El Danubio verde

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ultimo vals

Saludos, terrícolas. Mientras suena el balsámico Danubio Azul y se desborda el río, las páginas de los periódicos pasan sin consuelo, como días de calendario. Sin embargo, todo se conjuga en una gran fiesta, en la que cada cual quiere su parte del pastel.

Comencemos el gran baile mirando a los rincones de la sala. Las dos coreas, esas dos hermanas que nunca se han llevado bien, han decidido volver a charlar, después de tanto tiempo sin dirigirse una mirada que no sea de celos ni odio. El tema de la conversación está predeterminado por los acontecimientos últimos, pero al menos habrá encuentro físico, que ya es algo.

A pesar de estos rumores casi rosas, en el centro del salón, bailan antidisturbios y jóvenes turcos. Un danza sincronizada a la perfección, unos se adelantan, otros hacen como que retroceden pero permanecen. Un vaivén de dos mareas que deben reconciliarse a corto plazo, antes de que termine la canción. Todo es cuestión de quien se dejará llevar en el esquema de los pasos. Todo comenzó por unos árboles que no debían talar y ahora las semillas de algo nuevo está germinando.

Distintos brotes verdes reclama Mariano Rajoy, convenciendo al soldado de la puerta del palacio, que no le deja entrar en la gran fiesta. La bajada del paro en mayo –o de inscritos en el INEM, que no es lo mismo- ha hecho que el popular gallego saque pecho. Incluso, olvidó que criticó los datos de este mes durante otros años. Si es que parece que algunos sólo sirven para estar en la oposición, que es más fácil quejarse.

Pero volvamos al baile. Obama, el maestro de ceremonias, vuelve a hacer de la gala uno de los grandes eventos del año. Sin embargo, no hay que confiarse mucho, se puede enterar de todo. Conoce cualquier chisme de todo el que entre en la sala. Hace unos días, defendió los programas de monitoreo de las comunicaciones. Diantres, cuando el espionaje se da en el sentido contrario, parece ser que molesta; que se lo digan a Julian Assange, al que mantienen encerrado en el ático para que no anuncie los platos del menú.

La presidenta de Europa, Ángela Merkel decidió conjugar su vestido de seda color campaña con unas buenas botas impermeables. Baviera está con el agua al cuello y la tragedia da muy buena prensa en las urnas. La dirigente sabe bailar muy bien, siempre y cuando pongan la marcha que ella dicte. La arritmia le ataca cuando le cambian el disco, aunque nadie se atreva bajo castigo de austeridad.

Justo cuando los ojos se centraban en Putin que, tras su divorcio, no tiene con quien bailar; la seguridad de palacio deja entrar a Rajoy en la gran fiesta. Menos mal que Rafa Nadal está para hacer algo por la Marca España. Después de reafirmar su papel como bestia de la raqueta y ganar su octavo Roland Garros, agarra del brazo a su presidente para decir aquello de “viene conmigo”. Así, sí. Mientras los franceses afilan los guiñoles, alguien subirá las escalinatas de su habitación, será feliz y comerá perdices. Un abrazo marciano y hasta la semana que viene.

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Cordobés a mucha honra, Paco Garrido se licenció en 2010 en Comunicación Audiovisual en Málaga. Desde entonces ha trabajado para distintos medios locales como Diario Córdoba o El Día de Córdoba, con el que continúa colaborando. Además, también desarrolla su actividad en el ámbito digital, como es el caso de la revista para IPad, Actualidad7, o el canal del Youtube de Objetivo:Cine.

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