Los testigos inocentes: Siria en dibujos

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“Siria se afana por volver a caminar, pero necesita ayuda para ponerse de pie”. Con estas palabras se cierra el reportaje Siria, lágrimas de sangre que Amaro Gómez-Pablos elaboró para Informe Especial y que fue emitido por la televisión nacional chilena (TVN) hace apenas dos meses. Son las últimas imágenes que se nos graban en la retina: las de Brahim, que se vio despojado de sus dos piernas y está aprendiendo ahora a andar con prótesis. Él es sólo una víctima cualquiera de la violencia del conflicto sirio que ha sumido en la condenación y la miseria al país desde 2011.

El brillante trabajo de Gómez-Pablos, periodista español-chileno, es el resultado de una valiente incursión a un territorio que se debate entre la lucha por la libertad y la destrucción continua a gran escala. Aparte de las víctimas mortales, el daño humano también se cuantifica en los centenares de heridos, desaparecidos o secuestrados, torturados y, por supuesto, los miles de refugiados que diariamente huyen a otros países próximos como Turquía o Jordania -el promedio cotidiano se eleva a unos 6000 sirios que buscan refugio fuera de su hogar cada día-. Con tales cifras la guerra en Siria es a estas alturas algo que el resto del mundo no puede ignorar, ya que se trata de la crisis humanitaria más importante de las últimas décadas.

Al equipo de prensa de Informe Especial se une Taissir Ghalyon, un sirio radicado en Chile desde hace más de una década que ama la música tanto como al país que le vio nacer -por ello destina sus recitales a recaudar donaciones con las que sea posible enviar una pequeña ayuda a su país natal-. Taissir sabe, al igual que el resto de integrantes, que entrar en Siria no garantiza salir con vida; pero, aun así, comparte con Amaro y con el resto del mundo su preocupación, y su amor aún intacto, por Siria, sus sueños de libertad y, sobre todo, de paz. Siria, lágrimas de sangre se centra en la perspectiva que confiere un sentido más comprometido al periodismo: la humana. Lejos de cualquier análisis exhaustivo de índole político o ideológico, son las pequeñas historias que se entretejen para conformar este reportaje (como las de los periodistas secuestrados y aún en paradero desconocido; o los estudiantes sirios que, por un día, abandonan el campo de refugiados y se preparan para rendir el examen que decidirá su ingreso en la universidad), combinadas con imágenes cuya crudeza no se suaviza, las que logran captar al espectador.

Hasta Santiago de Chile, concretamente hasta el Centro Cultural Gabriela Mistral, llegaron el mes pasado algunos expofragmentos de este reportaje en forma de dibujos. Son las obras de más de 20 niños de entre 8 y 10 años que aparecen en el trabajo audiovisual; los testimonios tan inocentes como demoledores de la barbarie que no cesa. “Dibujen lo que quieran de su país” fue la única indicación que el equipo dio a los niños, después de entregarles papel y pinturas, y el proceso creativo, teñido por los fantasmas de la guerra, se puso en marcha. “La imagen que más odié de Siria es esta. Lo dibujé porque vi a todos mis hermanos muriendo frente a mí. Me dolió mucho. Quise dibujarla y mostrarla para todo el mundo, para que sepan todo lo que nos está pasando. Queremos pedir ayuda al mundo”, dice Fatimah Nayiasi. Tiene unos grandes ojos expresivos, lleva un velo claro y, al igual que sus compañeros, ha llenado su papel de colores que representan figuras humanas –verdugos y víctimas-, sangre, armas, aviones y tanques, bombardeos; dolor, en definitiva.

Rama

Dibujo de Mustafa Mumaty
Dibujo de Mustafa Mumaty

Esta exposición fotográfica, de una potente carga emocional, pretende despertar el sentido de la responsabilidad en nosotros. Al menos, para no ser ignorantes -por tanto cómplices de la injusticia- de la situación de emergencia que está desgarrando al país. Una descarga de solidaridad ante una realidad que desborda y que lleva a que los espectadores transiten de un sentimiento a otro: curiosidad, sorpresa, dolor, impotencia, incredulidad, compasión, ternura, esperanza, admiración, rabia. Viendo el reportaje, y acercándonos hasta estos dibujos, entendemos que el título del trabajo no podía ser más acertado. Una muestra de que el periodismo con mayúscula se revela como potencia intangible que, a su manera, trata de ser bálsamo para unas heridas visibles e invisibles que tardarán en curar.

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