El sistema electoral español

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imagesEl sistema electoral español es injusto, porque el voto de un ciudadano no computa igual, incumpliéndose la premisa de un voto una persona. La Constitución Española nos indica que la representación es proporcional, pero el modelo utilizado en las elecciones generales es la del sistema mayoritario, que facilita al partido ganador tener una sobrerrepresentación.

En el sistema electoral español, los representantes se asignan en función del Sistema D´Hondt. Este método, creado por Victor D´Hont, permite obtener el número de cargos electos asignados a las candidaturas, en proporción a los votos conseguidos. Tiene un efecto distorsivo menor cuando la circunscripción es única, como en las elecciones europeas, y mayor cuando se divide el territorio en un número alto de distritos, como en las elecciones generales, a nivel provincial. Para el cálculo solo computan el total de votos válidos, no teniéndose en cuenta el voto nulo pero si las papeletas en blanco. Además existe un porcentaje de exclusión, que es el porcentaje mínimo de votos para considerar una candidatura, que en las generales es del 3%. Es decir, en cada circunscripción se elimina primero a las candidaturas que no llegan al porcentaje de exclusión, ordenando al resto de partidos de mayor a menor en función de los votos obtenidos. A continuación se divide el número de votos por las candidaturas válidas, hasta un número igual al número de escaños de cada provincia, asignando los escaños a las candidaturas con mayor cociente, ordenados de forma decreciente.

Por tanto, centrándonos en las elecciones generales, la injusticia radica por un lado en la Ley D´Hont pero sobre todo en la división en 52 circunscripciones municipales a nivel estatal. Este división se incluyó en los artículos 68 y 69 de la Constitución, para las elecciones generales, y en su redacción no se pensó en las europeas, motivo por lo que no se utiliza esta división. Esta segmentación provincial perjudica a los partidos pequeños y a los medianos, con una representación electoral entre el 3 y el 15%, cuya distribución no está concentrada territorialmente, favorece el bipartidismo y a los partidos regionalistas que concentran su voto en pocas provincias, además de inducir al voto útil.

La elección de diputados oscila de uno en Ceuta y en Melilla, dos en Soria a los 31 de Barcelona y 36 de Madrid. De los 350 diputados del Congreso, la mitad se obtienen en provincias que asignan entre 1 y 7 escaños, con lo que con un 15% de los votos, cualquier partido no obtendría ninguna representación. El 60% de los españoles votan en circunscripciones de hasta 10 escaños, por lo que si votan a partidos que no superan el 10%, su voto es inútil. Esta desigualdad se acrecienta porque  en las provincias más pequeñas se necesitan menos votos para conseguir un diputado. Mientras que se puede obtener un escaño con 20.000 votos en Soria, hacen falta unos 100.000 en Madrid.

El sistema electoral de circunscripción única beneficia la proporcionalidad de los partidos, perjudicando a los nacionalistas por no tener implantación nacional, siendo uno de los motivos que ha permitido el desplome electoral de los dos grandes partidos en las elecciones europeas. Los partidos políticos con un electorado más movilizado salen beneficiados de las elecciones con baja participación.

En el momento actual, donde tiene que producirse una regeneración democrática y se está hablando de modificar la constitución, sería un buena oportunidad para cambiar la ley electoral, aplicando los principios de justicia democrática para conseguir la igualdad de voto de los ciudadanos, donde se pueda elegir al presidente del gobierno de forma directa y en listas abiertas.

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