María Moliner: obra y figura

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Año 2009. En alguna aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga (aunque pudo haber ocurrido de nuevo igualmente durante cualquier otro curso), el profesor Francisco Ruiz Noguera pronunció las siguientes palabras en el transcurso de una clase de Lengua Española: «Todo español culto que se precie debe tener en sus estanterías el María Moliner». Unos años después de haber tomado nota mental de esta recomendación, conseguí adquirir un ejemplar de esta obra que muchos de los que trabajan con las lenguas consideran indispensable e, incluso, superior al Diccionario de la Real Academia (DRAE). Lejos de querer entrar en valoraciones y comparaciones, la intención de este artículo es acercar la figura de María Moliner a un público más general y que probablemente no sepa de ella.

Tal y como podemos leer en la completa biografía que nos ofrece el Centro Virtual Cervantes, nuestra protagonista de hoy nació el 30 de marzo de 1900 en Paniza (Zaragoza) en el seno de una familia acomodada; de hecho, ella y sus dos hermanos cursaron estudios superiores. En 1902, la familia se trasladó a Almazán (Soria) y, posteriormente, a Madrid. Los pequeños de la familia Moliner estudiaron en la célebre Institución Libre de Enseñanza, donde María descubrió su interés por la expresión lingüística y por la gramática. Tras completar el bachillerato en Zaragoza en 1918, cursó en la universidad de la misma ciudad la Licenciatura de Filosofía y Letras, que culminó con sobresaliente y Premio Extraordinario.

Posteriormente, en 1922 ingresó, por oposición, en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y obtuvo como primer destino el Archivo de Simancas. Tras una breve estancia allí, pasó al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia, donde conocerá al que será su marido, el catedrático de Física Fernando Ramón y Ferrando. Ambos contrajeron matrimonio en 1925 e iniciaron una vida conyugal armónica y compenetrada como intelectuales que eran, comprometidos con su vocación y con la sociedad. También en Murcia nacieron sus dos hijos mayores, junto a los que se trasladaron a Valencia por razones laborales de ambos cónyuges.

En Valencia nacen sus dos hijos pequeños, y allí María Moliner colaboró en la Escuela Cossío ―inspirada en la Institución Libre de Enseñanza― enseñando Literatura y Gramática. A su vez, prestó su ayuda a las Misiones Pedagógicas de la II República, centrándose de forma especial en la organización de las bibliotecas rurales. Tras desempeñar cargos en esta tarea, fue llamada en 1936 por el rector de la Universidad de Valencia para dirigir la Biblioteca universitaria, aunque tuvo que abandonar esta labor con el comienzo de la Guerra Civil. Sin embargo, su trayectoria estuvo casi siempre relacionada con la gestión de bibliotecas.

María Moliner
María Moliner

Tras el fin de la Guerra Civil, María Moliner y su marido sufren represalias políticas que les afectarán especialmente en el ámbito laboral. Aún así, se le encarga a ella la dirección de la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid en 1946. Desempeñó este cargo hasta su jubilación en 1970. A partir de esta fecha lleva una vida sencilla, cuyos últimos años se vieron teñidos por el infortunio: la muerte de su marido se sumó a una terrible enfermedad, la arterioesclerosis cerebral, que la privó de su lucidez desde 1975 hasta su fallecimiento el 22 de enero de 1981.

Es precisamente durante esta etapa de su vida, afincada María Moliner en Madrid, cuando comienza su obra más conocida: el Diccionario de uso del español (DUE), comúnmente conocido por el nombre de su creadora y publicado por primera vez en dos volúmenes entre los años 1966 y 1967 por la editorial Gredos. Este diccionario goza de un gran prestigio entre los profesionales que trabajan con la lengua española debido a la claridad de sus definiciones, lo que le hace ser considerado a menudo superior al DRAE, que suele contener definiciones farragosas o poco claras. Otro de los aspectos destacados positivamente es la distinción que hace María Moliner de los vocablos más y menos usuales. Sin embargo, existen también críticas a la obra, cuyos principales argumentos suelen achacar al DUE que sus únicos sustentos son el propio DRAE y el idiolecto de la autora ―según especifica Manuel Seco (1981): «la personal competencia hablante de la autora»― y su compleja estructuración original en familias etimológicas.

Obviamente, el DUE tiene virtudes y defectos, al igual que todas las obras. Sin embargo, no son sólo sus mencionadas virtudes las que dotan de este prestigio al diccionario, sino la admiración a la figura de María Moliner y a su enorme trabajo y dedicación. Como ya se mencionó en la introducción, espero que este artículo despierte el interés de los lectores y se aventuren a conocer más de esta representante de la lengua y las letras españolas. Como recomendación, aconsejo la lectura del especial de María Moliner publicado por el Centro Virtual Cervantes con motivo del centenario de su nacimiento, que el lector interesado seguro encontrará más que acorde a sus inquietudes.

Bibliografía consultada

ALIAGA JIMÉNEZ, José Luis (2000), En defensa de algunas características del DUE, Madrid, Centro Virtual Cervantes <http://cvc.cervantes.es/LENGUA/mmoliner/aliaga.htm> [consulta: 31-3-2014].

FUENTES MORÁN, María Teresa (2000), María Moliner, hoy, Madrid, Centro Virtual Cervantes <http://cvc.cervantes.es/LENGUA/mmoliner/fuentes.htm> [consulta: 31-3-2014].

MARTÍN ZORRAQUINO, María Antonia (2000), Biografía, Madrid, Centro Virtual Cervantes <http://cvc.cervantes.es/LENGUA/mmoliner/biografia.htm> [consulta: 31-3-2014].

SECO, Manuel (1981), «María Moliner: una obra, no un nombre», El País, p. 36. <http://cvc.cervantes.es/LENGUA/mmoliner/seco.htm> [consulta: 31-3-2014].

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