La geografía vuelve para quedarse

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La venganza de la geografía, de Robert D. Kaplan, ha puesto en primera línea la relevancia del lugar que cada uno ocupa en el mapa. Algunas de sus afirmaciones son tan contundentes que difícilmente he podido encontrarles réplica.

Frases como: “…el presente, a pesar de lo permanente y abrumador que pueda parecer, es fugaz. Lo único perdurable es la ubicación de los pueblos en el mapa. Así pues, en épocas de agitación, aumenta la importancia de los mapas”; o bien: “… cuanto más extendemos nuestra mirada a lo largo del paso de los siglos, mayor es el papel que desempeña la geografía”; hasta llegar a: “Una frontera establecida por el hombre, que no se corresponde con una zona fronteriza natural, es especialmente vulnerable”.

La venganza de la geografía de Robert D. Kaplan
La venganza de la geografía de Robert D. Kaplan

Cadenas montañosas, valles kilométricos, ríos caudalosos, estepas o planicies sin fin, desiertos infernales, son elementos que no pueden dejarse de lado a la hora de definir donde empiezan y donde terminan los asentamientos humanos que, con el tiempo, adquieren características comunes para conformar estados y naciones. Y a lo largo del siglo XX se han trazado infinidad de líneas supuestamente divisorias que, en realidad, se empeñaban en separar artificialmente lo que la geografía había decidido mucho antes que estuviera unido.

Kaplan hace una comparación entre el imperio romano y el estadounidense. Sobre todo, analiza el final del primero y pretende sacar lecciones que puedan servir para lo que considera “una salida prolongada y elegante de la historia como potencia dominante” del segundo. De todas formas, elementos hay para concluir que no hay alternativa a los Estados Unidos como superpotencia, dado que para ello “es necesario tener un proyecto global, mundial, de sociedad y ni China ni Rusia lo tienen”, en opinión del profesor Carlos Echeverría.

Recuperar el sentido de la geografía es lo que Kaplan pretende en su ensayo, que agrupa el pensamiento geopolítico y geoestratégico del último siglo. Pero, ¿es que perdimos ese sentido en algún momento? Kaplan cree que sí y lo sitúa tras la caída del muro de Berlín. La ‘Europa del Este’, dice la Premio Pulitzer Anne Applebaum, fue un término político e histórico, no geográfico. Al fin de la falsa geografía establecida por el hombre y que dominó nuestros conceptos estratégicos durante más de medio siglo, se unía lo que Francis Fukiyama definió como fin de la historia: occidente había ganado la batalla.

Pero enseguida ese nuevo paradigma se desmoronó. Los Balcanes, los conflictos africanos y no digamos Oriente Medio (Kuwait, Irak,…) y sus múltiples vertientes, nos devolvieron a la realidad. La crisis de supervivencia de la OTAN, nada más desaparecer el bloque antagónico, encontró un salvavidas en Sadam Hussein, en palabras de Félix Arteaga, analista principal de Defensa y Seguridad del Real Instituto Elcano. Otra vez la geografía.

Para el coronel Ignacio Fuente Cobo, del Instituto Español de Estudios Estratégicos, la geopolítica o la lógica geográfica, que es como él la define, que se nos viene encima tendrá como factor fundamental a nivel global el desplazamiento del centro de atención o de gravedad del Atlántico al Pacífico y, para nosotros, de nuevo una vuelta al Mediterráneo; de donde no debimos apartar nunca la vista, añado.

Jornadas sobre Geopolítica y Geoestrategia en Ceuta
Jornadas sobre Geopolítica y Geoestrategia en Ceuta

La geografía, para Kaplan, se empeña en desbaratar las buenas intenciones estadounidenses respecto a Oriente Próximo. Y si en los Balcanes el poder aéreo se impuso a la geografía, sin lugar a dudas, en Irak y en Afganistán no ha servido la misma fórmula ante una geografía mucho más contundente.

Estos días he repasado el capítulo que Kaplan le dedica a Rusia y que leí por primera vez hace unos meses. Recordaba algunas cosas, como la consideración que es la mayor potencia continental del mundo y, citando a Mahan, que precisamente por ello se siente insegura, dado que no tiene mares que protejan sus fronteras. Algo parecido a lo que también aludía Mackinder. Eleva la inseguridad a categoría de sentimiento nacional, además de concluir con Billington, especialista en cultura rusa, que la geografía y la historia han dominado el pensamiento ruso a lo largo de los siglos.

Kaplan, para evitar que le acusen de geografoadicto, dice sin embargo, mediado su libro, que la geografía no sirve para explicarlo todo, ni tampoco es una solución: “La geografía –sentencia- es meramente el telón de fondo sobre el que se libra la batalla de las ideas”. Por eso, concluye, “Rusia necesita un ideal inspirador más allá de una geografía que la una si pretende recuperar los pueblos que sometió antaño”. Putin y Medvédev han demostrado, según el exprofesor de la Academia Naval de Annapolis, no tener ideas constructivas, ni ideología alguna. Lo único que esgrimen es geografía y, con eso, no hay suficiente, concluye Kaplan. Aunque sólo con geografía, añado, están consiguiendo descolocar al resto del mundo.

Una idea, un ideal y alguien capaz de liderar ese objetivo y de convencer a terceros de la bondad de su proyecto; de eso se trata. Copiándole la idea al general García Servert: “El gran problema de la UE es que hemos hecho tanto tratado que hemos dejado fuera la emoción. Cuando recuperemos la ilusión por el proyecto, será el momento”. La idea y alguien, o algunos, que se la jueguen liderándola.

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