Entrevista a Álvaro Luna, ciudadano multado con 400€ por fotografiar una manifestación

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En septiembre de 2013, continuaban las protestas y concentraciones sociales de casi todo tipo en la ciudad de Málaga. Casi la mismas que en los dos años anteriores. Un grupo dedicado a la igualdad de género organizó una pequeña movilización que parecía carecer de permiso. Los más curiosos se paraban a ver las reclamaciones, otros pasarían de largo con total indiferencia y la policía permanecía atenta a lo que podría ocurrir. Unos pocos se tomaban unos minutos para hacer alguna fotografía, en esta época de ‘democratización audiovisual’ en la que prácticamente todos podemos registrar cualquier evento o suceso. Casualmente, uno de ellos equipaba una cámara profesional, pues salía de impartir un taller de fotografía que terminó antes del horario habitual. La manifestación le pilló de casualidad, decidió quedarse y aprovechar para tomar algunas fotografías. “Nunca me han registrado ni he tenido problemas con la policía hasta ese momento”, dice estos días a algunos medios que quieren cubrir su historia. Unos agentes le pidieron la identificación y, sin aviso alguno después de una pequeña conversación, recibe una multa de 400€ en casa. “Y que podrían ser 30.000€ si la nueva ley de seguridad ciudadana sale adelante”, avisa en un comunicado que él mismo redactó y se encargó de difundir por las redes sociales.

Su nombre es Álvaro Luna, se gana la vida como coordinador de los técnicos especialistas en medios audiovisuales en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga, profesional dedicado al vídeo desde hace 20 años y fotógrafo aficionado con predilección por el fotoreportaje documental y de temática social. El mismo día que le entrevisté acababa de terminar una conversación telefónica con una emisora de radio de la Axarquía y tenía dos citas más previas que lo despachan más rápido. El objetivo es conseguir una conversación más detallada y profunda con él.

Hasta ahora, ha denunciado su caso en todos los foros a los que ha tenido acceso y obtenido algún apoyo, ha aparecido en algunos medios y mientras transcurre el curso de la transcripción de esta entrevista, anuncia por redes sociales su aparición en más programas de televisión y en prensa para contar su historia: noticia más leída en varios portales dedicados a la fotografía por la red; multitudinario apoyo en Menéame; la Subdelegación de Gobierno mira hacia otro lado y no retira la multa; recibe el apoyo público del Sindicato de Periodistas de Andalucía; el humorista gráfico JRMora le dedica varias viñetas; se abre una cuenta de Twitter (que según él no llegaba a entender del todo)… Quizás estemos ante el preludio de lo que está por llegar: la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana impulsada por el Ministerio del Interior, o ‘Ley Mordaza’, recientemente criticada incluso por Greenpeace.

Álvaro no se va a rendir fácilmente y va a ir hasta el final en su propósito: denunciar una injusticia, por muy pequeña que parezca ser, y demostrar que, al contrario de lo que desean las administraciones, ahora tiene más intención de luchar que nunca. En el pleno inicio de reivindicación, abre una ventana retrospectiva, para quien quiera conocer algo más de su perfil profesional y de fotoaficionado.

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CARRERA PROFESIONAL

Pregunta. Cuéntame qué tipo de formación tuviste antes de empezar como técnico.
Respuesta. Estudié varias cosas. Primero fue una Formación Profesional cuando tenía catorce años, la especialización de imagen fotográfica cuando eran cinco años en el Instituto Politécnico Jesús Marín. Después hice las prácticas en lo que hoy conocemos como la tienda de fotografía Photoshop, que tenía su productora llamada Vídeosur. Iban a hacer una serie para Canal Sur. Estaban contentos conmigo y trabajé con ellos varios años. Como produjeron varias series para la cadena, comencé como ayudante y empecé a ascender poco a poco desde eléctrico, jefe de eléctricos, operador de cámara… hasta terminar iluminando, que era lo que más me gustaba. Casi siempre en vídeo, la fotografía la he tenido presente pero más como algo mío. Luego, mientras curraba, estudié COU, que llegué a repetir tres veces para conseguir nota y entrar a estudiar en la Facultad de Comunicación. Una vez estudiando en la facultad, me echaron de una de las productoras para las que solía trabajar y me saqué oposiciones para trabajar aquí, hace ya diez años. Desde entonces, he podido retomar un poco más la fotografía, que me gusta mucho más que el vídeo. Afortunadamente, como algo personal más que laboral.

P. ¿De dónde viene esa afición a la fotografía?
R.
Viene de pequeñito. Yo veía a mi padre con una cámara, que a mi me encantaba. De adolescente, yo no era muy buen estudiante, mi hermana tuvo una mala experiencia con una carrera que empezó y que no quería. Cuando llegó el momento en el que terminé la EGB con 13 años, sin tener nada claro, mi padre, que era albañil, me preguntó “oye, ¿tú qué quieres hacer? Menos peón de albañil, lo que tú quieras”. Le dije que me gustaba la foto y me buscó un instituto. En aquel momento, el politécnico Jesús Marín era el ‘polichusma’. Allí lo habitual era hacer botellón… que si porros, pegamento… era la época… (risas) eran los ochenta… pero vamos, fue una época preciosa.

P. ¿Cómo es tu relación actual con otros profesionales de la fotografía o el audiovisual?
R. Me enriquece mucho. Conozco tanto a gente de la vieja escuela como a alumnos de talleres que están empezando, o los que salen de la facultad interesados en la fotografía. Me enriquece porque así tengo una perspectiva histórica. Como no tengo que trabajar a diario en ello, no me vicio. Contemplo lo que ocurre desde fuera, me puedo permitir hacer las fotografías porque quiero, porque realmente no lo necesito.

P. Aparte de la labor profesional. ¿Qué tipo de actividades has realizado o participado?
R. La fotografía ha sido algo personal y no tanto como algo para ganar dinero. Mi trabajo actual me permite complementarlo, en ocasiones, con cursos de pregrado que imparto en la propia universidad o con talleres de fotografía.

Cuando salimos del instituto, hubo una época en la que montamos un colectivo que se llamaba ‘Carpe Diem’, con el que hicimos un montón de exposiciones. Desde entonces nos gustaba ir mucho a las manifestaciones, que coincidió con varias huelgas generales de los noventa, acampamos en la Plaza de la Marina por el tema del 0,7… Siempre me ha interesado la fotografía social, en el aspecto de reivindicaciones sociales. Pero si me preguntan por el tipo de fotografía… creo que hago fotografía documental. Porque hago fotos de cosas que ocurren, que me llaman la atención y que me gusta registrar. He publicado algunas en exposiciones, en periódicos… he hecho un poco de todo. Por ejemplo, cuando se inauguró el pabellón de deportes de la UMA, la acompañaron de una exposición mía y yo ni trabajaba aquí. Luego dejé de participar en exposiciones, salvo en una que hice con los compañeros técnicos de la facultad para Galería Central (en la facultad de comunicación de la UMA).

P. Cuando terminaste de estudiar, ¿sabías realmente lo que querías hacer?
R. Pues quería saber de todo. Me atraía el hacer fotos, las modelos, las chicas guapas, los viajes, la aventura… pero lo que más era el hacer fotografía de guerra. Hubo un momento en el que el hombre que me arreglaba las cámaras me dijo que yo valía para esto y que me fuera para Sudamérica, que necesitaban corresponsales gráficos. Por un momento lo pensé, pero como tenía la suerte de seguir trabajando en las productoras, no me arriesgué. Luego aprobé las oposiciones para entrar en la facultad.

P. ¿Te arrepientes de no haber seguido ese camino?
R. La verdad es que no. Cuando obtuve mi plaza yo ya estaba casado. Ni siquiera me creía que la había conseguido. En una profesión tan mercenaria como es el audiovisual, la gente cambia mucho de trabajo, a no ser que tengas un puesto en la televisión autónoma o nacional. Lo normal es cambiar mucho de productora, como estuve haciendo durante diez años, o hacer una boda un fin de semana, luego un programa de televisión o en el corazón haciendo guardias en la puerta de la casa de Antonio Banderas. En un momento hasta pensé en subir a Madrid y buscarme la vida como director de fotografía.

Tuve suerte de trabajar en varias series de Canal Sur como Deporte para todos o Al sur Granada que duró un año, viviendo y trabajando en Granada (la serie de mayor presupuesto que ha hecho Canal Sur, una delicia). En el que estuve más tiempo se llamaba Andalucía Turismo, dando vueltas por Andalucía durante seis años haciendo reportajes cortitos en los pueblos. A mi me soltaban en los pueblos y me decían: “este pueblo no tiene plano general, a grabar”.

P. No te fuiste a explorar Latinoamérica, pero sí lo hiciste por nuestra región.
R. Andalucía es la caña. Tiene una variedad infinita. Te lo venden como que tiene muchas posibilidades y es cierto. Puedes estar en un desierto, en una zona de mucha vegetación, en un bosque antiguo, la nieve… y todo casi de un momento a otro. La verdad es que Andalucía mola que te cagas.

P. Si tuviera que elegir el mejor momento de tu carrera o como aficionado. ¿Cual sería? ¿O cual considerarías el maś gratificante?
R. No sé me ocurre nada ahora… Es una profesión tan intensa… (se lo piensa un buen rato, mira las fotografías en el tablón de su escritorio)

P. Por ejemplo, estuviste participando en un proyecto en Mali.
R. Sí, fuimos a hacer un documental sobre la ablación a un poblado llamado Sama del sur de Malí con la asociación Mujeres Solidarias a través de la Universidad. Muy gratificante y muy importante para mi, es cierto. Conocí otra cultura y se cayeron todos los prejuicios hacia África. Aquí te puedes caer muerto en la calle que nadie te hace caso, y en Madrid ya ni te cuento, que una vez me caí en el metro y la gente pasaba por encima, les daba igual. La hospitalidad en Mali era alucinante: allí eres su huésped y son capaces de dar la vida por ti. Lo que nos venden los medios sobre la religión, que si son todos unos extremistas… ¡mentira! Tienen una mezcla entre el islamismo que está entrando poco a poco, el cristianismo que les impusimos desde Europa y la suya tradicional. Una mezcla de ritos con un buen rollo que te cagas. Eso me sorprendió. Conocí a mucha gente interesante y agradable. Son machistas y unas tradiciones un poco chocantes para los occidentales, pero la hospitalidad que te transmiten, no tiene precio.

Yo siempre he trabajado mucho y trabajando he acabado en sitios muy interesantes. Otra experiencia gratificante fue la primera vez que esquié. Grabábamos un episodio en Granada, en la nieve y yo no sabía esquiar, así que no me metí en alta montaña con mis compañeros, que ellos sí sabían. Empecé a practicar un poco, pero aún así no tenía ni idea. Un día subí con ellos y la grabación se retrasó hasta las 19:30. Al final solo podíamos bajar esquiando. Fue alucinante, bajando junto al río, escoltado por todo el equipo. Terminando el recorrido ya me vi tan suelto, que intenté derrapar y me pegué una ‘papa’, que di quinientas volteretas.

P. ¿Y si tuvieras que elegir un mal momento?
R. Pues ahora mismo recuerdo dos. En uno de ellos era muy jovencito. Estabamos grabando escalada en el Caminito del Rey, que ahora está cerrado y tampoco estaba mejor que ahora. La noche anterior me fui de ‘parranda’, sin dormir enganché la noche con el día. Estaba enganchado como en una vía ferrata grabando aquello como ayudante. Estaba casi dormido y a veces pensaba que me iba a matar. Yo sé asegurarme, pero estaba atado a más gente, cargando una Betacam de 12 kilos…

P. Claro, todavía no había GoPro.
R. (Risas) ¡Claro, qué va a haber GoPro! ¡Una Betacam de 12 kilos en mitad de la montaña! Pegué un par de cabezadas y lo pasé muy mal, pero me lo merecía, jamás lo he vuelto a hacer. Otro momento malo fue uno muy triste, cuando estaba grabando lejos de casa y falleció un tío mío al que yo quería mucho. En aquel momento no había teléfonos móviles y en mitad del viaje pudieron localizarme para comunicármelo. Sentía que estaba muy lejos de mi familia, con la que he estado siempre muy unido. Fue el momento en el que se terminaba mi adolescencia y tienes más en cuenta cuando va falleciendo miembros de tu familia.

Como fotógrafo también tuve una mala experiencia. En 1992, trabajando para una empresa hacíamos vídeos y fotografías de obras como el de la construcción del Parque Tecnológico de Andalucía y del seguimiento de la autopista de peaje de Málaga a Marbella. Para la construcción del lugar donde está actualmente la feria, hice fotos de gran formato durante muchos días para registrar el progreso de la obra. Entonces llegaron los feriantes y empecé a hacer fotos de cómo montaban las atracciones. No sé qué tipo de mafia pudo haber allí que, de repente, un BMW y un Audi se cruzaron derrapando delante de mi y me salieron dos tiparracos preguntándome que si estaba haciendo fotos allí. Se me cortó el cuerpo. Ha sido la única vez en mi vida que yo saqué los carretes, los velé y se los dí. Mi vida no vale unos carretes.

P. Fue un mal encuentro, como alguno con la policía.
R. Pero una cosa es la ley y luego la ley de la calle en la que lo importante es sobrevivir. La policía creo que no pueden pedirte ver las fotos, porque es propiedad privada… Otro mal momento fue cuando me llegó la multa el otro día, claro.

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LA MULTA DE LA SUBDELEGACIÓN DE GOBIERNO

P. ¿Cómo fue el encuentro con la policía?
R. Fue cordial, no fueron ni violentos ni maleducados. Ese día, el 12 de septiembre llegaba de un curso de fotografía, quedé con un amigo, nos encontramos una concentración y me quedé por allí un rato. Había cuatro furgonetas de la Policía Nacional. No intervinieron en ningún momento, salvo al final, cuando pasaron a identificar. Previamente preguntaron a los manifestantes si tenían permiso. A mi se me acercó un policía que me pidió la documentación pero sin preguntar si venía de prensa, algo que tampoco importa porque es la misma ley la que ampara a todos, en cuanto al derecho de información. Tenemos derecho a elaborar y recibir información veraz, lo mismo que tenemos derecho a la vivienda. Aunque no hagas información, puedes hacer una foto y punto y eres libre de difundirla o no.

El policía fue correcto, estuvimos hablando un rato y creo que me quería dar a entender su preocupación por lo que yo iba a hacer con la foto porque, según él, “luego se miente mucho”. Se entiende cuando existe algún tipo de conflicto, pero en aquella ocasión no pasaba nada, solo pidieron la documentación a los que creían que eran instigadores de la concentración. Es normal que se preocuparan, porque puedes hacer un uso indebido del material, como coaccionar o tener represalias contra un agente, cosa que hasta día de hoy no he hecho. Es más, cuando saco alguna fotografía de un policía los saco de espalda o de lejos, o por cortesía difumino la cara. Pero no tiene ningún sentido, porque eso se puede demostrar a posteriori. Jamás he tenido problema con la policía, no tengo ningún tipo de antecedente. No sé si a partir de ahora seré bienvenido en una concentración, si irán a por mi o, al contrario, me respetarán más por hacer prevalecer mis derechos como ciudadano.

P. Según has comentado a algunos medios, la policía no te avisó en ningún momento de que pudieses ser multado.
R. La policía se comportó correctamente, pero en ningún momento me dijeron que iba a ser sancionado.

P. ¿Cómo fue tu reacción al leer la carta? ¿Te lo podías creer?
R. Flipé. En principio pensé que sería una multa de coche, por algún radar, aunque no suelo correr… No te puedes esperar una multa cinco meses después por haber estado allí. Para nada. La sensación fue entre tener que pagar los 400€ y de preguntarme cómo defenderme, porque es la palabra de la policía contra la tuya. Un follón: informarte, buscar un abogado que te asesore bien, redactar las alegaciones, registrarla… ¿y ahora qué? Un proceso en el que ellos contestan o archivan la denuncia y al que yo voy a llevar hasta el final, porque esto no debería ocurrir más. Seguramente se ratificarán en la acusación, tendré que hacer una propuesta de prueba, aportar el tesmimonio de mucha gente, porque siempre prevalece la del policía. Yo solo conocía a una de las chicas de allí reunidas, una alumna de la facultad. A partir de la difusión de la historia, he conocido a algunas más. Multaron un total de seis personas además de mi aquel día.

Esto en realidad forma parte de un plan para que la gente no salga a la calle, proteste y que, mucho menos, registre lo que ocurra. En total, que no se vea nada. ¿Qué tipo de democracia es esta en la que no hay transparencia? Si la gente no puede salir a protestar a la calle, ni grabar vídeos o hacer fotos en este tipo de actos, es que algo quieren ocultar. Lo entiendo en otro tipo de casos de investigación o protección de testigos, pero estamos hablando de gente en la calle.

P. A ti no sólo te acusan de haber tomado fotografías.
R. No me pueden acusar de hacer fotografías en la vía pública porque es legal, salvo que ponga en peligro alguna operación policial. Así que me acusan de ser uno de los promotores de ese evento apoyándolo con un reportaje fotográfico. Lo último no tiene mucho sentido, porque realizar un reportaje fotográfico de cualquier evento es legal. En ese caso, si haces una foto de una persona que agrede a otra, ¿estás colaborando en ello? No, eres un testigo. No te pueden achacar la responsabilidad de lo que ocurre. De ese modo, la prensa estaría colaborando en todo momento a cualquier cosa que graben y difundan. Encima, en este caso, yo ni siquiera difundí imágenes.

P. En una entrevista decías que las fotos no te salieron muy bien.
R. Las fotografías eran malísimas, salieron movidas. Si hubiese estado alguna chula, como he hecho otras veces, la habría subido por las redes sociales.

ACTIVISMO Y FOTOGRAFÍA

P. En el caso de esta manifestación, estabas solamente de paso, pero te sientes identificado con algunas de ellas.
R. Por supuesto. Tengo que dejar claro que tengo dos tipos de actidudes. Normalmente, si voy de fotógrafo, estoy fuera y no llevo pegatinas, ni canto coros, ni hablo mucho con la gente. Si tengo algo que reivindicar, voy dentro de la manifestación, sobre todo si voy con mi mujer y mi hijo, como en la Marea Verde o la Marea Naranja (en la que participa mi mujer, que es trabajadora de servicios sociales). Estamos viviendo una época muy complicada y hay que salir a la calle.

P. Has asistido a manifestaciones desde hace muchos años, no únicamente desde la explosión del 15M. ¿Crees que este tipo de actuación por parte de la policía de identificación y multas ha proliferado a partir de entonces?
R. Totalmente. La ley es la misma que la de hace unos años. La que llaman la ‘Ley Mordaza’ no ha salido aún. No la he mirado bien, pero he leído que nos impedirá hacer fotografías directamente, se recortan los derechos de manifestación, de reunión… Volver a la ley franquista pura y dura. No quieren que salga la gente a la calle, porque no paran de poner multas. Por la crisis la gente no tiene para comer, ¿van a pagar una multa? Se lo van a pensar dos veces antes de salir a la calle a protestar. Lo que está pasando ahora, no lo he visto en mi vida.

P. ¿Cuando empezaste a fotografiar manifestaciones?
R. Mi trabajo ha sido muy absorbente hasta que cumplí los treinta, así que no he podido participar mucho. Me hubiera encantado participar también en el 15M, pero permanecí al margen porque mi hijo nació pocos días antes. Más tarde, me pude enganchar poco a poco haciendo fotos. También he hecho más fotos de corte documentalista y social mientras tanto.

P. ¿Esa parte documentalista tuya ha aumentado desde entonces?
R. Mucho. Porque es lo que más me atrae, me llena. Una cosa que también me gusta muchísimo es hacer fotografía nocturna y paisajes. Con la fotografía documental, vas buscando el momento sin intervenir en ello.

También me atrae porque veo que el poder se ha quedado descolocado. De repente, hay gente que pacíficamente se organiza de manera espontánea y se coordina sin jerarquía, a través de asambleas coordinadas hasta el punto de que podrían crear su propio Estado. Ha descolocado tanto a la sociedad porque es peligroso. Mi teoría es que han visto que es gente formada, que han salido al extranjero… pues nada, el Erasmus ‘a tomar por saco’, crear peones en lugar de universitarios. Al final el sur de Europa se convertirá en una China, con trabajadores baratos. Si vemos la gente que tenía pasta al principio de la crisis ahora tiene más todavía, y los que tenían menos, tienen menos aún. ¿Quién ha salido beneficiado de todo esto? Ni siquiera los políticos, sino las grandes empresas que están por encima. Son las que manejan el cotarro, tienen más beneficios que antes, les viene bien construir el suburbio aquí para conseguir mano de obra barata. Es lo que creo.

P. Parece que ahora está todo a tu favor para poder hacer fotografías que te llenen.
R. (Risas) La verdad es que ahora manifestaciones hay muchas. Hablando con el instructor de este caso, me comentaba que de 200 ó 300 manifestaciones al año, han pasado a ser más de mil.

P. Has llegado a fotografiar alguna protesta organizada por trabajadores de la Universidad de Málaga, como la visita reivindicativa al rectorado de la UMA llamada ‘Querida Maga Rectora’ para evitar el despido de tres trabajadoras. ¿Te han llamado la atención la alguna por haber sido testigo y difundir fotografías del evento?
R. Nunca. Precisamente en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, fui uno de los que propusieron la creación de una especie de medio de comunicación independiente para coordinar la información que salía de la universidad en lo relativo a las demandas que surgieron por la Ley Wert, que ya está aprobada, y a la Marea Verde. De hecho, incluso hubo colaboración para ceder espacios y equipamiento. Fueron unos meses en los que hubo implicación, pero acabó diluyéndose por los propios participantes. Antes había más protestas en la universidad, ahora parece que no pasa nada.

P. Si de tu propio lugar de trabajo no recibiste increpación alguna, ¿te ibas a imaginar alguna vez que recibirías una multa por asistir a una protesta?
R. No, la verdad es que no. Si hiciera alguna foto de algo que no me llaman… Alguna vez he tenido sensación de peligro, pero de indefensión, nunca. Recuerdo la huelga general del 94, cuando la policía cargó con botes de gas lacrimógeno y pelotas de goma (tengo fotos sin publicar) y ni en ese momento tuve la misma sensación de indenfensión. Se supone que la policía está para cuidar de ti.

DESPUÉS DE RECIBIR LA MULTA

P. ¿Desconfías de los cuerpos de seguridad después de esto?
R. Tengo amigos policías y de la Guardia Civil… y aún así, ya no me fío de la policía. De hecho, el sábado bajé al centro a ver el carnaval con mi hijo y mi mujer, veía la policía y ya, bueno… Además, llevaba la cámara y pensaba que podría encontrarme al mismo policía. Se te queda la mosca detrás de la oreja.

P. ¿Calificarías tu caso como de abuso policial o es solo un toque de atención?
R. En la conversación con el agente pude entrever o sacar como conclusión que ellos cumplen órdenes. Los políticos dan la indicación de hasta donde pueden llegar. Según tengo entendido, no cargan hasta que un político les dice que lo hagan. A no ser que la cosa sea muy evidente. La policía a veces ha aguantado cosas que no eran necesarias y otras veces se han sobrepasado. De todas formas, no entiendo como pueden desalojar a porrazos a gente que está sentada pacíficamente o encadenada. No, caballero. Usted coge educadamente uno a uno, como he visto hacer muchas veces, los levantas con cuidadito y los vas moviendo. En las manifestaciones hay niños, personas mayores y a los jóvenes también nos duele que nos peguen con la porra, aunque a mi nunca me han pegado, ni siquiera empujado.

P. Concretamente en tu caso, ¿lo consideras un abuso o no?
R. No se lo achaco directamente a la policía, sino al Subdelegado de Gobierno, que es el que tiene potestad para sancionar. A él le llega la propuesta de sanción. La policía tiene orden de evitar que ocurran poniendo multas, otra cosa no pueden hacer. Algunos lo harán con más o menos gusto, pero yo creo que es una decisión política.

P. ¿Has encontrado otros casos parecidos al tuyo?
R. No he tenido tiempo para investigar sobre el tema. Hace un rato vino a hablar conmigo una chica que se asustó porque una vez le pidieron el carnet mientras hacía fotos en una manifestación. A ella no le ha llegado ninguna una multa y fue antes del verano. En Málaga, han multado ya a más de cien personas por asistir a actos no comunicados. Lo curioso de esta historia es que yo soy un ciudadano que hace fotografías, dejémoslo ahí, ya haya trabajado en medios o no. Es un caso especial, peligroso y que puede sentar precedente. ¿Dónde está el límite? ¿Tienes que estar identificado como prensa?

P. Una fotógrafa también tuvo problemas por fotografíar policías y al final ganó el juicio, que servirá de precedente. ¿Lo vas a llevar a juicio si hiciera falta?
R. Es un caso diferente. A ella creo que la detuvieron y la policía le pidió que borrara fotografías. Mi intención es, aún archivándose, seguir con esta reivindicación para que se conozca, para que la gente sepa qué es lo que vota, lo que se dice y qué está ocurriendo a muchos ciudadanos porque se están recortando nuestros derechos. Esto es una barbaridad, es intocable. El derecho de reunión, de expresión son aspectos básicos de la Constitución. Aunque se archive, voy a seguir adelante en el sentido de que se sepa, de que nos conozcamos todos, poner en común lo que está ocurriendo y busquemos soluciones. Que no siga hacia adelante. Que la gente diga “hasta aquí hemos podido llegar”. Los partidos políticos son los que hacen las leyes, no la policía. Si me siguen multando, igualmente haré todo lo posible por recurrir, aportaré pruebas e iré a juicio aunque me cueste el dinero.

P. No te lo piensas dos veces, seguirás haciendo fotografías.
R. Precisamente el sábado estuve haciendo fotos en otra cosa. Y si llegara el momento en que yo tuviera que pagar esto, afortunadamente, lo puedo pagar. Aunque nos han recortado el sueldo a mi mujer y a mi durante los últimos años, todavía puedo pagar la comida, la hipoteca y la gasolina. Y el agua, que se está poniendo muy cara. Y la electricidad… ¡Díos mío! ¡menos mal que gas no tengo! (risas)

No soy de participar en concursos de fotografía ni hacer exposiciones. Soy como más intimista. Quizás pueda hacer una subasta benéfica vendiendo fotografías mías, para recaudar el dinero de la multa. No quiero que me den un euro, quiero coger veinte o treinta fotografías que me gusten, firmadas, etc. Y venderlas o subastarlas. El otro día me dijeron de hacer un Goteo.

P. ¿Qué tal la idea de editar un libro?
R. Sí, esa es otra opción. Hace tiempo inicié un taller de fotografía sobre la crisis, en la que cada alumno hacía como una serie de fotos. Se quedó ahí en el tintero y quizás sería interesante retomarla. Tengo fotografías de manifestaciones, de casas ‘okupas’, de movimientos de los noventa… Estoy en shock todavía, no he tenido tiempo de pensar si hacer una exposición o un libro, no sé…

P. Alberto Garzón, diputado de Izquierda Unida, llama a la desobediencia civil ante leyes injustas. ¿Podría ser una solución que en las manifestaciones todos fotografiaran a la policía?
R. Se podría convocar a todos los fotógrafos a una manifestación de la Subdelegación del Gobierno, con sus cámaras y como va a estar allí la policía… si es que encima en Málaga no hay ni enfrentamientos con ellos… pues que todos se pongan a hacer fotos a la policía, ejerciendo una reivindicación de nuestros derechos. En principio no hay ninguna inquina en contra de la policía, ellos son funcionarios públicos, igual que yo. Somos trabajadores de la sociedad. Ellos para cuidar de la sociedad y yo para contribuir a educarla. Estamos en el mismo barco. No tienen por qué sentirse ofendidos. Al final, parece que están protegiendo a unos caciques. En cierta medida pueden llegar a jugar ese papel. He estado hablando con el fotógrafo malagueño Pepe Ponce, que está muy indignado. Hemos pensado que, cuando se calmen los ánimos, podemos reunir a todas las partes: fotógrafos, prensa, asociaciones ciudadanas, delegación del gobierno y algún representante policial. Creo que el Ateneo de Málaga sería un sitio neutral para llevar a cabo un encuentro.

P. ¿Te has visto apoyado?
R. Por casi toda la gente que conozco. De hecho, el viernes subí la pieza que hicieron para Andalucía Directo a redes sociales y ya la han compartido cuarenta personas. He recibido mucha solidaridad y casi todos están abiertos a hacer alguna reivindicación. Pero habrá que hacer algo interesante, no una cacerolada.

P. En las redes sociales han surgido varias discusiones entre profesionales y periodistas. ¿Qué conclusiones sacas?
R. Las aportaciones han sido bastante buenas. Sí hay cierta distinción en la profesión sobre las diferencias entre fotografía de prensa y a lo que se le puede llamar aficionado o ciudadano, temas de intrusismo, algunos comentarios clasistas, que seguramente yo los haya tenido en el pasado. En general, la gente ha alucinado y prestan su solidaridad e incluso dan información, envían casos parecidos. No me esperaba este arropamiento.

P. Incluso en los medios.
R. No, no me lo esperaba. Nunca había salido por la radio. Ni me habían hecho este tipo de entrevistas. Bueno, una vez me entrevistaron los del programa Gente por el calendario aquel que hicimos en el que salían estudiantes de la facultad desnudos. Para eso sí, y hace ya muchos años.

P. Quizás lo mejor sería dar siempre entrevistas por temas positivos y no haber llegado a este punto.
R. Claro, cosas buenas y positivas, que para lo malo ya está la vida real.

“LA PROTESTA SE QUEDA EN EL BAR”

Aunque este mundo es muy mejorable y que hay que cambiarlo con pequeños detalles, educando a nuestros hijos, hablando con la gente de nuestro alrededor y siendo solidarios que el mundo está muy faltito de amor. Cuando eres padre piensas “¿qué mierda de mundo le vas a dejar a tu hijo?”. De cachondeo con los colegas digo que voy a educar a mi hijo como John Connor de Terminator: preparado para vivir en un apocalipsis nuclear. En lugar de enseñarle trigonometría, le voy a enseñar a vivir en la naturaleza, primeros auxilios, como plantar… (risas) Porque si hace veinte años las cosas estaban de una manera, no veo que se haya avanzado. Vamos para atrás en muchas cosas. Como en derechos sociales, en el bienestar de todo el mundo, el abismo entre los que tienen dinero y los que no, la radicalización de las religiones, acabamos siempre en guerra… La guerra que tenemos ahora es económica. En lugar de mejor, vamos a peor. ¡Y la culpa es nuestra! Es nuestra responsabilidad eso de ir a votar cada cuatro años y desentendernos. El otro día me dijeron que “ya no se trata ni de izquierdas ni de derechas, sino de democracia y dictadura” y nos estamos acercando más a una dictadura que a una democracia real ciudadana. La gente protesta, pero la protesta se queda en el bar. Luego no asisten a manifestaciones, no se implican. Es un “boom” que se desinfla. Seguramente explotarán luego cuando no haya para comer y comenzará la violencia, con la que no estoy de acuerdo, aunque la entiendo. Yo creo en la resistencia pacífica y, en un momento dado, desobediencia civil. Una cosa es la ley y otra la justicia. Yo soy más de Ghandi.

P. Ya que hablas de la protesta del bar, ¿sientes que algún día tu hijo podrá decir que su padre no se quedó en el bar porque no paraba de hacer fotografías de lo que estuvo ocurriendo?
R. Efectivamente. Me alegra mucho que me hagas esa pregunta, porque lo hablo mucho con mi pareja. No es que hayamos participado activamente, pero he hecho un registro documental durante los últimos años. Mi mujer, por su parte, ha participado en la Marea Naranja. Nosotros podemos decirle a nuestro hijo que no nos hemos quedado de brazos cruzados. Y verá los hechos. De hecho, me lo llevo a las manifestaciones y alguna vez le he hecho alguna foto. Por lo menos sabrá que he hecho lo que estaba en mi mano. “Tener un hijo es una gran responsabilidad”, lo decía mi padre y lo digo yo ahora.

 

Fotografías: Isabel Vargas López

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