Estados Unidos y la Transición española

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Ya sucedió en el pasado y muy probablemente volverá a pasar. La metódica política de desclasificación de documentos oficiales que impera en Estados Unidos, nos permite conocer, cuando todavía vivimos quienes fuimos testigos de determinados acontecimientos, la trastienda de aquellos sucesos.

La primera vez que fui consciente de esto fue, a principio de los 80, cuándo conocimos los Acuerdos secretos de 1953, adjuntos a los públicos, que el entonces Gobierno de España firmó con el de Estados Unidos y que hizo posible la construcción de las bases norteamericanas y su uso por las fuerzas armadas de éste último país.

Ahora, gracias igualmente a los archivos norteamericanos, sabemos un poco más de cómo se fraguó y, sobre todo, como intervino, o no, la primera potencia mundial en la transición española. La profesora Encarnación Lemos López, en base fundamentalmente a los documentos depositados en la Biblioteca Presidencial Gerald R. Ford y en los Archivos Nacionales estadounidenses, ha tirado del hilo de cómo la Embajada en Madrid y la Secretaría de Estado siguieron casi al minuto todo el proceso de la Transición española y como realizaron una “supervisión sistemática”, como ella la define, desde antes de la muerte de Franco, del cambio de régimen en España.

Estados Unidos y la Transición EspañolaSobresalen, por encima de todo, dos elementos que resultaron a la larga fundamentales: la excelente información que manejaba, casi en tiempo real, la Embajada USA en Madrid, lo que le permitía realizar análisis más que certeros de prospectiva que llegaban con asiduidad a Washington y, en segundo lugar, el constante y buscado contacto que, desde su época de príncipe y luego como Rey, mantuvo Juan Carlos con el secretario de Estrado, Henry Kissinger, quien conocía anticipadamente los planes y las intervenciones públicas de quien sería a la postre el artífice de la Transición.

Los contactos de la Embajada con todos los grupos políticos, tanto legales como ilegales en los primeros tiempos (excepción hecha del PCE), los constantes encuentros del embajador con el príncipe y luego con el ya Rey, la coincidencia en el tiempo de la crisis sucesoria con la negociación de la renovación del Acuerdo sobre las bases y, desde luego, la irrupción en escena de la crisis del Sáhara, todo a la vez, complicaron sin duda la labor de quienes debían mantener informado a Washington de lo que pasaba en España. Y complicaron, sin duda, la toma de decisiones a quienes tuvieron que gestionarlo.

La documentación que aporta la profesora Lemus es tan abrumadora que no son necesarias interpretaciones por su parte, simplemente con la narración del contenido de los documentos es más que suficiente para que cada lector se haga una composición de lugar de como, desde cuándo y por qué los Estados Unidos cuidaron tan de cerca la evolución política española.

No todos sus consejo, sin embargo, fueron seguidos por los responsables españoles de aquellos años, aunque sí la mayoría. Por ejemplo, desde el otro lado del Atlántico se insistía en que no se legalizara al PCE, obsesión de Kissinger, y se aconsejaba además un tránsito sumamente lento hacia las libertades. Por otro lado, el empeño de Kissinger en que los países europeos arroparan al máximo el proceso, mediante el ingreso de España en la OTAN o, cuando menos, con alguna concesión aunque fuera declarativa respecto a la contribución de la geografía española a la defensa de Occidente, chocaba reiteradamente con la negativa de distintos socios, sobre todo del norte de Europa, por cuestiones puramente políticas, relacionadas con sus reticencias a aparecer ante sus opiniones públicas como soporte de un régimen antidemocrático y moribundo. El canciller alemán, Helmut Schmidt, que no era sin embargo de los que se oponían frontalmente, le comentó al presidente Gerald Ford respecto a España: “Usted no puede permitirse el lujo de estar aliado con el régimen equivocado”.

Destacado papel jugaron en todo el proceso español, al menos desde el punto de vista norteamericano, los antecedentes portugueses. La obsesión por no cometer los mismos errores que se estaban sucediendo en Portugal, a criterio USA, planeó en todo momento en el posicionamiento de la Administración Ford.

Sumamente interesante es la opinión que se tenía en el Departamento de Estado sobre Arias Navarro y no digamos de su ministro de Exteriores, Cortina Mauri. Del primero, se opinaba que mantuvo su cargo solamente para contener a la extrema derecha y del segundo, Kissinger se reconocía incapaz de entender sus argumentos.

El Mediterráneo, en general, preocupaba al Departamento de Estado. Se juntaban demasiados elementos y ninguno positivo: Portugal, Chipre (Grecia y Turquía), Sahára (Marruecos y Argelia), Italia y Francia con ascensión de los respectivos Partidos Comunistas y España, de futuro incierto. A todo esto, las negociaciones de paz de Ginebra entre Egipto e Israel, en pleno proceso.

Al principio, la Administración Ford se mostró partidaria de una reforma liberalizadora desde el interior del régimen, con Franco vivo. Pero, en seguida, comprendieron que no era posible y optaron por “la vía Juan Carlos”, toda vez que su padre, Don Juan, ya había dado seguridades a Estados Unidos que no se opondría a su hijo.

El conflicto del Sáhara ocupa un capítulo entero, de los tres que consta esta obra. No es para menos. Aquí, además de los despachos y documentos de las Embajadas USA y francesa (las de Madrid y Rabat, fundamentalmente), las minutas de las distintas entrevistas entre representantes norteamericanos y el Rey Hassan II constituyen documentos de primer orden. Y, como no, las 239 páginas del Diario de Sesiones de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados de los días 13 al 16 de marzo de 1978, donde comparecieron casi todos los que habían tenido algo que ver en esa crisis. Esta documentación, que mucho antes de contar con los actuales medios ‘on line’, tuve ocasión de leer en papel con motivo de una investigación referida al Estrecho, se convierte en fundamental para enmarcar la posición española de aquellas fechas. Mejor, las distintas posiciones españolas, porque uno de los problemas fue que dentro del mismo Gobierno Arias hubo distintas visiones del asunto en cuestión.

Lo que queda claro tras la lectura de los documentos ahora puestos en claro por la profesora Lemus López, es el apoyo decidido, aunque no explícito, del Gobierno norteamericano a la solución marroquí. Y en el libro se explica, con mucho detalle, por qué Kissinger opta por Marruecos frente a España. Por qué Marruecos, mejor, por qué el Rey Hassan II era tan importante para esa Administración en ese momento. No fue por un solo motivo. Pero esta clave la dejo para que cada lector la descubra por sí mismo.

Para los amantes de la Historia de España contemporánea, Estados Unidos y la Transición española es un libro fundamental y apasionante. De lectura fácil y abrumadoramente documentado. Más que recomendable.

Encarnación Lemus López (2014). Estados Unidos y la Transición española. Punto de Vista Editores.

El libro se puede adquirir en el siguiente enlace: http://puntodevistaeditores.com/tienda/estados-unidos-y-la-transicion-espanola/

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