El valor de la palabra

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Le ruego, estimado lector, que me permita, antes de empezar hoy en estas líneas, alejarme un poco de lo que ha sido la tónica de mis artículos en esta publicación y hablar simple y llanamente de la palabra. Todos los humanos hacemos uso de la palabra para comunicarnos y nuestros mensajes se constituyen de mayor o menor número de palabras. Con la palabra expresamos nuestros sentimientos, nuestras preocupaciones y nuestros pensamientos; mediante la palabra nos enamoramos, nos indignamos, nos emocionamos y mostramos lo más profundo de nuestro ser. También, mediante la palabra, más de una vez a lo largo de nuestra vida hemos dado y hasta empeñado nuestra palabra o nos han acusado de no tenerla; de la misma manera hemos pedido alguna vez la palabra para intervenir en una conversación. La palabra forma parte de nuestras vidas y a través de ella vamos dando forma a nuestras vidas.

La palabra, tanto en su forma oral como en su forma escrita, ha propiciado la transmisión de nuestras tradiciones de generación en generación: experiencias, leyendas e información con diversa funcionalidad. Así surgieron la mitología y la literatura, esta última con sus grandes obras, reflejo de la historia y de las distintas sociedades. A través de la palabra se ha forjado la religión: se han creado dioses y mediante la palabra se ha fomentado el miedo y respeto a ellos. La palabra ha plasmado la autoridad y el poder de las élites, conseguidos gracias a la acumulación de riqueza en sus manos, en forma de leyes para regirnos y gobernarnos.

La palabra puede expresarse por diversos medios y para diversos fines. En la imagen, manifestación cartista en Inglaterra
La palabra puede expresarse por diversos medios y para diversos fines. En la imagen, manifestación cartista en Inglaterra

La palabra, como herramienta para comunicar nuestros deseos e inquietudes, ha sido a menudo ahogada con sangre a lo largo de la historia. Personas que se levantaron y alzaron la voz para reclamar cambios, para exigir libertad o respeto a sus derechos fueron numerosas veces acalladas con violencia. El sacrificio de estas personas al usar la palabra hizo posible que hoy en día disfrutemos de los derechos y libertades que tenemos, al menos en el mundo occidental  y, por supuesto, con matices. Estos matices en nuestros derechos y libertades hoy en día existen debido a que tenemos dirigentes que no tienen palabra y han faltado, de hecho, a su palabra; debían defender los valores del sistema que les da sus cargos y los derechos de los que representan. Sin embargo, sólo protegen a los poderosos, de los que ellos son meros títeres junto a los medios de comunicación afines. Así ellos, mediante la palabra, nos manipulan, confunden e idiotizan para manejarnos a placer.

A pesar de todo ello, y permíteme, querido lector, tutearte, no todo el panorama está tan negro. La palabra sigue ahí, empúñala como un arma y exprésate. Tanto con tu voz como con tu pluma, saca todo lo que tienes dentro. No permitas que hablen por ti, que decidan por ti; no dejes que piensen que eres un pelele con el que no es necesario contar. La palabra siempre ha estado al alcance de tu mano para que la uses como gustes, siempre lo ha estado. Esgrímela y cuestiona todo lo cuestionable, no te calles nunca. Otros muchos lo hicieron en el pasado estando en peores condiciones para ello, y gracias a su esfuerzo somos lo que somos hoy en día. Por ellos, por nuestro presente y por nuestro futuro, tenlo siempre presente: ahí tienes la palabra, úsala.

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