Aceptación y dejar ir: Claves para poder crecer

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En relación con la aceptación, decía el filósofo griego Epicteto, “la felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control, y otras no. Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior”.

Las personas podemos controlar algunas cosas y otras no, y buena parte de nuestro bienestar puede estar en juego en función de cómo reaccionamos ante aquellas que no. En diferentes escuelas de terapia actuales basadas en evidencia empírica como son las Terapias de Tercera Generación lo tienen muy claro y cada vez se da más relevancia al concepto de la Aceptación radical.

aceptar el pasadoA lo largo de la vida todos hemos experimentado situaciones dolorosas, hemos sufrido pérdidas o nos han hecho daño. Los seres humanos estamos aprendiendo constantemente, de manera más o menos consciente, y haber tenido una mala experiencia en el trabajo o en una relación amorosa puede hacer que una parte de nosotros ante un nuevo empleo o al conocer a alguien con quien podríamos empezar una nueva relación, aparezcan secuelas de experiencias previas. Estas secuelas pueden ser el miedo a fracasar, a volver a sufrir, pensamientos temerosos, emociones o sensaciones físicas como tensión muscular o hiperventilación.

Aceptar radicalmente nuestra historia, implica también aceptar estas secuelas que pueden presentarse más adelante, en nuestro presente. Así, en muchas ocasiones uno puede ver cómo, sin saber por qué, le vienen pensamientos o emociones que socialmente se clasifican como negativas. Utilizo el término “socialmente”, porque el pensamiento o emoción en sí, no es más que eso, un pensamiento o una emoción, ni positivo ni negativo. Y hablamos de “socialmente” también dado que existe la creencia de que los pensamientos positivos son sinónimo de salud y normalidad y que estar nervioso o tener pensamientos desagradables, significa que algo falla. Nada más lejos de la realidad, significa que estamos vivos, que tenemos una historia personal y que nuestro organismo funciona perfectamente.

El problema de la lucha

El problema aparece precisamente cuando nos tomamos estos pensamientos o emociones como un problema a solucionar, que algo falla. ¿Por qué siento que no seré capaz de conseguirlo? Probablemente las respuestas que nos dé la mente sean situaciones de nuestra vida en las que no hemos logrado cosas, nos hemos sentido diferentes o apartados. Pensar en todo ello, buscando la razón, probablemente despierte más pensamientos y emociones negativas, puesto que los seres humanos cuando pensamos, sentimos, y cuando sentimos, pensamos. Esta lucha, este justificarse, buscar razones (esperando encontrar el quid de la cuestión con el qué solucionar el problema), resistirse a lo que podemos sentir tanto fuera como dentro de nosotros mismos, evitar… suele hacer, por lo tanto, que el sufrimiento se mantenga e incluso aumente.

La aceptación como alternativa no significa que se tenga que aceptar lo sucedido, ni que tenga uno que desear o gustarle cosas de su historia, o pensamientos y emociones negativas, o adoptar una actitud de victimismo o resignación. La aceptación radical implica permitir que eso esté ahí, aunque no guste, pero permitirle estar ahí. Permitirle estar ahí significa que, cuando aparece un pensamiento o emoción desagradable, no entremos en esa lucha que lo mantiene o aumenta; para dejarlo estar y, con ello, empezar a soltar, dejarlo ir.

Aceptar y dejar ir 

Aceptación radical significa decirse sí a uno mismo, al 100%. Decir sí a quienes somos, quien nos ha hecho nuestra historia personal previa y a esas secuelas que nos ha dejado a día de hoy. Decir sí a la parte más valiente y a la más temerosa, a la más optimista y a la más pesimista. Decirle sí a todo eso, es poder liberar las manos de la necesidad de cambiar cosas que, desgraciadamente, no van a cambiar, para ponerlas en aquello que quieres cultivar en tu vida, en lo verdaderamente importante. No se puede desaprender ni borrar el pasado, pero sí se pueden aprender alternativas, nuevas experiencias en la que un trabajo o una relación han funcionado de otra manera; en gran parte, lo que los neurocientíficos llaman plasticidad neuronal. Una buena manera de practicar esta aceptación es mediante el Mindfulness. Se da la paradoja que, decía el conocido psicólogo Carl Rogers, “la curiosa paradoja es que solo puedo cambiar cuando me acepto a mí mismo tal y como soy”.

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