Las prisas por mantener vivo un convenio de la Guerra Fría

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Nadie podía imaginar que la afición al ciclismo del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, fuera a provocarle un problema de calendario al Gobierno español en su relación con los Estados Unidos. Su caída al colisionar contra un bordillo en Suiza mientras practicaba, a los setenta años, su deporte favorito, seguido de su escolta habitual, trajo consigo la suspensión de su visita a Madrid para firmar el III Protocolo de Enmienda al Convenio de Cooperación para la Defensa entre el Reino de España y los Estados Unidos de América de 1 de diciembre de 1988.

Kerry,con su homólogo irnaí, en Ginebra, horas antes de su accidente (Foto: State Departament)
Kerry,con su homólogo irnaí, en Ginebra, horas antes de su accidente (Foto: State Departament)

Hay varios aspectos que llaman la atención de esta noticia que, en una primera instancia, podrían parecer puramente anecdótica. El primero es la fecha del Convenio que se pretende enmendar y que, además, se haga por tercera vez. El segundo es la prisa que tienen ambos gobiernos por cumplir con sus respectivos formalismos constitucionales para ratificar dicha firma antes de las elecciones generales españolas previstas para finales de 2015.

Comencemos por la fecha del Convenio en vigor. A nadie se le escapa que en diciembre de 1988 ni siquiera había caído el Muro de Berlín, por lo que la Guerra Fría seguía siendo, pese a la distensión y la ‘perestroika’, el elemento clave del planeamiento estratégico. De entonces a hoy ha llovido tanto que nada se parece ni de lejos. Los preceptos que guiaron aquella negociación y aquel Convenio nos parecen hoy tan alejados, no solamente en el tiempo sino en los conceptos, que resulta evidente que no podemos seguir manteniendo un texto de 1988 como la base de la relación con nuestro principal aliado en temas de Seguridad.

Cierto que los dos Protocolos de Enmienda suscritos hasta el momento y el tercero presto a ser firmado, han actualizado aquel texto inicial, pero precisamente la inclusión de dichas enmiendas lo que vienen a confirmar es la necesidad de retocar y reescribir lo firmado en 1988. Después de esta tercera enmienda, es de suponer que a nadie se le pueda pasar por la cabeza la posibilidad de un IV Protocolo. Clama al cielo la necesidad, cuando sea menester, de un nuevo Convenio con otras premisas, otras prioridades y otros consensos. Sí, consensos, porque –y aquí entra en juego el segundo aspecto reseñado más arriba- este asunto es de tal trascendencia que no puede sustraerse a la necesidad de que se concrete con un amplio consenso parlamentario y social.

Fuerzas de marines USA, adiestrándose (Foto: Embajada USA)
Fuerzas de marines USA, adiestrándose (Foto: Embajada USA)

La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de 2013 proclama ya en su subtítulo que se trata de “Un proyecto compartido”. Se entiende que compartido por toda la sociedad, a la que sirve, y que precisa de la colaboración de esa misma sociedad. Diría más: Sin la implicación y sin la bendición de los ciudadanos, no hay Estrategia de Seguridad que se sustente ni que sirva absolutamente para nada.

En el mismo texto de la ESN se afirma que “Estados Unidos es uno de nuestros principales aliados y un socio indispensable y prioritario para la gestión de los retos y oportunidades que presenta el mundo globalizado”. Teniendo en cuenta que el texto de la ESN de 2013 contó con la adhesión incontestada del PSOE, podemos concluir que el consenso estaba asegurado en una buena parte. Pero, y entramos de lleno en la cuestión que hemos planteado al principio, ¿será suficiente ese consenso tras las elecciones generales de finales de 2015? Mucho nos tememos que no. Y ese es fundamentalmente el origen de las prisas de ambos gobiernos por firmar el III Protocolo de Enmienda y cumplir con los trámites constitucionales preceptivos, que en el caso español requiere la aprobación del Parlamento, antes de las próximas elecciones.

Va a ser apasionante, tras las elecciones generales próximas, observar cómo se van a gestionar estos aspectos de nuestra Política de Seguridad. Porque si legítimos han sido los movimientos del PP con la aquiescencia del PSOE, igual de legítimos van a ser los que realicen las siguientes mayorías parlamentarias salidas de unas elecciones libres que, todo apunta, van a ser sustancialmente diferentes. El reto también será para quienes tengan que bregar con la responsabilidad de Gobierno, porque estos asuntos no son tan sencillos como puedan parecer desde la barra del bar o desde la arena de un mitin en plena campaña. Aquí se juegan muchas más cosas que nuestros más íntimos sentimientos, deseos o convicciones. Y, si no, que se lo pregunten a Felipe González y a su primer Gobierno que, con una mayoría absoluta apabullante, sin que nadie le pudiera reprochar ni rechistar absolutamente nada, algo tuvo que ver para cambiar radicalmente de postura.

El III Protocolo de Enmienda que convierte a Morón en la principal base para el despliegue de fuerzas de marines norteamericanos para su despliegue en África en caso de crisis, debe ser el último remiendo que sufra el Convenio de 1988. Y creo que tanto el actual Gobierno español como el norteamericano, lo saben.

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