¿Qué hacemos con Maisie?, los ojos de la inocencia

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Maisie1¿Qué hacemos con Maisie? es otra de esas joyas estrenadas con dos incomprensibles años de retraso en nuestro país y que seguramente pasará sin pena ni gloria por nuestras pantallas entre la avalancha de grandes producciones en pugna por el Oscar. Sin embargo quien guste de las historias sencillas y emotivas pero con una perspectiva y elegancia muy alejadas del melodrama lacrimógeno de sobremesa hallarán colmadas sus esperanzas en esta producción indie. Sin contar nada nuevo, de hecho se trata de una adaptación libre de una novela de Henry James, la película  es capaz de romper el corazón del espectador más duro en esta suerte de puesta al día de Kramer contra Kramer que gracias a su honestidad queda muy por encima de aquel éxito setentero que no era más que precisamente un telefilm adelantado a su época con dos grandes actores.

El truco o el brillante acierto de los dos directores de ¿Qué hacemos con Maisie?,  Scott McGehee y David Siegel, consiste en hacernos ver toda la historia desde los ojos de la pequeña Maisie. Absolutamente todo lo que ocurre durante la película es visto desde la mirada inocente y perpleja de la niña, interpretada de manera increible por Onata Aprile, una actriz de tan solo seis años capaz de transmitir tantas cosas que consigue que te enamores de ella inmediatamente. Creo que es la mejor interpretación infantil que he visto en mucho tiempo. Este cambio en el punto de vista hace que todo lo que pase te duela o te indigne más y que observemos de manera cruda lo ridículos y egoístas que somos los adultos. Resultan inmensamente conmovedores y descorazonadores los intentos de Maisie por mantener intacto su mundo de pureza e inocencia, su castillo de infancia que nadie debería asaltar jamás, frente al ruido y la furia de sus progenitores.

Los adultos están interpretados de manera más que notable por Steve Coogan como el mezquino padre, todo unmaisi2 cretino en su mayor expresión y por la grandísima Julianne Moore que deja otra de sus memorables actuaciones en un papel tan incómodo para ella que llega a resultar hasta odioso. La parte adulta más amable se la llevan unos más que correctos Alexander Skarsgard y Joanna Vanderham. ¿Qué hacemos con Maisie? es una  muy excelente y honesta propuesta que invita a reflexionar sobre la responsabilidad de ser padres y lo que legamos, de por vida, a nuestros hijos y que desmonta de manera brutal ese tópico de que los niños no se enteran de nada, todo lo contrario se enteran de todo, de demasiado. En este sentido cobra mucho sentido el título original del film y de la novela, What Maisie Knew, aunque el español también sea acertado al ver como la pequeña es casi literalmente zarandeada de aquí a allá como una carga molesta y fastidiosa que no se sabe donde depositar. Estremece la manera en que los padres ven en su hija un incordio que les impide continuar con unas vidas construidas al margen de ella y que no están dispuestos a cambiar.

maisie3Es posible que la deriva que va tomando la historia y su parte final puedan resultar inverosímiles o previsibles, más aún tras la demoledora primera parte, sin embargo a mi entender toda esa segunda parte funciona como óptimo vehículo para poner en tela de juicio la tan cacareada autoridad moral y el legítimo derecho de los padres biológicos frente al amor incondicional y sin fisuras de quien no comparte un ápice de tu sangre. De todas maneras en ¿Qué hacemos con Maisie? importa menos la historia que el cómo o desde dónde y, en mayor parte, la huella futura que dejará esa historia. Algo que queda muy bien reflejado en ese momento de respiro convertido en falso y momentáneo final feliz.

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