Trump: una nueva guerra fría tripolar

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Los meses de diciembre y enero fueron ricos en documentos y pronunciamientos estratégicos al otro lado del Atlántico. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) norteamericana, la inmediata Estrategia de Defensa Nacional (EDN), más la intervención del presidente Trump en la Cumbre de Davos y su discurso sobre el Estado de la Nación, han conformado un conjunto de referencias suficientes como para determinar de forma cristalina cuáles son los puntos clave de la administración norteamericana en temas de seguridad tras un año en la Casa Blanca.

Nada que no se supiera o se sospechara, pero no es lo mismo sacar conclusiones de declaraciones más o menos apresuradas e incluso desconcertantes, que leer el mismo posicionamiento en documentos trascendentes y oficiales.

El presidente Trump, en la Cumbre de Davos

Si algo hay en común en los documentos y declaraciones reseñadas más arriba es la permanente y reiterada afirmación, incluso en asuntos de seguridad, que los intereses norteamericanos son los que guían todas sus acciones y todos sus planteamientos, es decir, el ‘America first’ aplicado en su máxima expresión. Aunque existen intentos de suavizar en algún momento ese principio, lo que da a entender que ha habido varias plumas no precisamente coincidentes en la elaboración de esos documentos, queda meridianamente claro que se pretende hacer tabla rasa de lo que las anteriores administraciones hicieron (no solo la de Obama, también la de Bush hijo) en materia de seguridad internacional y más concretamente en materia de defensa.

Más dinero de los socios

Las descalificaciones reiteradas de lo hecho o de lo que no se hizo con anterioridad a su llegada al edificio de la avenida Pensilvania son constantes. Parece como si el gobierno norteamericano hubiera estado ocupado por agentes extranjeros infiltrados que no velaban por los intereses del país. Toda una paradoja, cuando quien está bajo la lupa del propio FBI, precisamente por eso, es el presidente Trump.

En tres de los cuatro documentos de referencia se insiste en lo necesario que es que los países aliados de Europa inviertan más en seguridad e incluso concreta, en la EDN, la cantidad que considera deben alcanzar en sus presupuestos nacionales, que coincide con la que ya había planteado el secretario de Defensa en las reuniones en el seno de la Alianza. No deja de ser curioso que en un documento nacional se pongan deberes a otros países, además socios y aliados, nada menos que en cómo tienen que gastar sus presupuestos.

Aunque se había llegado a poner en duda, por algunas declaraciones del presidente, el compromiso norteamericano con respecto a sus aliados, la ESN afirma negro sobre blanco que Estados Unidos sigue comprometido con el artículo 5 del Tratado de Washington, nudo gordiano de la solidaridad aliada.

Para la administración Trump, sin embargo, China y Rusia, por este orden, protagonizan los principales desafíos a los que se enfrenta la seguridad de los Estados Unidos. En segundo lugar de sus preocupaciones se encuentran los que considera dictadores regionales que persisten en poseer armas de destrucción masiva (Corea del Norte e Irán) y, solo en tercer lugar, coloca a los terroristas yihadistas y a las organizaciones criminales trasnacionales.

Trump, con el secretario de Defensa y el vicepresidente

Sobre Rusia, la EDN señala que este país “busca destruir la OTAN” y “cambiar la seguridad europea”, a la vez que le acusa de utilizar medios subversivos para alcanzar sus objetivos. Sin embargo, resulta evidente que sus críticas a Rusia se dirigen más hacia su actuación al otro lado del Atlántico que a su posible actuación en el suelo patrio. Ni una palabra sobre eso, como ha destacado el profesor Miguel Ángel Benedicto, en un análisis para el Instituto Español de Estudios Estratégicos.

China y Rusia, principal prioridad

Sumando China a la ecuación, afirma el mismo documento que ambos países “pretenden socavar el orden internacional desde dentro del sistema”. A China le acusa de no jugar limpio en el tablero económico. “A largo plazo –afirma la EDN- la competición estratégica con China y Rusia es la principal prioridad”. Algunos analistas entienden este planteamiento como un resurgir de la guerra fría, pero con una tripolaridad en el tablero. Aunque olvidando quizás que el mundo ha cambiado sustancialmente desde 1991 y los actores internacionales han variado sustancialmente, incluso en su naturaleza.

Los cuatro intereses nacionales o cuatro pilares sobre los que construye su ESN, son: la protección de la patria, la promoción de la prosperidad de Estados Unidos (economía), la conservación de la paz mediante la fuerza y el incremento de la influencia de Estados Unidos en el mundo.

Tanto la ESN como la EDN (de este último, el resumen conocido, dado que el texto completo es considerado materia clasificada), son documentos que no llaman a engaño a nadie. Son claros, aunque en algún momento se contradicen a sí mismos y más concretamente son incompatibles con algunas decisiones adoptadas en estos once meses de mandato.

Hay tres regiones en el planeta que son consideradas clave y que así aparecen definidas en los documentos estratégicos: Indo-Pacífico, Europa y Oriente Medio. A ellas dedica su atención. Respecto de África, a la que apenas cita en unas líneas dado que no se encuentra entre sus zonas clave, confirmando un alejamiento de sus problemas y dejando el campo libre a potencias como China, apunta el reforzamiento de acuerdos bilaterales con países del continente, pero “para abordar las amenazas terroristas que afecten los intereses norteamericanos y contribuyan a los desafíos en Europa y Oriente Medio”. Para ello, trabajará con socios locales y de la Unión Europea.

Trump ha pedido, tanto en estos documentos como en el discurso sobre el Estado de la Nación del 30 de enero, más dinero para las Fuerzas Armadas. Ha planteado abiertamente la modernización de la tríada nuclear. En Davos anunció inversiones históricas para los ejércitos, mientras en la EDN se afirma textualmente que “el tamaño de la fuerza, importa”. Además, como argumento, este mismo documento señala que “no se puede esperar el éxito en el futuro con las armas y equipos del pasado”.

La proyección de la democracia y los derechos humanos ha desaparecido del discurso y de los documentos, claramente presentes en los de las anteriores administraciones. Aunque se ha definido la ESN de Trump como “realista basada en principios”, es evidente que lo primero pesa más que los segundos.

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