Beatriz Mesa y ‘La falsa Yihad’

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Conocí a Beatriz en San Roque, en los cursos de verano del año pasado. Allí nos contó, a unos pocos afortunados que la escuchamos, su vida. En realidad, nos habló de esta profesión nuestra de la que en ocasiones hemos maldecido pero que en ocasiones también, como ese día que la escuché, recuerdo por qué la escogí.

Beatriz conoce todo el norte de África. Foto: Moha Tawja.
Beatriz conoce todo el norte de África. Foto: Moha Tawja.

Beatriz Mesa, formalmente, es la corresponsal en Rabat –donde vive- de la Cadena Cope. Pero en realidad es mucho más que eso. Beatriz ha recorrido, y sigue recorriendo, todo el norte de África y el Sahel buscando historias de esas que si no se va al sitio es imposible contar. Está enamorada de unos lugares a los que, si los periodistas como ella dejan de ir, simplemente dejan de existir para el resto del mundo.

Ha estado en Siria, en Egipto, en Argelia, en Túnez, en Libia, donde creo que está ahora mismo otra vez, en Mauritania, en Palestina, en Malí, en Burkina Faso y en tantos sitios más. Siempre viaja sola porque, nos comentó en San Roque, “me siento más segura”. En más de una ocasión ha tenido que salir por piernas porque su presencia se había hecho incómodamente evidente para algunos. En otras, ha volado miles de kilómetros –como le he oído explicar- “solo para darle la mano a una persona y presentarme, para que me tuviera en cuenta meses después”. Y funcionó.

No hace ni un año que ha publicado un libro que me ha dejado una huella de esas que no se borran. Intuyo que es de esos libros que se escriben casi de un tirón, porque lo que cuenta lo ha vivido y lo ha conocido yendo a los sitios, por muy lejos que estén y por muchos consejos que te den para que no se te ocurra ir. Su libro La falsa Yihad. El negocio del Narcotráfico en El Sahel tiene solamente tres capítulos, pero para mí tiene uno solo, el segundo, que se titula ‘La forja de un muyahidín’. Sin desmerecer los otros dos, éste capítulo es el que le da verdadero sentido a todo lo que cuenta. Podría haberse titulado ‘La historia de Alí’. Incluso el libro podría haberse titulado así.

Beatriz Mesa en Malí, junto a un militar español. Foto: Pedro Rodriguez.
Beatriz Mesa en Malí, junto a un militar español. Foto: Pedro Rodriguez.

Si alguien no entiende ni cómo ni por qué se convierten en fanáticos suicidas y en seguidores del islamismo más radical personas que, en principio, no estaban llamadas a circular por esa senda, solo tienen que leer la historia de este mauritano de Nuakchot y saldrán de dudas. Es todo un paradigma de esa nueva –ya no tan nueva en realidad- amenaza que extiende sus campos de adiestramiento justo por donde transita desde hace algo más de una década toda la droga que desde Sudamérica acaba en Europa.

La historia de Alí, de su familia, de su novia, de la familia de su novia, de sus amigos de la infancia, de su ciudad, de su futuro, más bien de la ausencia de ese futuro, es lo que Beatriz nos cuenta con una enorme sensibilidad, y una crudeza a la vez, que desgarra el alma cuando llegas al final.

La falsa Yihad no deja indiferente a quien lo lee. Y aunque Beatriz intenta desmitificar, y explica con sumo cuidado su tesis basada en testimonios reales conseguidos sobre el terreno, en realidad el poso que provoca no sé si es más escalofriante aún que la idea que podíamos tener antes de adentrarnos en las 300 páginas de su libro.

Beatriz Mesa, que por cierto es de Conil de la Frontera, sigue su periplo por los países africanos para que no nos olvidemos de que a unas pocas horas de avión existe una realidad que ignoramos por completo pero que bulle sin control. Leyendo su libro y sus artículos en El Periódico de Catalunya o en las distintas publicaciones del Instituto Español de Estudios Estratégicos, recuerdo perfectamente por qué elegí esta profesión.

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