De nuevo miramos al Sur

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“No parece adecuado renegar del lugar en el que la geografía nos ha colocado pues, de hacerlo, sin duda otros ocuparán ese hueco, como ha ocurrido en el pasado”. Esto, escrito por quien esto suscribe hace más de diez años, cuando la geoestrategia había sido aparcada como parte esencial de la polemología por los centros de pensamiento estratégico, recupera de nuevo hoy toda su vigencia.

Vista desde el espacio del estrecho de Gibraltar, con África en primer plano (Foto: NASA)
Vista desde el espacio del estrecho de Gibraltar, con África en primer plano (Foto: NASA)

Este mismo mes de octubre, el Real Instituto Elcano ha dado a conocer un documento de su analista principal en Seguridad y Defensa, Félix Arteaga, en el que defiende que los actuales desafíos internacionales obligan a España “a concentrar la atención estratégica hacia el Sur”. En el acto de presentación de dicho documento, accesible en su integridad desde la web de Elcano, Arteaga señaló que la Defensa que viene debe hacer pivotar a España hacia el sur.

“Recuperan su valor –dice Arteaga en el documento- factores como la geografía, la demografía y la disponibilidad de recursos naturales, a la vez que la llegada de nuevas potencias desplaza a las anteriores de sus posiciones de influencia”. Y resulta clave la decisión de Estados Unidos de desplazar su centro de interés estratégico, desde la zona euroatlántica a la de Asia-Pacífico.

En el acto de presentación del documento de referencia: La Defensa que viene: Criterios para la reestructuración de la Defensa en España, estuvo presente el actual secretario de Estado de Defensa y los exministros de Defensa Eduardo Serra y Suárez Pertierra, lo que denota cierto grado de espaldarazo oficial al contenido del mismo.

El dominio marítimo vuelve a proporcionar flexibilidad estratégica, se puede leer en el resumen ejecutivo del documento, lo que se comprende mejor si se valora adecuadamente el tremendo esfuerzo que está realizando China para contar con una flota adecuada a su nuevo rol de cuasi potencia mundial con intereses mucho más allá de su zona tradicional de influencia.

La zona comprendida entre el Magreb y el Sahel y entre el Golfo de Guinea y el Cuerno de África, pasan a ser zonas prioritarias para España desde el punto de vista de nuestra seguridad, en las que defender nuestros intereses vitales.

Pero, sobre todo, en el momento actual nos enfrentamos todos a un problema de diseño de las estructuras no solo operativas, sino decisorias, que tienen que afrontar una crisis de recursos financieros que obligan a replanteárselo casi todo. Lo que viene –según se trasluce del análisis que comentamos- difícilmente se podrá afrontar con la arquitectura de seguridad que hoy conocemos. Entre otros elementos habrá que cambiar radicalmente lo que Arteaga define como “la batalla narrativa”, lo que se difunde a las opiniones públicas y como se difunde. Sobre todo porque ahora ya no sirve, como se ha demostrado en los últimos conflictos que han acaparado la atención de la última década, conseguir de forma más o menos rápida un éxito militar sobre el terreno. Si eso no se convierte de forma casi inmediata en renta estratégica y, además, sostenible en el tiempo, de nada sirve. Y eso requiere el apoyo decidido por convencimiento de nuestra ciudadanía.

Imagen del estrecho desde la Estación Espacial Internacional (Foto: NASA)
Imagen del estrecho desde la Estación Espacial Internacional (Foto: NASA)

Para conseguir ventaja estratégica hay que convencer o, como mínimo, conseguir asentimiento. Y esto no se impone. Requiere tiempo y planificación. Además de la implementación de una adecuada gobernanza, en la zona de intervención, que se pueda consolidar en el tiempo.

España, apunta el documento de Elcano, deberá asumir más iniciativas y una mayor responsabilidad en la región. Del sur, claro. No en solitario, pero sí con voluntad decidida. Dada nuestra situación, se requiere el paso de un modelo financiero que nos lleva a ninguna parte, incluso que de mantenerlo nos llevaría a un lugar no deseado, a otro que se fije objetivos a más largo plazo y con planes que no pueden concretarse cada doce meses, sino que requieren planes plurinuales sostenibles. Para ello, habrá que prescindir de algo de lo que tenemos para poder llegar a lo que se aspira. El nivel de ambición debe ser realista, descartando claramente operaciones que nos superen. Y todo ello explicado adecuadamente, con transparencia.

Arteaga concreta que habrá que reconsiderar qué actuaciones podemos emprender de forma individual, bilateral o multilateral, partiendo de la base de unas Fuerzas Conjuntas desde su concepción táctica para poder pasar sin solución de continuidad a otras Combinadas. La capacidad de intervención especializada, bien en solitario o junto a terceros, es uno de los objetivos a conseguir.

La colaboración estrecha con las Fuerzas de Seguridad en las tareas de protección, vigilancia y control de nuestro territorio y espacios de interés, conforman un área que debe ser potenciada. La defensa ante la amenaza de medios asimétricos, sean estos militares o no, es otra tarea que entra de lleno en esos objetivos a programar.

La industria de defensa debe transformarse en una industria estratégica. Como dijo Arteaga en el acto de presentación, que deje de ser preocupación de un ministerio para pasar a serlo de todo el Gobierno, a modo de lo que sucede, por ejemplo, en Francia.

El documento, avalado por el principal Think Tank español, solamente supone el inicio de un debate. La última palabra debería tenerla el Parlamento.

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