El fenómeno lingüístico de la diglosia

0
17672

En este artículo trataremos uno de los fenómenos lingüísticos más singulares y llamativos que existen: la diglosia. Para empezar, debemos situar este fenómeno dentro del contexto del multilingüismo. El concepto de multilingüismo hace referencia a la situación de coexistencia de varias lenguas en un mismo ámbito y nivel. Es necesario establecer una clara distinción entre este concepto y otros como el de poliglotismo o plurilingüismo, puesto que hacen referencia a hechos sociales distintos; el poliglotismo es el dominio de varios idiomas, mientras que el plurilingüismo es la coexistencia de varias lenguas en un país o territorio.

Uno de los ejemplos más representativos de diglosia lo encontramos en la lengua griega
Uno de los ejemplos más representativos de diglosia lo encontramos en la lengua griega

La diglosia es un fenómeno lingüístico que está en relación con el bilingüismo. Para algunos autores, como la catedrática de Lingüística General Karmele Rotaetxe, cualquier situación de bilingüismo puede considerarse diglosia. Para otros designa la situación bilingüe en la que una de las dos lenguas presenta un estatuto sociopolítico inferior. La primera concepción de diglosia está basada en la teoría de que en cualquier contexto bilingüe una de las lenguas siempre está en inferioridad sociopolítica y cultural respecto a la otra, negando así la posibilidad de un equilibrio exacto entre ambas. En cualquier caso, los hablantes afectados por la diglosia son conscientes de que las variedades intralingüísticas o interlingüísticas de sus repertorios lingüísticos están jerarquizadas. Tienen conciencia también de que ninguna de esas variedades, por sí sola, es suficiente para integrar socialmente a todos los miembros de tal comunidad.

Se ha empleado también el término diglosia para aludir a una estratificación extrema dentro de una misma lengua; es decir, el uso discriminado de dos variedades de una misma lengua; por ejemplo, el árabe clásico y el árabe popular ( la variedad egipcia, siria, libanesa, iraquí, etc.), y el griego en su variedad culta denominada katharévousa (καθαρεύουσα) o en su variedad popular denominada dimotikí (δημοτική).

Encontramos los precedentes de la lengua árabe en la expresión de un pueblo y de una cultura de primer orden, que floreció y se extendió con el Islam de Irak a Marruecos. Durante los siglos XIII, XIV y XV, el árabe y sus variedades habladas siguieron su evolución natural en un proceso de fuerte dialectización y de incorporación de elementos de lenguas muy diversas como consecuencia de invasiones como la de los turcos o la napoleónica. Esas variedades constituyen el árabe dialectal (aljamía). La lengua del Corán, reservada para la religión y la literatura, se conoce como árabe clásico (‘al-fusha). Una vez expulsado Napoleón del norte de África, se inició en Egipto un ambicioso plan de modernización. Las lenguas europeas, sobre todo el inglés y el francés, sirvieron de medio de comunicación de las relaciones internacionales, de la enseñanza superior y, sobre todo en la época de los protectorados, de la política, la economía y la administración. El árabe dialectal se utiliza para la comunicación familiar y cotidiana; el árabe clásico, para la religión y el francés o el inglés, para la vida oficial y la comunicación escrita.

Con respecto a la situación de la lengua griega, esta siguió una evolución natural que llevó al desarrollo y el cambio de

Otro caso representativo de diglosia lo encontramos en la lengua árabe
Otro caso representativo de diglosia lo encontramos en la lengua árabe

algunas de sus características lingüísticas. Una vez caído el imperio Bizantino, el griego pasó a ser la lengua de una cultura, la expresión de una civilización que sobrevivió a la dominación otomana, hasta que en el siglo XIX volvió a convertirse en la lengua de una nación independiente.  La variedad griega popular o dimotikí ha sufrido los cambios pertinentes que cualquier variedad lingüística experimenta a lo largo del tiempo, pues las lenguas evolucionan; sin embargo, la variedad culta o katharévousa, caracterizada por sus rasgos arcaizantes, se reserva para los usos formales y solemnes. Desde finales del siglo XIX empezaron a escribir en demotikí algunas personalidades literarias y se introdujo como medio de enseñanza. Posteriormente, en el siglo XX, el katharévousa es la variedad de los tribunales de justicia, de la legislación, del ejército y del mundo de la oficialidad escrita, mientras que el dimotikí queda como la lengua de la comunicación cotidiana, pero también de la literatura y la cultura en general.

En todos estos casos, hay una variedad A alta y culta adquirida por las élites mediante un proceso de escolarización. Esta variedad A está sobrepuesta a otra variedad B de carácter popular y que, de hecho, es la auténtica lengua materna. Este fenómeno de estratificación extrema dentro de una misma lengua está caracterizado por una serie de rasgos:

  1. Función. La variedad alta A se emplea en situaciones formales; es la lengua del gobierno, de la enseñanza ―sobre todo de la media y superior―, de los tribunales y de la alta cultura. La variedad B funciona en el contexto familiar, cotidiano e informal.
  2. Prestigio. Los miembros de la comunidad consideran que la variedad prestigiosa es la A. Esta actitud positiva hacia la variedad A se basa, frecuentemente, en creencias que aluden a su belleza, a su capacidad para expresar pensamientos complejos. Hay que tener en cuenta que parte de ese prestigio viene dado por ser la lengua de los textos religiosos y del ceremonial.
  3. Herencia literaria. Dado este estatus de prestigio, no es de extrañar que el grueso de la literatura producida esté en la variedad A. En la B se escriben guiones de fotonovelas y telenovelas, cierta poesía inconformista e iconoclasta, literatura folclórica y algunos cuentos infantiles. Esta situación tiende a cambiar, no obstante, en algunas obras de la literatura más reciente.
  4. Adquisición. Los hablantes adquieren B como lengua materna. Algunos sujetos de ambientes socioculturales muy altos pueden oír A algunas veces en su entorno familiar, pero se tratan de experiencias lingüísticas aisladas. La adquisición de A es fruto del aprendizaje en la escolarización. Por ello, la variedad A tiende a permanecer invariable a través del tiempo; la B, por contra, está sujeta a variación y cambio, como cualquier lengua natural.
  5. Gramática. La gramática de A es más compleja y elaborada: posee categorías y flexiones que carecen de paralelo en B. La variedad A está también más estandarizada ―existen descripciones de su gramática, una normativa de uso, tratados de estilo, diccionarios, etc.―; en B es menor el número de tales descripciones o normas expresas ―esta situación está cambiando desde que se presta una mayor atención a una «lingüística del habla»―. En el léxico de A abundan los cultismos y los tecnicismos, en cambio puede carecer de cierta terminología doméstica o popular, que sí abunda en B. En cuanto al nivel fónico, la relajación en la pronunciación de B es mayor, frente a una pronunciación cuidada en A.

Por supuesto, no son los ejemplos del árabe y del griego los únicos casos existentes de diglosia, y menos aún teniendo en cuenta los distintos conceptos de diglosia que existen, como la diglosia amplia. Este fragmento que podemos encontrar en el Centro Virtual Cervantes nos ilustrará sobre este concepto:

Por su parte, el concepto de diglosia amplia, utilizado por la sociología del lenguaje actual, se debe a J. Fishman (1972), para quien aquélla abarca todas las situaciones en las que existe una distribución funcional de dos variedades lingüísticas en una comunidad de habla -tanto si son dialectos, sociolectos o registros de una misma lengua, como si se trata de dos lenguas diferentes-. Concebida de este modo, la diglosia amplia comprende un continuum de situaciones que van desde los supuestos en los que se usan lenguas diferentes (bilingüismo superpuesto) hasta los casos de mera variación estilística. Sin embargo, esta concepción amplia no ha estado exenta de críticas, porque, en esos términos, todas las sociedades son diglósicas y el concepto comprende entonces fenómenos de muy diferente naturaleza.

En todo caso, en cuanto a la relación entre diglosia y bilingüismo, J. Fishman considera que éste es un atributo del individuo, fruto de su versatilidad lingüística, mientras que aquélla es una característica de las sociedades, que ubican, socialmente, las funciones de diferentes lenguas o variedades.

Por lo tanto, el concepto de diglosia amplia acepta como requisito para la existencia del fenómeno la convivencia entre variedades lingüísticas de cualquier nivel, incluidos los registros. Según esta concepción de diglosia, este fenómeno lingüístico no sólo no sería tan inusual, sino que, de hecho, todos los hablantes la experimentaríamos. Sin embargo, los casos más conocidos e ilustrativos son los relacionados con variedades a nivel de lenguas o dialectos. Dentro de esta última concepción, otro ejemplo de diglosia sería la convivencia entre las lenguas romances y el latín durante el nacimiento de las primeras; las lenguas romances eran empleadas por el vulgo para comunicarse, mientras el latín era la lengua de la Iglesia, la cultura y la alta sociedad. Esto fue así hasta que las lenguas romances terminaron por imponerse. Por último, más ejemplos de diglosia los encontramos en este fragmento recogido de Blog de Lengua de Alberto Bustos:

Podemos encontrar en España diversos ejemplos de diglosia. Un caso histórico (por citar uno solamente) es el de la posición subordinada que tradicionalmente mantenía el gallego respecto del castellano en Galicia. Esto se vio corregido a raíz del reconocimiento oficial del primero en el Estatuto de Autonomía de Galicia. En el continente americano son también frecuentes las situaciones de diglosia en que participa el español. A pesar de los avances en el reconocimiento de las lenguas nativas americanas, el español mantiene por lo general una posición de ventaja allí donde convive con ellas. Un investigador alemán que acudió a Bolivia a estudiar el contacto del español y el quechua me explicaba que se encontraba con personas que negaban conocer el quechua… pero que luego lo hablaban cuando creían que no los estaba escuchando. El motivo estaba en el diferente prestigio que creían que les confería ante aquel señor alemán el ser hablantes de lo uno o de lo otro. Pero no siempre el español sale favorecido en sus encuentros (o encontronazos) con otras lenguas. En Estados Unidos la balanza se inclina claramente a favor del inglés.

Tras la lectura de este artículo, esperamos que el lector haya satisfecho su curiosidad respecto al fenómeno lingüístico de la diglosia y que su curiosidad le siga animando a seguir leyendo e informándose sobre el interesantísimo mundo de las lenguas y la lingüística.

Bibliografía

BUSTOS, Alberto. Diglosia. Blog de Lengua [en línea]. 2010. Disponible en: http://blog.lengua-e.com/2010/diglosia/ (Consulta 19 noviembre 2013).

CENTRO VIRTUAL CERVANTES. Diglosia. Diccionario de términos clave de ELE [en línea]. 2013. Disponible en: http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/diglosia.htm (Consulta 19 noviembre 2013).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.