La Orden de Isabel la Católica

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Orígenes y simbología

En 1808 tuvieron lugar en Francia las abdicaciones de Bayona donde, simultáneamente, Carlos IV y Fernando VII renunciaron a sus derechos al trono español en favor de Napoleón Bonaparte quien, a su vez, cedió sus derechos a su hermano José I Bonaparte. Los españoles, tanto peninsulares como los de las colonias americanas, no reconocían a José I como legítimo rey de España. Además, en el caso americano, hubieron de administrarse sin la dirección central del Imperio.

Dado los hechos, se proclamó la Constitución de 1812, según la cual, la soberanía dejaría de estar en la persona del rey para pertenecer a la nación y, por tanto, a todos los ciudadanos. Se estableció una división de poderes aboliendo el sistema político del Antiguo Régimen y, aunque la nación se contemplaba como católica, apostólica y romana, se abolió el Tribunal del Santo Oficio (instaurado por los Reyes Católicos). Mientras, los ciudadanos españoles de las Américas, proclamarían su independencia de la metrópoli como respuesta al abandono económico-administrativo sufrido por la misma, creando sus propios gobiernos.

Con esta coyuntura, Fernando VII fue restituido en el poder en 1814, derogando la Constitución e instaurando de nuevo el absolutismo, además de hacer frente a las Guerras de Independencia Hispanoamericanas (1809-1826). Tras la derrota en la batalla de Ayacucho (noviembre de 1824) el rey, en un intento desesperado de mantener las colonias americanas bajo su soberanía, creó la Real Orden Americana de Isabel la Católica (1815). Acto seguido, y dadas las revoluciones de 1820, el rey juró la Constitución de 1812, aboliendo así la institución política que había creado su ‘digna abuela’ en 1478.

La Orden militar se encomendó a Isabel I de Castilla, dado que a ella se debió el descubrimiento de las Indias, y bajo el patronazgo de Santa Isabel de Portugal, pues reestableció la unión y armonía en la corona de Aragón. Dicha Orden fue aprobada por el Papa Pío VII en 1816 y se componía de tres clases, las Grandes Cruces, los Comendadores y los Caballeros siendo, respectivamente, la representación de la misma como sigue: las Grandes Cruces estarían compuestas por una banda de seda con dos fajas de color oro, cuyos extremos se unían en un lazo sosteniendo la cruz de la Orden. La cruz estaba coronada con una corona olímpica,

formada por cuatro brazos iguales, esmaltada de color rojo conforme al pabellón español, e interpoladas con los brazos unas ráfagas de oro; en su centro habrá sobrepuesto un escudo circular, en el que se verán de esmalte dos columnas con el lema plus ultra en reminiscencia a Carlos I y el nacimiento del Imperio, y dos globos o mundos, que representan las Indias, enlazados con una cinta, y cubiertos con una corona imperial, llenando el campo del escudo los rayos de luz, que partiendo de los mismos globos se extienden en todos los sentidos.

El reverso tendría inscrita en letras de oro la leyenda “A la lealtad acrisolada”, mientras que en el anverso podía leerse “Por Isabel la Católica”, todo ello coronado por el nombre de su fundador en el centro del escudo. Estas cruces se llevaban en el costado izquierdo, mientras que los Comendadores la llevarían pendiente del cuello y los Caballeros del ojal de la casaca, pudiendo pertenecer a la Orden individuos tanto americanos como españoles. El único requisito para pertenecer a la misma era profesar la religión católica y ser concedida por el rey, pues ni los virreyes ni los Capitanes Generales tenían tal potestad.

En 1847, tras la muerte del rey y la pérdida de los territorios americanos, la Orden pasó a ser una concesión secundaria del Estado por méritos políticos o hechos de armas en la Guerra Civil o Primera Guerra Carlista (1833-1840). Durante la II República desparecieron todas las Órdenes y Maestranzas de Caballería excepto la de Isabel la Católica pues:

Sin menoscabo del espíritu republicano de la Nación debe conservarse por evocar su nombre, tradiciones y grandezas imperecederas del pasado histórico de España

Sin embargo, la Orden sufrió una serie de cambios en su denominación, pues pasaría a llamarse Orden de Isabel la Católica; en su concesión, porque ya no premiaba los servicios realizados en Ultramar sino los méritos civiles que alcanzasen los individuos de ambos sexos; en la estética, cambiando la alusión del fundador en el centro del escudo por una carabela como símbolo del Descubrimiento; y en la organización de la misma, pues sustituía la Asamblea por un Consejo presidido por el presidente de la república.

En 1936, con la Guerra Civil Española, son rehabilitadas todas las órdenes, pero se lleva a cabo una duplicidad de la Orden de Isabel la Católica porque su concesión era simultánea en ambas zonas del conflicto. Tras la Guerra Civil, la Orden cambia su denominación de “real” por “imperial”, siendo este cambio un homenaje a quien hizo de España un “Imperio de sol sin ocaso”. Ligaba la figura del Gran Maestre a la del Jefe del Estado y se cambió la figura de la carabela por las iniciales de los Reyes Católicos al tiempo que se reestablecía la alusión a su fundador.

Su vigencia en la actualidad

Durante el reinado de Juan Carlos I apenas se han incorporado cambios en la Orden, limitando el cambio a sustituir la corona imperial por la corona real. La verdadera innovación fue la creación de la Corbata de la Orden de Isabel, que no tenía precedentes en la historia de la Orden, y que se concede a la unidad encargada de custodiar a la Familia Real. Este hecho estaba en contra de la reglamentación de la misma, establecida en 1815, pues ésta solo contemplaba la posibilidad de concederla individualmente y no a una colectividad, si bien es cierto que se hicieron concesiones colectivas, como a unidades de la Isla de Cuba en 1822.

La corbata tiene una cinta igual que la banda de la Orden, con dos caídas cuyos remates son flecos dorados sujetados con unos cordones a la asta, teniendo bordado en uno de esos remates la venera de la Orden. Actualmente, y tras la abdicación de don Juan Carlos I, el Gran Maestre de la Orden es don Felipe VI.

 

Bibliografía recomendada:

LOZANO LIARTE, C. “El abolengo militar de la Orden de Isabel la Católica”, Militaria, revista de cultura militar, 6 (1994), pp. 37-50.

CEBALLOS – ESCALERA Y GILA, Alfonso, La Real y Americana Orden de Isabel la Católica, Madrid, Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado, 2015, 312 pp.

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