El seseo y el ceceo

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Las lenguas son una fuente sin fin de temas de estudio y discusión, y la lengua española no es una excepción, al estar tan extendida y ser tan variada y diversa. Uno de los fenómenos que caracterizan a la lengua española es el binomio que forman el seseo y el ceceo, de los cuales hablaremos a continuación.

Estos fenómenos lingüísticos son ampliamente conocidos por los hispanohablantes, al menos en España. Sin embargo, si buscamos una definición fiable y completa de estos términos, podemos acudir al Diccionario panhispánico de dudas, en el cual podemos leer lo siguiente sobre el seseo:

Consiste en pronunciar las letras c (ante e, i) y z con el sonido que corresponde a la letra s; así, un hablante seseante dirá [serésa] por cereza,[siérto] por cierto, [sapáto] por zapato.

 Por otra lado, esta es la definición de ceceo que encontramos en la misma obra:

Consiste en pronunciar la letra s con un sonido similar al que corresponde a la letra z en las hablas del centro, norte y este de España; así, un hablante ceceante dirá [káza] por casa, [zermón] por sermón, [perzóna] por persona.

Los orígenes del seseo y del ceceo vienen de antaño. Tal como afirma Muñoz en su artículo «El seseo y el ceceo» (1980: 28), ambos fenómenos tienen relación con la reducción de fonemas que tuvo lugar entre los siglos XVI y XVII, de la cual ya hablamos brevemente en un artículo sobre las hablas andaluzas. La explicación detallada de esta auténtica revolución lingüística puede ser harto difícil, pero a continuación les presentamos un texto, procedente de la web de la Fundeu, destacable por lo ameno y claro del mismo respecto a esta cuestión (Miguel: [2008], 2009):

Hacia el siglo X «nuestro idioma poseía cuatro sonidos sibilantes: uno […] sonaba /ts/ y se representaba en la ortografía por medio de la letra ç: ‘plaça’ /platsa/. Otro […] sonaba /dz/ y era representado por la grafía z: ‘dezir’ /dedzir/. Luego había […] uno sordo, representado por ss que sonaba parecido a nuestra s actual: ‘passar’ /pasar/ y otro sonoro representado por la letra s: ‘rosa’ /roza/ que sonaba parecido a la z inglesa de ‘zip’ o a la s francesa de ‘chose’ […] Con el tiempo este sistema se derrumbó, […]. Así, las grafías ç-z pasaron a representar el mismo sonido dental sordo. Y las grafías ss-s el mismo sonido […] sordo. […]. Sin embargo, en la Andalucía de los siglos XV al XVI —y esto es muy importante en la historia lingüística del español de América— la transformación de las sibilantes no iba a ser la misma que la que estaba ocurriendo en Castilla en esa misma época. En el sur de España se siguió distinguiendo entre sibilantes sordas y sonoras, […]. Así, se pasó a tener un sonido dental sordo representado por las grafías ç-ss: ‘plaç’, ‘passar’. Y otras dos, z-s, para representar un sonido dental sonoro: ‘dezir’, ‘rosa’.

Con el paso de los años la diferencia entre sordas y sonoras también desapareció y todas pasaron a ser sordas. Así, de los cuatro fonemas sibilantes primitivos del castellano se pasó a tener uno solo. Por eso, hoy día, hay andaluces que utilizan un único sonido […] ese representado por las grafías s-z-c. O un único sonido […] zeta representado igualmente por las grafías s-z-c. A los primeros se les llama seseantes y a los segundos, ceceantes. Las tres formas de pronunciación actuales de las sibilantes del español (distinción s-z, seseo y ceceo) tienen el mismo origen: el castellano medieval. No se puede decir que ninguna de ellas sea mejor o más hispana que otras.

Sevilla fue el foco principal de la confusión fonética y además puerto principal hacia América
Sevilla fue el foco principal de la confusión fonética y además puerto principal hacia América

Precisamente en Andalucía tuvieron su origen estos fenómenos, tal y como indica Alonso (1951: 111): «El foco más antiguo de estos cambios parece ser la ciudad de Sevilla, que con certeza fue el mayor poder de expansión, aunque hubo otros muchos, en Andalucía y fuera de Andalucía, dispersos y desconexos». Alonso también coincide con Muñoz en la causa del surgimiento de estos dos fenómenos, los cuales se fueron desarrollando durante un largo periodo de tiempo acontecido entre los siglos XVI y XVII. Amado afirma que la dualidad conformada por estos dos fenómenos es un hecho más tardío: «En todo el siglo XVI y primera mitad del XVII, lo que nuestros autores denuncian unánimemente no es aún un seseo sin ç o un ceceo sin s, sino la confusión y trueque anárquico de esas consonantes». Él mismo llega a afirmar, a la vez que reitera su longevidad, que estos procesos no han terminado hoy en día «en algunos puntos». Alonso cita como fuentes de sus afirmaciones respecto a la historia del ceceo y del seseo a autores del siglo XVI y XVII que legaron testimonios escritos de estos cambios. Para una mayor inmersión en el tema recomendamos la lectura del artículo del ya mencionado Amado Alonso «Historia del ceceo y del seseo españoles», que seguro colmará las exigencias de los lectores más curiosos y exigentes.

En lo que llevamos de artículo el lector ya habrá observado referencias a América dentro del asunto del ceceo y del seseo. Ambos fenómenos tienen presencia en el Nuevo Continente tal y como señala Muñoz (1980: 28):

Se dice que América es seseante. El seseo se produce con similares características al del andaluz en el español de América, con pequeñísimos islotes ceceístas. En América, el ceceo tiene menos extensión que en Andalucía; pero ha sido registrado hasta ahora en diversos puntos de Puerto Rico y Colombia, así como en zonas rurales de Argentina; es frecuente en El Salvador y Honduras, muy común entre las clases bajas de Nicaragua y bastante en las costas de Venezuela.

La presencia de estos fenómenos en América se ha achacado de forma general a la fuerte presencia de pobladores procedentes de Andalucía, observando a la vez similitudes entre el español de América y el andaluz (Muñoz, 1980: 28). Sin embargo, la misma Muñoz afirma: «Ha habido defensores, sin embargo, de una tesis contraria, según la cual los fenómenos hispanoamericanos se darían paralelamente a los de España y no serían, por lo tanto, descendientes de ellos». Se hace hincapié, además, en la falsedad de afirmar que la mayor parte de los nuevos pobladores y colonizadores del Nuevo Mundo eran de origen andaluz. El mismo Alonso afirma (1951: 200): «La pérdida de las antiguas dualidades s-z, ss-c se ha cumplido preferentemente en las tierras de castellano trasplantado (Andalucía y Ultramar) y más especialmente en las que ha sido llevado y arraigado por pobladores regionalmente heterogéneos: castellanos, leoneses y gallegos, para Andalucía; esos, más andaluces, extremeños y vascos, para América». Confirma, a su vez, que el seseo de América fue «un proceso autóctono encuadrado en el estado de la lengua del XVI» (Alonso, 1951:200). Insiste en esta variedad de los nuevos pobladores provenientes de la Península: «También se afirmaba que la colonización de Hispanoamérica no fue hecha sólo por andaluces, sino que participaron en ella todas las regiones de España, especialmente las dos Castillas y León, además de un gran número de vascos».

Distribución a grandes rasgos del ceceo y del seseo en Andalucía
Distribución a grandes rasgos del ceceo y del seseo en Andalucía

Como último enfoque de estudio del seseo y del ceceo en este artículo, vamos a mencionar brevemente las implicaciones de ambos fenómenos en el plano sociolingüístico. Está presente en la sociedad hablante española una serie de tópicos y prejuicios sobre tanto el seseo como el ceceo. Sólo con echar un vistazo a sus definiciones en el Diccionario panhispánico de dudas, ya encontramos detalles dignos de atención. En la definición de seseo encontramos lo siguiente: «El seseo meridional español (andaluz y canario) y el hispanoamericano gozan de total aceptación en la norma culta». Por lo tanto, a pesar de que también el seseo es característico «entre las clases populares de Valencia, Cataluña, Mallorca y el País Vasco, cuando hablan castellano, y se da asimismo en algunas zonas rurales de Galicia», su aceptación es plena en la norma actual, por lo que, en general, no está marcada de forma negativa ―aunque sí está considerado negativamente en zonas donde el ceceo es predominante, aunque este asunto es merecedor de mayor espacio y dedicación en otro artículo―. Sin embargo, si observamos la definición de ceceo encontramos lo siguiente: «El ceceo es un fenómeno dialectal propio de algunas zonas del sur de España y está mucho menos extendido que el seseo». No sólo es que esté menos extendido, sino que además está considerado como una variante rural que no goza de la aceptación ni las simpatías de las clases cultas. Existen diversos estudios sobre la extensión del ceceo y de las características de la población afectada por este fenómeno lingüístico. Como muestra, haremos referencia al realizado por Melguizo Moreno, de la Universidad de Granada: «Estudio sociolingüístico del ceceo en dos comunidades de habla» (2009: 182). Sus conclusiones nos enseñan datos reveladores, destacando la correlación que existe entre ceceo y educación ―a menor nivel de instrucción, mayor índice de ceceo―; y entre nivel de renta y ceceo ―a menor renta recibida, mayor índice de ceceo―. Como la misma Muñoz concluye, «El ceceo, pues, se puede definir como una norma de escaso prestigio que funciona de forma contraria a la educación del individuo» (2009: 182).

Como conclusión, la historia del seseo y del ceceo corre paralela a la de la evolución de nuestra lengua; las lenguas evolucionan y cambian, como entes vivos que son, y de esta evolución surgen multitud de fenómenos y casos dignos de estudio y de recibir la ávida curiosidad de saber del lector. En cuanto a las connotaciones sociolingüísticas de tanto estas como cualquier otra variante lingüística, los estudios pueden reflejar tendencias resultado de diversos factores socioeconómicos e históricos; la lengua es síntoma del hablante, lo define y da información de cómo es. La variante utilizada por cada individuo transmite al receptor información muy relevante, por lo que cada hablante debe ser consciente de que el uso de una variante lingüística, siendo todas igual de dignas y respetables, puede predeterminar e influir en las relaciones con los demás. Esto es uno de los motivos por los que las lenguas y la lingüística son tan fascinantes, y por los cuales invito al lector a seguir leyendo sobre este y otros muchos temas.

Referencias bibliográficas

ALONSO, Amado, (1951). «Historia del ceceo y del seseo españoles» [en línea] en: Thesaurus. N.° 1, 2 y 3. Tomo VII. Madrid: Centro Virtual Cervantes. Disponible en: <http://cvc.cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/07/TH_07_123_123_0.pdf>. (Consulta enero 2014).

MELGUIZO MORENO, Elisabeth, (2009). «Estudio sociolingüístico del ceceo en dos comunidades de habla» [en línea] en: AnMal Electrónica. N.° 27. Málaga: Universidad de Málaga. Pag. 182. Disponible en: <http://www.anmal.uma.es/numero27/Ceceo.pdf>. (Consulta enero 2014).

MIGUEL, Pedro, ([2008], 2009). «Ceceo, seseo y distinción» [en línea] en: La Jornada. Madrid: Fundación del Español Urgente. Disponible en: <http://www.fundeu.es/noticia/ceceo-seseo-y-distincion-5341/>. (Consulta enero 2014).

MUÑOZ, Mirta, (1980). «El seseo y el ceceo» [en línea] en: Documentos Lingüísticos y Literarios. N.° 5, pp. 28-32. Valdivia: Universidad Austral de Chile. Disponible en: <http://www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/docannexe.php?id=202> (Consulta enero 2014).

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, (2005). Diccionario panhispánico de dudas […]. Madrid: Real Academia Española. Disponible en: <http://www.rae.es/recursos/diccionarios/dpd>. (Consulta enero 2014).

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