Va en el sueldo

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La semana ha sido accidentada, que se lo digan a Esperanza Aguirre. Sin comerlo ni beberlo se ha visto sumergida en una conspiración masónica para acabar con su figura. Como si ella no fuera su propio virus. Pero vamos a darle un voto de confianza. Vamos a creerle. Pensemos que los agentes, en un acto de chulería izquierdista, le dieron el alto y la retuvieron en mitad de la calzada para sorna de viandantes y conductores.

Han multado Esperanza Aguirre, vieja gloria madrileña después del oso y el madroño. Para colmo, se ha llevado a una moto de un agente de Movilidad por delante. Diantres. El ciclomotor estaba mal colocado, una excusa que suena a la teoría de las columnas danzantes que pululan por los aparcamientos de supermercado.

Los mediáticos perros falderos salieron a la palestra para defender a su líder. Vamos a creer que llevar razón. Hagamos un esfuerzo. Imaginemos que Aguirre es una santa en vida y que todo es una campaña para derribar su trayectoria.

Y yo, desde mi burbuja, me pregunto. ¿Aguirre se merece una conspiración? Y mi respuesta es rotunda. No. Se la merecen todos los políticos, allegados y enchufados. Que paguen justos por pecadores y se queden solos.

Patria, esa palabra que defienden a ultranza con la boca llena. Palabra que resuena  a cuando las águilas escalaban por las banderas y hoy sus polluelos se encaraman a los estrados, esa es la verdadera herencia recibida. La patria se ha convertido en un cortijo, donde los habitantes del susodicho no tienen cabida. El pueblo que puede se da a la fuga, pero no como Aguirre. El pueblo se va callado, silencioso, como si la culpa fuera suya, sin salir en ninguna portada. Y encima le quitan al muerto a su Gobierno. Si no trabajan en España, no es su problema. La Administración sacará unas estadísticas brillantes y relucientes donde el paro desciende continuamente. Los ciudadanos se marcharán cortándose las manos que algún día votaron, la única muestra de democracia cada cuatro años. Buen promedio.

Los medios, los mismos que critican dictaduras, describen a dictadores con careta de democracia. Fotos de fulanos y menganas inaugurando cosas, reuniéndose en cosas, mirando cosas. Todo siempre retransmitido desde el lado del gran líder. No existen canales modernos y transgresores. Es una mentira donde por mucho que tiren de gafapastas siempre acaban persiguiendo al mismo conejo blanco.

Se lo merecen y mucho. Tanto políticos y vinculados se merecen que la gente se ría de ellos por la calle, en el coche y hasta en la puerta de sus adosados. Si ellos pueden votarse su propio salario, que metan una partida por escrache. Se han mofado de su pueblo, lo han espoliado, empobrecido, enrabiado. Y tienen la suerte de que dominen a un pueblo paciente, pasivo y noble, que sólo saca las garras cuando tiene que arrancarse el ombligo.

Algunos estaréis pensando que mi fijación con esta casta se basa en la búsqueda de un chivo expiatorio. La crisis económica es cíclica y llegaría tarde o temprano. Pero ya he estudiado esa opción y los que mandan deben asumir que pueden estar al frente de un Gobierno. Y no lo están. Se dejan llevar por estadistas y empresarios que “saben del tema”. Presidente, alcalde o cachorro de juventudes, eres un títere, una cabeza de turco. Apártate. No sirves y lo sabes. Huye, el camino es libre para darte a la fuga, sobre todo si lo único que quieres es ganar dinero de manera fija.

Los ciudadanos no pueden tirar adoquines, quemar vuestras puertas o gritar en vuestras fachadas. La ley está de vuestro lado. Defendéis un civismo que derrumbáis a medida que echáis raíces en un despacho, me da igual el color del escaño. No os quejéis de que unos agentes os paren en la carretera para que todos os miren. No os pongáis nerviosos, furiosos ni tengáis un mal gesto. Es vuestro pueblo, vuestro jefe. Si no puedes cumplir tu tarea, estás despedido o escóndete entre tus escoltas pagados desde las arcas públicas. Todo sea porque el jefe no vea el destrozo que has ocasionado.

Vuestras vidas de poderío y descontrol no valen ni una lágrima de los españoles que no llegan a final de mes o de los que tienen hacer la maleta. Huid ahora. Darse a la fuga va en el sueldo. Hasta la semana que viene.

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Cordobés a mucha honra, Paco Garrido se licenció en 2010 en Comunicación Audiovisual en Málaga. Desde entonces ha trabajado para distintos medios locales como Diario Córdoba o El Día de Córdoba, con el que continúa colaborando. Además, también desarrolla su actividad en el ámbito digital, como es el caso de la revista para IPad, Actualidad7, o el canal del Youtube de Objetivo:Cine.

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