Elefantiasis: la enfermedad que transforma a los hombres en ‘elefantes’

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Hagamos un esfuerzo imaginativo e intentemos visualizar un hombre cuyas extremidades se van hinchando tanto que terminan pareciendo las enormes patas de un elefante. Pero no sólo eso, imaginemos que este proceso de inflamación extrema se desplaza hacia otras zonas del cuerpo, como pueden ser los testículos. Las gónadas masculinas llegarán a crecer tanto que el individuo podrá sentarse sobre sus propias gónadas y será incapaz de caminar sin la ayuda de alguien que desplace sus hipertrofiadas ‘partes’ con la ayuda de una carretilla (sorprendente, pero totalmente real). Estos síntomas no son resultado de un proceso imaginativo, sino de una enfermedad parasitaria denominada como elefantiasis o filariasis linfática.

Esta enfermedad es el resultado de la colonización de nuestro cuerpo por parte de unos diminutos gusanos (denominados nematodos) de la familia Filarioidea, concretamente Wuchereria bancrofti (causante del 90% de los casos), Brugia malayi y B. timori. Cuando estos gusanos son adultos se desplazan a nuestros vasos linfáticos, modificando todo el normal funcionamiento del sistema linfático (encargado de mantener un correcto equilibrio de fluidos por todo el cuerpo). A lo largo de su vida (hasta 8 años), estos gusanos adultos están continuamente reproduciéndose y formando diminutas larvas (microfilarias) que viven en la sangre. La transmisión de estos parásitos es provocada por mosquitos (Culex, Anopheles y Aedes), cuando se alimentan de la sangre de un individuo enfermo recogiendo las microfilarias, y posteriormente se alimentan de un individuo sano, introduciéndole las larvas, que han madurado en su interior, en los vasos linfáticos.

La elefantiasis es una enfermedad principalmente de climas tropicales que suele comenzar cuando los individuos aún son unos niños, aunque los síntomas comiencen a manifestarse mucho más tarde (si llegan a hacerlo), siendo muy dolorosos y desfigurantes. La afectación masiva del sistema linfático provoca la masiva acumulación de líquidos (principalmente linfa) en los tejidos o linfedema, siendo muy característico el enorme engrosamiento de las extremidades o la afectación de las mamas en mujeres y de los testículos en los hombres. Es una enfermedad que no sólo produce discapacidad de movimiento, sino que estigmatiza socialmente a quienes la sufren, provocando aislamiento y pobreza, al no poder conseguir un trabajo y dispararse los gastos médicos derivados de la enfermedad. Además, la enfermedad crónica afecta de forma muy pronunciada al sistema inmunitario del enfermo, al estar el cuerpo continuamente intentando acabar con el parásito, produciendo un debilitamiento que no cesa.

A día de hoy existen 52 países con 856 millones de personas susceptibles de ser infectadas por el parásito, habiendo diagnosticadas con la enfermedad crónica unos 36 millones de personas. Estos datos hicieron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) crear en el año 2000 el Programa Mundial para Eliminar la Filariasis Linfática (PMEFL), con el fin de erradicar totalmente la enfermedad en el año 2020. Sus estrategias de acción se basan en el tratamiento preventivo contra la enfermedad a gran escala, para evitar la propagación, e intentar prevenir la discapacidad de todos los afectados (por cirugía). El tratamiento se basa en dos medicamentos anuales con bajo efecto sobre los gusanos presentes en el sistema linfático, pero muy efectivos contra las pequeñas larvas que viven en la sangre, el albendazol y la ivermectina. La efectividad de la estrategia llevada a cabo por la OMS se plasma en la reducción del número de países donde la enfermedad era endémica, de 81 en el año 2000, a los 52 países actuales.

Esta enfermedad parece ir de la mano de la pobreza, no sólo por los lugares donde podemos encontrarla, sino también por los problemas personales que produce. Esto ha provocado que las investigaciones privadas no encuentren ninguna rentabilidad en su estudio, ¿para qué crear un medicamento que nadie puede comprar? Pero no debemos olvidar que todos los seres humanos tenemos derecho a la salud y que el lugar donde se nace no puede condicionar eso. Por otro lado, si no desaparece el parásito, ¿quién puede asegurar que, con las consecuencias del cambio climático, no llegará un día en que encontremos la enfermedad en países donde hoy es imposible imaginarla?

 

“La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera”.

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Jorge Poveda es Doctor en Agrobiotecnología y Graduado en Biología. Trabaja en una empresa dedicada a la cría a nivel industrial de insectos con fines de alimentación. Además, colabora en labores de investigación en el estudio de las interacciones planta-microorganismo. Entre sus campos de interés, destacan la biotecnología, la agricultura, la alimentación, la microbiología, la entomología y la divulgación científica en general, dentro de los cuales presenta una variada formación, destacando un Máster Universitario en Agrobiotecnología, un Máster Europeo en Calidad y Seguridad Alimentaria, o diferentes Posgrados de Experto y Especialista Universitario, en Biotecnología Alimentaria, en Entomología Aplicada, en Diagnóstico Molecular Ambiental y en Redacción Científica.

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