antigua en el continente, situándola hace aproximadamente trece mil años.

También se baraja otra periodización, establecida hace aproximadamente cuarenta mil años. La gran mayoría de autores discrepan con esta última y le dan mayor validez a la primera. También se sabe que las poblaciones del sur son posteriores a las de norte, por ello se piensa que la colonización que realizó el Homo Sapiens fue de norte a sur a través del istmo de Panamá. Según los artefactos encontrados en los yacimientos, nos encontraríamos ante culturas poco avanzadas propias del paleolítico del viejo continente, por lo que la supervivencia en lugares de pocos recursos es difícil, descartando también las posibles teorías de travesías interoceánicas. Con estos datos sobre la mesa, se concluye la posibilidad de que se trate de culturas muy primitivas que pudieron penetrar en el continente durante la glaciación Wisconsin por el estrecho de Bering.

Aunque estas teorías no han sido demostradas al cien por cien, sí es cierto que son las que más peso tienen en la actualidad, situando el paso de Bering como puente entre el continente eurasiático y el americano. Se tiene muy en cuenta el estrecho de Bering por sus medidas, puesto que tiene una profundidad de solo 100 metros y una extensión de 90 kilómetros, durante el periodo glaciar denominado Wisconsin, periodo en el que el mar descendió unos 200 metros, por lo que la profundidad quedó salvada. Además, existen varias islas en el centro que en caso de haber mayor nivel del mar hubiesen ayudado a agilizar la travesía.

Con toda esta información se podría decir que el misterio está resuelto, en cierto modo es así, pero no hay que olvidarse que esto sólo daría respuesta a la presencia de pobladores asiáticos en el continente americano. Pero la realidad es que existieron hasta once tipologías de indios cuya diferencia somática es imposible de explicar por razones medioambientales. Tampoco se pueden explicar las ciento diecisiete lenguas diferentes que se podían encontrar según Loukotka o las noventa que presentaba Swadesh. Todas estas pegas son las que traen de cabeza a los autores y que provocan que no se pueda saber con exactitud cómo, ni en qué momento, el hombre llegó o apareció en el continente americano.

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