La batalla de Trafalgar

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La batalla de Trafalgar fue, sin lugar a dudas, la batalla naval más decisiva por el control del Atlántico. Consolidó a Inglaterra como primera potencia naval y condicionó la política imperial de Napoleón Bonaparte.

A comienzos del siglo XIX, Napoleón dominaba Europa y planeaba la invasión a Gran Bretaña. Para ello, era necesario controlar el Canal de la Mancha neutralizando o destruyendo la poderosa armada inglesa. La flota francesa estaba muy lejos de poder plantar batalla a la inglesa, por ello, Napoleón necesitaba la armada de su vecino y aliado, el reino de España, pues era la segunda flota más poderosa por detrás de la británica. En virtud a los tratados de San Ildefonso, firmados entre España y Francia en 1796 y 1800, España quedaba obligada a contribuir económicamente en las guerras del emperador Napoleón, así como poner a su disposición la Armada para combatir a los ingleses.

En un primer momento, el plan de Napoleón era el de distraer a la armada inglesa con un ataque conjunto contra sus posesiones en el Caribe, de este modo, alejaría la armada inglesa del Canal de la Mancha mientras perpetraba la invasión cruzando el canal con su ejército.

Horatio Nelson

La flota combinada logró su objetivo y atrajo a la flota británica capitaneada por Horatio Nelson en junio de 1805. Con la llegada de la flota británica, la armada franco-española partió a las costas francesas del Atlántico. Sin embargo, el 22 de julio, al llegar a las costas gallegas, se encontró con la flota inglesa del almirante Robert Calder, con consecuencias desastrosas para los franceses. Ante esta situación, el vicealmirante Villeneuve, que se encontraba al mando de la flota francesa, decidió reparar los daños en El Ferrol y poner rumbo a Cádiz con el fin de proteger los barcos, temeroso de un nuevo ataque británico. A Cádiz también llegó Nelson, que tomó el mando del bloqueo que sufría Cádiz desde que la flota de Villeneuve se refugió en el puerto.

Villeneuve

La flota franco-española tuvo que hacerse a la mar por la presión del emperador, que urgía a la flota a remontar hasta puertos franceses del Canal de la Mancha. El buque insignia de la flota, el Bucentaure, salió de Cádiz la mañana del 20 de octubre. La armada combinada contaba con 27.000 hombres y estaba compuesta por un total de 33 navíos de línea, de los cuales 18 eran franceses y 15 españoles. Entre la armada española se encontraba  el mayor barco de guerra del mundo, el Santísima Trinidad, con 138 cañones y cuatro cubiertas de artillería.

A pesar del elevado número de hombres, cabría mencionar que su eficacia era más teórica que práctica. Aparte de que los barcos franceses iban escasos de hombres, los navíos españoles, aunque compensaban la merma de marineros franceses, contaban con marineros que carecían de experiencia, pues fueron reclutados por la obligada leva tras la fiebre amarilla que asoló Andalucía a comienzos de siglo. Por su parte, la flota británica estaba compuesta por 27 navíos de línea, cuatro fragatas y cerca de 18.000 hombres; además, contaba con un cuadro de oficiales experimentados.

Al salir del puerto gaditano el conflicto parecía inevitable y ambas flotas se dispusieron para el combate. El 21 de octubre comienza la batalla. Nelson enardeció a sus hombres con la célebre frase: “Inglaterra espera que todo hombre cumpla con su deber”. Colocó su flota en dos columnas y avanzó contra el enemigo con la intención de cortar el centro y la retaguardia enemiga.

El barco Victory, capitaneado por Nelson, encabezó el ataque de su columna contra el buque insignia francés, el Bucentaure, el cual se encontraba apoyado por el Redoutable, el San Agustín y el Santísima Trinidad. Nelson vio cortado el acceso al Bucentaure al interponerse el Santísima Trinidad, por lo que decidió  atacar el Redoutable. Durante este combate Nelson resultó mortalmente herido.

El Redoutable tuvo que rendirse al ser acribillado por los barcos ingleses que contaban con tres puentes de artillería, muy superior al del francés. Tras esta rendición también cayó el Bucentaure  en manos británicas. De este modo, la armada británica lograba el objetivo de romper en dos la columna franco-española y los barcos San Agustín y Santísima Trinidad quedaron aislados y rodeados de navíos ingleses. Tras rechazar varios abordajes fueron tomados por los británicos. La columna encabezada por el Victory logró capturar cinco navíos enemigos.

La otra columna británica, comandada por Collingwood, con quince barcos, atacó al grupo dirigido por el español Federico Gravina. En este combate cabe destacar la andanada que sufrió el Royal Sovereign por parte del Santa Ana, que obligó al propio Collingwood a trasladarse a otro barco. Navíos como el San Juan de Nepomuceno y el Algeciras se rindieron, mientras otros como el Achille volaron por los aires.

Al atardecer el combate ya estaba acabado. Los británicos capturaron 17 navíos y no perdieron ninguno, si bien es cierto que muchos de ellos sufrieron daños importantes. A pesar de todos los barcos capturados, muchos se perdieron. Un ejemplo de ello es el Santísima Trinidad que, tras ser capturado, se hundió durante la travesía a puertos ingleses. Sólo lograron conservar cuatro.

Con respecto a las bajas humanas, los británicos perdieron cerca de 2.000 hombres, aunque, sin duda, la gran pérdida fue la muerte del marinero más prestigioso de la armada británica: Horatio Nelson.

Federico Gravina

Por su parte, la flota aliada en la huida, tras la derrota en Trafalgar, sufrió un fuerte temporal que agravó aún más la desastrosa situación. La flota perdió 19 navíos (10 españoles y 9 franceses) y cerca de 7.000 hombres, además de la pérdida de un importante número de oficiales como el Capitán General de la Real Armada Española, Federico Gravina (a consecuencia de las heridas), Damián Charruca, Louis Gabriel Denieport y Charles-René Magos, entre otros.

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