Escalera de color

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Saludos, terrícolas. Enero ha terminado con fuerza aunque con el mismo ánimo intranquilo de 2013. Todo sigue quedando en el aire a la espera de que el fulminante febrero traiga nuevas buenas.

Una de las desapariciones más notables de estos siete días fue la destitución de Pedro J. Ramírez, director hasta hoy, primer domingo de febrero, de El Mundo. Aunque pudiera parecer una película de mafiosos, no lo han aniquilado, lo han “dejado en un segundo plano”, que profesionalmente es lo mismo. Al respecto, algunos vieron una conspiración contra la libertad de prensa desde las altas esferas; otros, un mero descarte de un sueldo demasiado alto para los tiempos que corren. Una destitución que tendría que investigarse, al igual que cualquier despido en España. Cada uno que se convenza con la opción que mejor le suene.

En cuestiones de argumentos, la convención nacional del PP en Valladolid fue un desglose de intenciones en vez de mostrar los hechos. Entre almuerzos, vítores y aplausos de dudosa intención, Mariano Rajoy y el resto de líderes de currículum se las tuvieron que ingeniar para convencer a su familia de que todo va bien, que su programa sigue su curso –siempre y cuando lo permita la herencia del PSOE- y que hay mantener unidos a los fieles de la gaviota. Cuando te cuesta convencer a los tuyos, Houston, tienes un problema.  La lista de propósitos sigue en blanco y la única batalla que les queda por perder se centra en el aborto, una ley que cada Gobierno hace y deshace con facilidad durante su mandato.

Sin embargo, los votantes del PP, pero los de verdad. No me sirven los antiguos votantes del PSOE que, ante la falsa ilusión de ríos de miel y lluvia de maná, cogieron la papeleta azul en las urnas.  La población que verdaderamente siente los colores de su equipo, ahora tiene una alternativa a medida. VOX se levanta como una opción para recoger a todos votantes desconsolados o así lo muestra en el programa que venden, que no deja de ser una macedonia basada en las carencias del resto de partidos nacionales, con una clara tendencia hacia la derecha.

Si a este coctel le sumamos la cara de José Antonio Ortega Lara, mucho mejor. En ningún momento, reniego de lo inhumano que es secuestrar a una persona, sobre todo cuando los artífices del acto son el grupo terrorista más sanguinario que ha campado por las tierras españolas. Sin embargo, en estas circunstancias, el peligro aparece cuando de mártir de la nación puede convertirse en la mascota de un partido político. Es decir, un elemento publicitario más en una campaña electoral. De esto sabe bien UPYD, que contó con Toni Cantó, como la cabra que baila al son de un pianista callejero y que ahora, duerme en las catacumbas para que no pueda soltar una de sus becerradas carismáticas.

En el otro lado del ring, apareció hace unas semanas Pablo Iglesias, presentando su proyecto Podemos. En este partido, que no se define como tal, el televisivo profesor de la Complutense pretende retomar las cenizas del 15M y resurgir la llama que en su momento tuvo. A pesar de todas las buenas intenciones e ilusiones, este proyecto puede pecar, tropezando con la misma piedra que el resto de organizaciones de la izquierda española, es decir, la falta de forma.

Tal y como ocurrió con los reunidos en 2011 en la Puerta del Sol, les faltó una estructura. La atomización del grupo fue la debilidad, a pesar de que lucharan contra el concepto de líderes, los necesitaron. Se negaron. Se disolvieron. Todo quedó en pequeñas motas de pólvora que se han incendiado muy de vez en cuando, como es el caso de la última llamarada en Burgos. Esperemos que aprendan rápido de los errores cometidos.

Personalmente, me dan miedo las posiciones radicales. Los extremos suelen negar el consenso, que es la raíz de la democracia. Sin embargo, la aparición de estas nuevas alternativas me da esperanza en vuestro país. No me baso en mis preferencias y los dudosos programas que defiendan, sino en la diversidad como concepto. Tenéis que desechar el bipartidismo como única opción de liderazgo. Reunid todos los argumentos de voto y estudiadlos. Que se amplíe la gama de ofertas, aumentará la exigencia de los votantes, que es lo que más hace falta entre la población, el poder de pedir, reconocer que los políticos son empleados a vuestro servicio más allá de los mítines. Exigid al máximo, es vuestro papel como jefes.  No votéis nada que no conozcáis. El cambio está de vuestra parte. Hasta la semana que viene y un abrazo marciano.

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Cordobés a mucha honra, Paco Garrido se licenció en 2010 en Comunicación Audiovisual en Málaga. Desde entonces ha trabajado para distintos medios locales como Diario Córdoba o El Día de Córdoba, con el que continúa colaborando. Además, también desarrolla su actividad en el ámbito digital, como es el caso de la revista para IPad, Actualidad7, o el canal del Youtube de Objetivo:Cine.

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