La política en la polis espartana

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En un medio tan importante como es el cine, la presencia del mundo de la Antigua Grecia fue muy notable durante los años 50 y 60 del siglo XX, cuando se empieza a utilizar la mitología griega como argumento para muchas películas. Sin embargo, este interés decaerá con el paso del tiempo, y no se retomará hasta la primera década de nuestro siglo, cuando se filman obras que, en su mayoría, buscan retratar los aspectos militares y, en menor medida, mitológicos, de este mundo griego, lo que responde al carácter y tipología de este cine. Con el cine, por supuesto, muchos otros medios se hicieron eco de este recurso. Hablo de todo esto porque, en muchos casos, cuando se piensa en alguna parte de la historia griega, como por ejemplo, Esparta, resulta muy común que una de las imágenes que vengan a la cabeza sea la que ofrece la famosa película 300 (que se centra, sobre todo, en el aspecto bélico de esta sociedad), o en alguna de las obras que se tratan este tema, como el cómic homónimo de Frank Miller.

Es por ello que hoy me gustaría ofrecer una visión diferente de lo que era esta polis espartana, y analizar brevemente cómo se organizaba política e institucionalmente una sociedad que, si bien estaba orientada a la guerra, también tiene muchos otros aspectos que merece la pena conocer. En este sentido, lo primero que hay que señalar es la importancia de la Gran Retra, la constitución espartana tradicionalmente atribuida al legislador Licurgo, si bien es cierto que su proceso de redacción fue, muy probablemente, cuestión de varios años y generaciones. En cualquier caso, la influencia de las ideas de Licurgo en su redacción definitiva debió ser muy notable.

La Gran Retra, que se ha venido situando cronológicamente hacia las primeras décadas del siglo VII a.C., va a plasmar las funciones de las principales instituciones que regirán la vida política, de manera que todo el sistema político espartano se va a basar en esta constitución, cuyo contenido conservamos gracias a dos autores. Uno de ellos es Tirteo, un poeta de la época que la transcribe, aunque cambiando algunos términos. Más tarde, ya en época del Imperio Romano, Plutarco realiza una copia del texto original, añadiéndole una posterior enmienda que aumenta el poder de la asamblea con respecto al de los reyes. En base a todo ello, actualmente tenemos conocimiento de cuáles serían las principales instituciones, y las funciones que debían desempeñar éstas:

En primer lugar, tenemos a la realeza, basada en un sistema diárquico, en el que hay dos familias o dinastías que acaparan el puesto de reyes, los Euripóntidas y los Agíadas. El origen de esta diarquía, según la mitología, se remontaba a un descendiente de Heracles, Aristodamo, quien tendría dos hijos y no reconocería a ninguno por encima del otro, de manera que ambos compartirían la corona. Sin embargo, lo más probable es que el origen de la diarquía venga dado por un proceso de sinecismo. Es decir, por una unión entre dos grupos o ciudades para conformar un grupo mayor y más poderoso, algo muy común en la Grecia arcaica. En cuanto a la sucesión real, se da de manera directa dentro del seno de cada familia, aunque no necesariamente de padre a hijo. Esto podía llegar a plantear conflictos sucesorios, en los que la Asamblea tendría que intervenir. Por otra parte, los poderes reales eran, en principio, muy amplios, de manera que éstos eran los principales líderes religiosos y militares. En este sentido, podían establecer relaciones de guerra y paz o negociar con otros estados, y al mismo tiempo, eran los encargados de los sacrificios y rituales religiosos más importantes. Sin embargo, con el paso del tiempo, su poder irá decreciendo, aunque se mantendrá como institución de gran relevancia.

Además de los reyes, otra institución importante es la del Consejo o Gerousía, compuesto por unos 30 miembros, entre los que estaban los propios diarcas. Los 28 miembros restantes eran personas de más de 60 años, edad en la que se abandonaba el servicio militar. Eran elegidos mediante un método de aclamación popular, por el cual debían desfilar frente a los miembros de la Asamblea, y en función de la reacción de éstos, se decidía quién podía entrar a formar parte de la Gerousía y quién no. Este era un cargo vitalicio que suponía el mayor honor posible para un ciudadano espartano, y que era acaparado por las grandes familias de la aristocracia. Entre las funciones de esta institución, destaca la de ejercer como tribunal supremo sobre los delitos más importantes o aquellos que afectaban a personajes públicos importantes.

Por otra parte, la Asamblea, también llamada Apella o Ekklesía, no nos es tan bien conocida, ya que no está muy claro el requisito de edad para formar parte de ella. Lo más probable es que fuera, o bien a los 20 años, cuando se entraba en el Ejército, o bien a los 30, cuando el ciudadano espartano estaba legalmente capacitado para crear una familia. Sea como fuere, la Asamblea empleaba en un sistema de votación bastante arcaico, que se basa en la votación a mano alzada, y no tenía una función legislativa muy notable, sino que su carácter era más bien consultivo. En ella, se discutían, por ejemplo, las medidas adoptadas por la Gerousía, y se decidía si se llevarían finalmente a cabo o no. Donde sí llegó a tener un mayor poder de decisión es en materia diplomática, ya que tuvo competencias sobre las declaraciones de guerra y paz. Pero además, era la encargada de nombrar a los miembros de las otras instituciones.

Por último, tenemos a los Éforos, cuyo origen es bastante oscuro, sobre todo por el hecho de no aparecer ninguna mención a ellos en la Gran Retra. Si atendemos a la etimología del término, vemos que serían una especie de “vigilantes”, y precisamente su función principal sería la de velar por el orden público. Estaba compuesto por 5 miembros elegidos de manera anual, que no necesariamente debían pertenecer al grupo aristocrático, y que van a ejercer un gran control sobre la sociedad y sobre el resto de instituciones. Un poder que se extenderá hacia el ámbito militar, de manera que también tendrán atribuciones en cuanto a la guerra y la política exterior. A pesar de su misión de vigilancia de los miembros de las demás instituciones, los éforos también podían ser juzgados y condenados. En resumen, se trata de una institución para controlar el buen funcionamiento de las demás, y que ejercerá una gran influencia en la política espartana.

Como conclusión, el estudio de las instituciones políticas espartanas nos permite ver un sistema en el que el poder no está acaparado por una sola figura, sino que es un poder delegado en varias entidades, aunque es cierto que la mayoría de ellas pertenecían a un grupo social concreto, como era el aristocrático, lo que nos muestra una sociedad oligárquica.

Imagen: Licurgo demuestra los beneficios de la educación, de Caesar van Everdingen.

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Licenciado en Historia de raíces algecireñas y con cierta influencia malagueña. Trato de perderme en tiempos lejanos, y otros más recientes, para acercar esa hermosa ciencia que es la Historia al mayor público posible, divagando a veces en mis propias reflexiones sobre el ser humano, su complejidad y su huella en el tiempo y la memoria a través de sus actos. Creo firmemente en la divulgación cultural y su importancia para la sociedad.

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