La Guerra de las Naranjas

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Tal día como hoy, de 1801, España declaraba la guerra a Portugal. Fue denominada la Guerra de las Naranjas.

A comienzos del siglo XIX las victorias francesas en Italia dejaban patente la hegemonía la Francia napoleónica. Los distintos países se fueron posicionando a favor o en contra de Francia en función de sus intereses, tratando de sacar tajada de la nueva situación política.

Los Reyes de España vieron la oportunidad de lograr una de las históricas pretensiones de la Corona: agrandar los dominios del ducado de Parma. España y Francia pactaron el engrandecimiento del ducado que tendría su reflejo en la creación del denominado Reino de Etruria. De este modo, España ligaba su futuro al de Napoleón.

Luciano Bonaparte
Manuel Godoy

Francia ansiaba desde hacía años acabar con la alianza entre Portugal e Inglaterra y pretendía aislar a Inglaterra del continente; para ello, España resultaba vital en sus planes. En diciembre de 1800 empezaron las negociaciones entre Luciano Bonaparte, hermano de Napoleón, que fue destinado como embajador en España, y Manuel Godoy, hombre de confianza de los reyes.

Pronto se llegó a un acuerdo firmado por la parte española el 6 de enero y ratificado el 29 de enero por la parte francesa. El acuerdo fue denominado “La Convención de Madrid”. Tras este tratado, Francia y España amenazaron a Don Juan con la declaración de guerra en 15 días si no cumplía dos condiciones:

  • La ruptura de relaciones con Inglaterra y el cierre de todos los puertos lusos a cualquier navío británico.
  • La concesión de permiso de ocupación militar por España de varias provincias  portuguesas como compensación por la toma de Trinidad, Malta y Mahón por parte de Inglaterra.

Tanto Francia como España eran conscientes de que ambas condiciones eran inaceptables para Portugal, por lo que la guerra estaba ya decidida.

Los motivos de Francia para la guerra eran bien sabidos (Portugal era el principal aliado de Inglaterra y prestaba el apoyo que los británicos necesitaban en el continente). España, por su parte, también tenía motivos para la guerra; en 1799, Portugal firma un tratado de alianza con Rusia (país con el que España estaba oficialmente en guerra) y los puertos portugueses actuaban de refugio para los navíos británicos que acosaban de continuo a los españoles. Además, Godoy, que estaría al mando del ejército aliado (ejército de España y 15.000 hombres franceses) como general en jefe, veía la ocasión de demostrar sus dotes militares.

A pesar del interés de Napoleón por invadir Portugal, la guerra se prolongaría varios meses con motivo de los acontecimientos que ocurrirán entre enero y febrero de 1801. Napoleón creía aún en las posibilidades de derrotar a Inglaterra en Egipto, además, el 8 de febrero Pitt cesó como premier británico, siendo sustituido por Addlington, más partidario de buscar una solución pactada al conflicto con Francia. Por otro lado, se produjo un acercamiento entre Francia y el Zar.

El 27 de febrero, según el periodo establecido en la Convención de Madrid, España declara la guerra a Portugal. Por esas fechas, la situación en Egipto empeoraba para los intereses de Napoleón, donde era evidente que el fracaso francés obligaría posteriormente al general Menou a capitular. Ya sólo se podían proseguir las hostilidades con Inglaterra atacando su aliado en el continente: Portugal.

El 3 de mayo Godoy abandona Madrid rumbo a Badajoz, donde se establecería el puesto de mando. La madrugada del 19 al 20, Godoy ordenó el avance a pesar de que aún no había llegado el grueso del ejército francés. La vanguardia del ejército español, al mando del marqués de Solana y cuatro divisiones (comandadas por Godoy a la cabeza, por su hermano Diego y el teniente general Francisco X. Negrete), marcharon dirección a Elvas. Otra división española mandada por el marqués de Castelar se dirigió a Olivenza (posesión portuguesa en aquellos tiempos).

Forte da Graça (Elvas).

La primera jornada no pudo ser más exitosa. Se logró sitiar Campo Mayor, Elvas y se ocupó Juromenha y Olivenza, esta última, según testimonios contemporáneos, “capituló sin haber disparado un fusilazo”. De hecho, la guerra solo duró dieciocho días. Esto se explica por la poca oposición por parte del ejercito luso que, dividido en tres frentes (en el Alentejo, al norte del Duero y otros acantonados en Estremoz) para evitar la entrada española tanto por el sur como por Galicia, estuvo más preocupado en realizar unas retiradas ordenadas, evitando cualquier batalla o confrontación directa con el ejército español que pudiera suponer su aniquilación total.

La denominación de esta guerra como “Guerra de las Naranjas” se debe al gesto que Godoy tuvo con los reyes de España: envió a los monarcas ramos de frutas de un naranjo arrancadas bajo fuego enemigo por unos soldados en el foso de Elvas. Mediante este gesto simbólico, Godoy pretendió dar cuenta de la heroicidad de sus tropas en el combate, algo que era frecuente en operaciones militares. Quizás esta guerra no tuvo nada de heroico, por la ausencia de una oposición fuerte y la rapidez en la solución del conflicto, pero sin duda, Godoy se distinguió por el respeto a su enemigo y a la población civil.

Manuel Godoy retratado tras la Guerra de las Naranjas. Autor: Francisco de Goya.

El desarrollo de la contienda permitía pensar en la toma de Lisboa y, según cartas del propio Godoy, ésa sería su idea. Sin embargo, terminó firmando el tratado de paz (Tratado de Badajoz) sin tomar Lisboa ni esperar directrices de los Bonaparte, por ello, algunos autores sostienen la idea de que tanto Godoy como Luciano Bonaparte obtuvieran una importante cantidad de dinero a cambio de la apresurada firma de la paz. No obstante, resulta más creíble la idea de que fuese fruto del deseo de Carlos IV de acabar la guerra lo más pronto posible y además siendo conocedor, como lo era Godoy, de la maltrecha situación tanto de la hacienda de la corona como de la situación del ejército español, que no resistiría una larga campaña.

Finalmente se firmó el tratado de Badajoz el 6 de junio, por el cual España se anexionaba a la región de Olivenza y los portugueses debían cerrar sus puertos a cualquier navío británico, además de pagar importantes cantidades de dinero para cubrir los gastos del conflicto.

Godoy presentando la Paz a Carlos IV.

A pesar de la victoria, Godoy se encontraría en una delicada situación al desatender las exigencias de Napoleón de no invadir Portugal en su totalidad. Godoy, consciente de su situación, temía y veía cada vez más probable una guerra contra la poderosa Francia.

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