Carne de frontera

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Saludos, terrícolas. Resulta paradójico que cada vez haya más humanos que quieren aislarse; sobre todo, cuando el planeta tiende a globalizarse. Globalización es un término que se usa muy alegremente y sin ningún tipo de pudor.

El ser humano, antes de que se centrara en una vida sedentaria, vagaba por el planeta siguiendo a sus presas o buscando las mejores tierras de cultivo. Los tiempos han cambiado desde esos hombres en taparrabos. Cuando las presas son  puestos de trabajo y éstos escasean, toca rellenar la maleta y ser carne de frontera. No voy a buscar los culpables de cada territorio, cada uno que mire a su ombligo y vote a quien quiera.

Una situación similar ocurre en Europa. Muchos de vuestros abuelos tuvieron que huir de la pobreza montándose en un barco o en un tren. Ahora, la historia se repite en sus nietos salvando las distancias de los contextos y los currículums.

La creación de la Unión Europea proyectaba la imagen de unidad y de prosperidad del viejo continente. El poder de la cantidad y de los números. La movilidad de la población entre los distintos países se convirtió en uno de los principales pilares del organismo. Sin embargo, como en cualquier película de terror, el grupo piensa en repartirse por la casa embrujada para encontrar la salida. El fantasma de turno lo tiene bastante fácil para eliminar al reparto uno por uno.

Tras el resurgimiento de la extrema derecha en Europa, las alarmas comenzaron a sonar en un segundo plano, pero como todo iba bien, los dirigentes, medios y población hicieron oídos sordos. De otra parte, la crisis económica ha provocado que parte de la población, sobre todo de los países PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) haya emigrado hacia el norte.

Suiza es uno de los principales destinos de este turismo obligado. Hace unas pocas semanas, un referéndum en el país helvético informaba de que un poco más de la mitad de la población (50,3%) quiere que se limite la entrada de inmigrantes a la nación. Suena paradójico que un país formado por alemanes del sur, franceses del este y unos pocos italianos del norte quiera echar el cerrojo a sus fronteras.

Más que defender una identidad nacional a debatir, se escudan en el mantenimiento de su próspera economía, fortaleza basada en parte en la inmigración de capitales extranjeros. Desde Bruselas, se rasgaron las vestiduras, con la boca pequeña, avisaron de que tomarían medidas si se oficializaban las limitaciones migratorias.

Los dirigentes de la UE, explicaron que se podrían aplicar restricciones económicas a las empresas suizas. ¿Atacarán al secreto bancario? Eso sería dar en el talón de Aquiles de todo un país, aunque también repercutiría en las grandes fortunas que vienen de fuera y no interesa indicar el propietario. La pescadilla que se muerde la cola.

Por si era poco, otro de los principales destinos de la emigración en Europa, Reino Unido, tras el pistoletazo en el que búlgaros y rumanos pueden danzar por cualquier país de la Unión que les plazca, el conservador David Cameron predijo que esta avalancha de población afectaría negativamente a la población autóctona de cada nación. Para parar este flujo, los ministros británicos han dejado caer entre líneas medidas como restricciones a la sanidad y vivienda o la fijación de cupos anuales.

Da la sensación de que existiera una Europa a dos velocidades, en la que los países del sur y del este juegan en la segunda división. Nada que ver con la idea de unidad que se ofrecía en un principio, en el génesis de la Unión Europea.

A pesar de estos plantones de última hora, los españoles siguen dando portazos desde el Mediterráneo. El perro del hortelano, que ni emigraba ni dejaba inmigrar. Esta vez, la tragedia se dio en Ceuta, donde 15 personas murieron tras intentar llegar a España a nado desde Marruecos. Una fina línea en un mapa y una larga agonía en el terreno. Algunos llegaron; otros, no. Parece ser que los españoles no son los únicos que se encuentran las puertas cerradas. Un abrazo marciano y hasta la semana que viene.

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Cordobés a mucha honra, Paco Garrido se licenció en 2010 en Comunicación Audiovisual en Málaga. Desde entonces ha trabajado para distintos medios locales como Diario Córdoba o El Día de Córdoba, con el que continúa colaborando. Además, también desarrolla su actividad en el ámbito digital, como es el caso de la revista para IPad, Actualidad7, o el canal del Youtube de Objetivo:Cine.

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