Apuntes sobre la problemática del machismo en la publicidad

1
7880

En los tiempos que vivimos es difícil vender los productos por varias razones. La primera es que estamos en un periodo de crisis económica donde el poder adquisitivo de los consumidores se ha visto muy mermado. El segundo es que hay una gran competencia en casi todos los productos, incluidas las marcas blancas. Todos los supermercados tienen en sus estanterías artículos de diferentes empresas: desde los desodorantes a los detergentes pasando por las galletas.

En lo que hemos comentado está parte de la respuesta a lo que se plantea en el título de este artículo: el machismo en la publicidad. El objetivo de la publicidad es llamar la atención y convencer a los clientes potenciales de que su producto es el mejor. Debido a la competencia que hay entre las marcas, las ideas que quieren transmitir se están llevando a los extremos para llegar a sus públicos.

La otra parte de la respuesta es que socialmente se llega a considerar a las mujeres como objetos. Lo dice Eliana Dockterman para la revista Time, por ejemplo. Ella argumenta su planteamiento con varios ejemplos en un artículo titulado “Commercials Have Been Super Sexist Lately“ (“Los anuncios están siendo súper sexistas últimamente”).

Estos anuncios machistas mantienen características comunes: superioridad del hombre frente a la mujer, exaltación de la belleza femenina, desprecio a su inteligencia y situarlas como objetos de deseo sexual. Seguro que alguna nos falta, pero son las más evidentes.

Anuncio de Del Monte ketchup (1953): ¿Quieres decir que una mujer puede abrirlo?
Anuncio de Del Monte ketchup (1953): ¿Quieres decir que una mujer puede abrirlo?

Todos recordamos, por ejemplo, un anuncio de la marca de desodorantes Axe en la que un hombre, subido al arca de Noé, se echaba el producto y empezaban a aparecer mujeres de dos en dos siguiendo el rastro de su olor. Este es un ejemplo que incluye las cuatro características mencionadas en el párrafo anterior: la mujer va hacia el hombre arrastrada por un impulso que la sitúa en posición inferior, todas van ligeras de ropa, evidentemente de desprecia su inteligencia porque acuden a él solamente por un olor y, además, el lenguaje visual indica que ellas serán un objeto sexual del hombre.

El problema es que la publicidad ya forma parte de nuestra cultura. Es normal hablar sobre anuncios y comentarlos. Y, como cualquier otro producto cultural, también socializa. Los anuncios transmiten valores. Por estos motivos se trata de una cuestión peliaguda a la que habría que prestarle mucha más atención que la que se le da.

Hay otra faceta preocupante sobre el machismo en la publicidad. Va en una línea diferente a la que hemos comentado. Se trata de que aparezcan mujeres en anuncios cuyos productos no son específicamente para ellas. Realmente hay pocos productos que sean solo para mujeres o para hombres, y en ellos sí es normal que aparezcan exclusivamente personajes de uno de los dos sexos. Pero, ¿por qué, en casi todos los casos, son mujeres las que aparecen en anuncios de productos de limpieza? Los lectores podrían deducir, con acierto, que se debe a que la empresa anunciante ha hecho un estudio de mercado y ha averiguado que los productos de limpieza son comprados y utilizados por mujeres en mayor medida.

Pero aquí habría que plantearse por qué hay que mantener los estereotipos y si no sería más inteligente que las marcas introdujeran a los hombres en ese tipo de productos para tener mayor mercado masculino y, además, ir borrando las barreras que hay entre tareas que tradicionalmente han hecho las mujeres para que ambos sexos las ejecuten sin ningún tipo de problema.

La publicidad, al igual que el cine y otros medios de comunicación forman parte del proceso de socialización que vivimos todas las personas. Por eso son corresponsables de que se mantengan los estereotipos y los problemas sociales que se derivan de ellos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.