El parásito que mató a un emperador

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Con el sobrenombre de “el César” es como solía conocerse a Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, hombre más poderoso del mundo en su momento, al reinar, por primera vez, sobre España (coronas de Castilla y Aragón, junto con el reino de Navarra) y recibir el trono imperial como nieto de Maximiliano I Habsburgo. Nació en Gante en el año 1500, hijo de Juana I de Castilla (hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los Reyes Católicos) y Felipe IV de Borgoña “el Hermoso” (hijo de Maximiliano I y María de Borgoña). Murió en el año 1558 en Cuacos de Yuste debido a una enfermedad que, en ese momento, era endémica de la zona de La Vera: la malaria.

El paludismo (en latín “enfermedad de la ciénaga”) o malaria (en italiano antiguo “mal aire”) es la principal enfermedad debilitante a nivel mundial, provocada por parásitos del género Plasmodium (P. falciparum, P. malariae, P. vivax, P. knowlesi y P. ovale). Es una enfermedad que ha acompañado al hombre desde el propio origen de nuestra especie pero que, hasta 1880, se desconocía totalmente su origen, cuando el médico militar Charles Louis Laveran describió organismos viviendo en el interior de los glóbulos rojos de personas con malaria, razón por la cual recibió el Premio Nobel de Medicina en 1907.

La transmisión del parásito de persona a persona es llevada a cabo por mosquitos hembra del género Anopheles, aunque puede ocurrir transmisión por transfusiones sanguíneas o vía placentaria. El ciclo de vida del pequeño parásito comienza con los denominados esporozoitos, que se reproducen de forma asexual y viven en las glándulas salivares de las hembras de mosquito infectadas. Una vez se alimentan de la sangre del hospedador humano, los esporozoitos viajan por el torrente sanguíneo hasta el hígado, donde se introducen en las células hepáticas y comienzan a dividirse rápida y masivamente para formar los denominados como merozoítos. Esta nueva forma del parásito se introduce en la sangre e infecta los glóbulos rojos, introduciéndose en ellos y multiplicándose de nuevo de forma asexual, de manera tan masiva que revientan y destruyen toda célula infectada. Posteriormente, algunos de estos merozoítos formarán los gametos masculinos y femeninos que el mosquito consumirá al picar al humano infectado, los cuales se fusionarán en su intestino formando un zigoto, que se dividirá de forma masiva para dar lugar a los esporozoitos, colonizadores de sus glándulas salivares.

Los síntomas de la enfermedad en humanos coinciden con la presencia del parásito en los glóbulos rojos. Cuando este tipo de células se rompen liberan al torrente sanguíneo una serie de sustancias que el hipotálamo reconoce, disparando respuestas febriles de elevada intensidad pero corta duración. Episodio tras episodio de fiebre, el individuo se va debilitando cada vez más, hasta su muerte, en ausencia de tratamiento.

La forma en que Carlos I fue contagiado de la enfermedad se debe al verano extremadamente caluroso y húmedo que acaeció en la sierra extremeña ese año, aumentando enormemente la población de mosquitos transmisores. Una tarde de agosto un mosquito se alimenta de la sangre del emperador y, en escasas semanas de purgas y sangrías inútiles, fallece entre fiebres, delirios y enorme debilidad física.

En la actualidad, las muertes anuales a nivel mundial se encuentran alrededor siempre del millón de personas, de las cuales el porcentaje más elevado lo representan niños en zonas endémicas de África. En España, la enfermedad se conoció siempre bajo el nombre de “tercianas”, pues se sufren sucesivas fiebres de 3 días de duración. En 1964 se declaró al territorio español como libre de malaria, aunque año tras año se diagnostican casos dentro del país, debido a turistas e inmigrantes de zonas endémicas.

Los esfuerzos por erradicar la enfermedad deben centrarse en la cooperación internacional en las zonas de conflicto donde la enfermedad continúa siendo endémica, por ello la Organización Mundial de la Salud (OMS) fija la denominada como Estrategia Técnica Mundial contra la Malaria 2016-2030, con la cual pretende reducir la incidencia y mortandad por la enfermedad en un 90%, eliminarla en, al menos, 35 países y evitar su restablecimiento en los países liberados de ella.

 

“La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera”.

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Jorge Poveda es Doctor en Agrobiotecnología y Graduado en Biología. Trabaja en una empresa dedicada a la cría a nivel industrial de insectos con fines de alimentación. Además, colabora en labores de investigación en el estudio de las interacciones planta-microorganismo. Entre sus campos de interés, destacan la biotecnología, la agricultura, la alimentación, la microbiología, la entomología y la divulgación científica en general, dentro de los cuales presenta una variada formación, destacando un Máster Universitario en Agrobiotecnología, un Máster Europeo en Calidad y Seguridad Alimentaria, o diferentes Posgrados de Experto y Especialista Universitario, en Biotecnología Alimentaria, en Entomología Aplicada, en Diagnóstico Molecular Ambiental y en Redacción Científica.

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