Entre todos la matamos

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Saludos, terrícolas. El caso del asesinato de Isabel Carrasco lucha por no aferrarse a la obra Fuenteovejuna en mi corta memoria. Y no, no tiene nada que ver, las culpables han hablado, han confesado. El desdén y el odio, los hermanos malvados de la humanidad, hicieron presencia en un momento ruin y cruel. No importa el color ni las señas. Un homicidio es un homicidio, no hay prisma que lo versione.

En época de campaña, no podía haber caído mejor el cadáver para tal sarta de buitres caníbales. Lo desmenuzaron a su antojo, lo vendieron como quisieron. Lo tildaron de asesinato político o eso dejaron ver entre líneas. Los partidos políticos se cerraron en banda y señalaron al aire de crispación y animadversión del pueblo hacia sus líderes. Es decir, la culpa de que los políticos no gusten a sus ciudadanos es culpa de los últimos. Democracia en estado puro, la mayoría siempre está enferma.

Intentaron que las cabezas rodaran. Se fijaron en Twitter, una red social, como otra cualquiera, en la que las personas escriben las cosas que piensan o les gustarían pensar. Unos cuantos adolescentes con muy mala boca y enrabiados se alegraron del asesinato la política. No los aplaudo. En absoluto. Detenerlos es otra cosa. Arrestarlos es meter miedo innecesariamente, obligar a que los dedos se alejen de los teclados, único territorio donde los antidisturbios no podían cargar. Hasta ahora. Y quiere censurarlo, todo tiene un comienzo y acaba de empezar.

Estos partidos coalicionados en la intimidad de la alcoba tenían ganas, lo pensaban desde hace tiempo. Este también es un crimen con inquina y alevosía. Querían “regular” internet y sus usuarios y acaban de descubrir la llave que les hacía falta. Una excusa. Al día se abren cientos de cuentas con tintes homófobos, racistas y demás psicopatías que no tienen cabida en la actualidad. Raro no es el famoso en cuestión al que no han matado varias veces en Twitter. ¿Por qué ahora? Detienen a tres adolescentes por amenazar en las redes sociales. Algo que en la vida real de cualquier usuario con dos dedos de frente se soluciona al silenciar y bloquear al energúmeno de rigor.

Carrasco era uno de los suyos, era de la casta política. La culpa de que el pueblo odie a sus líderes es de cuatro tuiteros, los mismos cuatro tuiteros que dejaron que muriera el 15M apoyándolo sólo a base de teclas y ratones. Los mismo que retuitean fotos de manifestaciones sin haber ido a ninguna en su vida. ¿Por qué tienen miedo a esos tuiteros? Unos activistas de pupitre que se les escapa la energía por los dedos.

Vamos a hacer un ejercicio de imaginación y pensar que el asesinato de Isabel Carrasco tuvo un fondo político. Cerrad los ojos un minuto. Al abrilos veréis como los polítiquillos de turno os señalan como germen de la crispación. Un odio que ha surgido de la nada, como amamantado por el Espíritu Santo. No hicieron nada para que sintieras asco por ellos.

No tuvo nada que ver que te robaran descaradamente, que no quisieran hablar contigo, que esquivaran tus preguntas, que dieran ruedas de prensa detrás de un monitor, que las cuentas en Suiza afloraran como los ríos en el Titanic. No fue nada de eso, ellos no tienen culpa de nada. Que sólo se rindan cuentas entre ellos, como una secta de corbatas trasnochadas. Que sólo tuerzan el brazo al pedir un voto de papel, de tamaño cuartilla. No lo tires a la urna, quédatelo. Es la única democracia que vas a tener en cuatro años.

La abstención roza el 60% en España, es decir, cualquier partido que consiga un escaño en Europa, sólo habrá contado con una parte del 40% de la población. No creo que exista más odio y desprecio que esta cifra. No hace falta matar a nadie, aunque la abstención cabalgue a su favor. Pero quieren cargarnos al muerto, que sigamos el texto de Lope de Vega y confesemos todos. Aunque no les haga falta, la condena ya está impuesta. Y la cumpliremos.

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Cordobés a mucha honra, Paco Garrido se licenció en 2010 en Comunicación Audiovisual en Málaga. Desde entonces ha trabajado para distintos medios locales como Diario Córdoba o El Día de Córdoba, con el que continúa colaborando. Además, también desarrolla su actividad en el ámbito digital, como es el caso de la revista para IPad, Actualidad7, o el canal del Youtube de Objetivo:Cine.

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