Moratinos: una diplomacia dialogante

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El pasado lunes a las 19:30 horas, en San Roque (Cádiz), pudimos ver a Miguel Ángel Moratinos, exministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de España entre 2004 y 2010, durante el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. El motivo era una conferencia con el siguiente título: «Dimensión estratégica y cooperación: Campo de Gibraltar/Gibraltar». La polémica estaba servida, pues no sólo venía un exministro muy difamado por sus opositores, sino que lo hacía acompañado por el Ministro Principal de Gibraltar, Fabian Picardo. La mesa la completaban el alcalde de San Roque, Juan Carlos Ruiz Boix, y la presidenta de la Diputación de Cádiz, Irene García.

Decía que Moratinos es un político muy difamado porque las opiniones emitidas por sus opositores, principalmente del Partido Popular, acerca de la posición del exministro sobre la cuestión de Gibraltar siempre han sido muy agresivas. De hecho, ha sido tildado varias veces de traidor a los intereses de España o, directamente, de traidor a la nación. Quizá convendría que todos estos acusadores leyeran realmente los acuerdos establecidos durante el periodo de Moratinos respecto a Gibraltar, porque en ninguno ni se reniega de la soberanía española sobre Gibraltar ni se hacen «concesiones a cambio de nada», que es otra de las críticas habituales.

Miguel Ángel Moratinos (Wikimedia).
Miguel Ángel Moratinos (Wikimedia).

El máximo volumen de críticas se orientan hacia el Foro Tripartito de Diálogo, o Foro de Diálogo. En él, lo que se proponía es que se hablarían de cuestiones relativas a Gibraltar con conversaciones a tres entre España, Reino Unido y Gibraltar. Esta afirmación es muy general, ya que en algunas conversaciones no era el Ministerio de Asuntos Exteriores el que intervenía, sino la Junta de Andalucía u otras administraciones. Además, en él no se hablaba absolutamente de nada relacionado con la soberanía. De hecho, se especificó claramente que las conversaciones relacionadas con la soberanía serían bilaterales entre España y Reino Unido, y al margen del Foro de Diálogo.

Sobre esto han corrido ríos de tinta. Unos más acertados y otros —demasiados— poco documentados e imprecisos. En realidad, el gran logro de Moratinos fue sacar de los temas de la agenda el trillado debate de la soberanía —anacrónico, como citó Moratinos en la conferencia— y, sin rechazar en ningún momento las pretensiones españolas sobre el Peñón, hablar de los otros muchos temas, mucho más importantes, que pudieran llevar a mejorar el nivel de vida tanto de los campogibraltareños como de los gibraltareños.

Recordemos que la zona del Campo de Gibraltar es una de las más deprimidas económicamente de España, con algunas localidades con los niveles de desempleo más elevados de toda España, y en el que es muy necesaria la intervención estatal para mejorar los servicios públicos, como la seguridad, o las infraestructuras. Por ello, eliminar la cuestión de la soberanía dejó descolocados a los británicos, acostumbrados al discurso español reivindicativo de Gibraltar. El mensaje de España fue claro: «no dejamos de reclamar la soberanía española de Gibraltar, pero eso no significa que no podamos sentarnos a hablar para solucionar muchos temas pendientes». Uno de ellos, la seguridad en la Bahía de Algeciras en relación con el tráfico de drogas.

En esta línea, Moratinos propuso una idea que no parece descabellada: la creación de una policía marítima conjunta que integre tanto a autoridades de Gibraltar como de España, para perseguir a los narcotraficantes. «Para mí, las aguas son españolas. Para Picardo, son gibraltareñas. Pero, ¿y para los traficantes?», reflexionó el exministro. Sin embargo, parece que este tipo de ideas de cooperación son inaceptables para quienes ejecutan la política del poder duro, de tensar la cuerda y generar aún más problemas.

La conferencia de Moratinos quizá supo a poco para los que estamos acostumbrados a estudiar sobre la cuestión de Gibraltar. Pero, desde luego, resultó muy útil para aquellos que desconocen los entresijos de un conflicto que se alarga ya más de 300 años, y que no parece que pueda resolverse sin que cambie el relato y, sobre todo, la forma de hacer política sobre Gibraltar.

Fue muy interesante un comentario de Fabian Picardo sobre la forma de hacer diplomacia. Decía que dos personas, él y Moratinos, pueden estar profundamente en desacuerdo en algunas cosas, igual que pueden estar completamente de acuerdo en otras. Pero lo que los une es una voluntad de dialogar por mejorar la situación, a pesar de estar en desacuerdo en muchos puntos fundamentales. Quizá esa idea de la diplomacia deberían aprenderla muchos políticos.

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