Rota y Gibraltar

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Lo que fue Gibraltar desde el punto de vista estratégico militar dejó de ser una realidad hace bastante tiempo. El proceso de ingreso de España en la Alianza Atlántica y en la Unión Europea constituyó inicialmente una ventaja para la diplomacia británica que consiguió que el Gobierno de España pusiera fin al aislamiento que sufría Gibraltar desde 1969. Un cierre éste que acabó ahogando a la economía gibraltareña, que solo pudo sobrevivir gracias al subsidio militar británico, pero que destrozó igualmente la economía de su entorno español, sobre todo la de la ciudad de La Línea, que redujo sensiblemente su población y que no recibió nunca la compensación prometida.

Pero con el paso del tiempo y la conformación de una sociedad democrática, próspera y económicamente relevante, además de comprometida cada vez más en los campos de la seguridad y la defensa hasta convertir a España en el primer contribuyente en las operaciones internacionales lideradas por la UE, este país adquirió una relevancia que le ha convertido en la cuarta potencia europea. Son otros tiempos y su posición en la economía global, pese a la crisis, sitúa a España en otra posición bien distinta de aquella.

Exposición del objetivo de las MILEX-18. (Foto: L.R.)

La decisión británica de abandonar la UE, adoptada previo referéndum, tendrá consecuencias en todos los terrenos, incluido el de la Seguridad. La salida del Reino Unido, por obra y gracia del Brexit, supone que la UE pierde a un pilar fundamental de su esquema de seguridad, sin duda. Pierde además a un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pierde a una potencia estratégicamente relevante, pierde también a un socio que en el pasado y en el presente ha conformado una de las Marinas más potentes y mejor adiestradas del mundo, que incluye su flota de submarinos nucleares estratégicos y de ataque que, junto a las capacidades francesas, suponían la reserva de disuasión nuclear de la UE.

Sin embargo, con su marcha, la UE también suelta lastre del país que con más ahínco se ha opuesto a que la Política Común de Seguridad y Defensa adquiriera un rol algo más que simbólico. El Reino Unido se ha empleado a fondo para que los aspectos de seguridad no prosperaran al nivel que lo han hecho otros de la política comunitaria y ha mantenido, a macha martillo, la idea de que los asuntos de Seguridad eran cosa de la OTAN.

Infantes de Marina embarcando en un ‘Chinook’ desde el “Juan Carlos I” (Foto: L.R.)

A todo esto, y en lo que concierne a España, el Reino Unido ha jugado siempre a debilitarla geoestratégicamente en su punto más relevante: el estrecho de Gibraltar. La presencia británica en el Peñón ha sido en el pasado una especie de anuncio luminoso que proclamaba a los cuatro vientos que ellos, y solo ellos, eran quienes garantizaban un paso libre y seguro por esta angostura tan importante para el tránsito de todo tipo de comercio y especialmente para acortar el viaje hasta y desde el Golfo Pérsico y el Océano Índico.

Pero, con el paso del tiempo, España ha ido adquiriendo una idea propia de cuáles son sus intereses y se ha colocado entre los países que con más claridad defienden una UE fuerte y consolidada, en la cual una vertiente de Seguridad se ha ido imponiendo como esencial para poder ser considerada en el concierto internacional, ante la evidencia de que esa vertiente resulta imprescindible para hacer valer su voz y su opinión en cualquiera que sea el asunto que se negocie o se discuta en todas las esquinas del planeta.

La aportación de España a la seguridad europea y occidental, con su innegable visión marítima, se ha ido incrementando sin prisa pero sin pausa y, hoy, el estrecho de Gibraltar, el punto geoestratégico más relevante de nuestra piel de toro, está cubierto por cinco sistemas de control y seguridad, redundantes en ocasiones, y con él como centro se ha elaborado el único plan de seguridad que tiene una zona geográfica como referente: el Plan MARES.

Dos ‘Harrier’ en la plataforma de vuelo del “Juan Carlos I” en aguas de la Bahía de Cádiz. (Foto: L.R.)

Y en esta configuración de la seguridad cercana, pero con proyección global, la base aeronaval de Rota tiene una muy considerable relevancia. Tanta que hasta los Estados Unidos la han convertido en su más importante punto de apoyo en el sur de Europa, si le sumamos la cercana base aérea de Morón, que hace de binomio inseparable y complementario de aquella.

Pero, además, Rota va a convertirse en breve, según todos los indicios y tras el ejercicio de certificación MILEX-18, en una base estratégica de la UE y en Cuartel General Operacional de la Operación ATALANTA que, hasta el momento, ha sido dirigida desde la base británica de Northwood durante una década. El abandono del RU de la UE traerá consigo que este país deje, lógicamente, de contar con esa ventaja político estratégica en el seno de la política europea de Seguridad y Defensa, en la que por otra parte nunca ha creído.

Y, además, confirmará a Rota como la base estratégicamente más relevante de España y posiblemente de todo el Mediterráneo Occidental, con evidente proyección hacia el norte de África, aunque en realidad se encuentra en el Atlántico, pero a escasas millas de aquél. Como una imagen vale más que mil palabras, durante los ejercicios MILEX-18, todo el que asistió a su desarrollo pudo observar como en los muelles contiguos al que utilizaba el buque de proyección estratégica ‘Juan Carlos I’ se encontraban atracados, además de media docena de buques de la Armada española, dos destructores norteamericanos (uno de la clase Ticonderoga y otro de la clase Arleigh Burke) y una fragata alemana. Como consecuencia de todo esto, Gibraltar cada vez más quedará como un reducto pero que ya no es ni una imagen lejana de lo que fue.

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