Cánovas, la Restauración y el caciquismo

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Mucho se ha hablado, y se habla, últimamente, de palabras como “bipartidismo” o “caciquismo”, en relación a la situación política que encontramos en la actualidad. Sin embargo, dejando a un lado un análisis de la política actual, un tema muy candente y sobre el que se está discutiendo y debatiendo mucho desde diversos ámbitos, me gustaría hablar del contexto histórico en que surgen y se ponen de relieve estos términos en la historia española, que no es otro que el de la llamada Restauración Borbónica.8.2

Este sistema político se va a implantar en la España de finales del siglo XIX, y más concretamente, a partir de 1874, cuando se pone fin, de manera definitiva, a la efímera experiencia republicana, tras la irrupción del general Pavía en las Cortes y la disolución de éstas a finales de diciembre de 1873. Es en este momento cuando entra en escena el principal artífice y partidario del nuevo régimen monárquico basado en el regreso de la dinastía borbónica, el conservador Antonio Cánovas del Castillo, que desde unos meses antes, venía aglutinando a los sectores conservadores, burgueses, monárquicos y partidarios de la vuelta de Alfonso XII en torno a su partido, y empezó a llevar a cabo una tarea de propaganda política con el fin de conseguir la entronización de éste. De esta manera, tal día como hoy, en 1873, Cánovas se convierte en presidente de un Ministerio de Regencia que sentaría las bases del nuevo proyecto político, y ya un año después, Alfonso XII regresa a España para ser nombrado rey.

Pero las aspiraciones de Cánovas iban más allá de la simple vuelta a la Monarquía, y lo que éste perseguía era la creación de un nuevo sistema político que se ha venido llamando “turnismo” por motivos que explicaré enseguida. Este político malagueño sentía cierta fascinación por el sistema inglés, en el que dos grandes corrientes políticas pugnaban por el poder desde dos únicos partidos (los wighs y los tories), y donde imperaba también la figura de un monarca. Algo similar a esto es lo que trata de implantar en España, de manera que funda en 1876 el Partido Conservador, al que habría de secundar otro partido, que sería el Partido Liberal, creado por Práxedes Mateo Sagasta unos años después, en 1880. El término “turnismo” se debe a que la idea de Cánovas era que ambos partidos se pusiesen de acuerdo con el fin de alternarse en el poder. Para ello, evidentemente, serían necesarios unos instrumentos del poder, como el caciquismo y el fraude electoral, con el fin de asegurar unos resultados concretos que garantizasen esta alternancia de ambos partidos en el poder.

8.3

La configuración de todo este entramado político se va a plasmar en la Constitución de 1876, que bebería de los ideales conservadores y moderados de las constituciones de 1845 y 1869, respectivamente. Algunos de los rasgos de este nuevo texto serían el aumento de las prerrogativas, tanto legislativas como ejecutivas, del monarca, que sería el depositario de la soberanía nacional junto con las Cortes; el establecimiento de un sufragio censitario; la tolerancia religiosa, a pesar del carácter oficial de la religión católica… A raíz de su promulgación, liberales y conservadores van a turnarse en el gobierno, siendo éstos últimos los que acaparen el poder durante los primeros años del régimen, en los que había varios problemas a los que hacer frente, como el conflicto carlista o la cuestión del levantamiento cubano. Sin embargo, aunque el “turnismo” se empieza a dar de hecho desde 1881, cuando sube al poder Sagasta, su reconocimiento legal se dará ya en 1885, con el Pacto del Pardo, en el que ambos partidos se comprometen a mantener el sistema canovista.
El proceso de la Restauración va a ser relativamente largo, y llegaría hasta 1923, cuando es sustituido por la dictadura de Primo de Rivera, pero en lugar de hablar de los acontecimientos políticos concretos que se dieron a lo largo de estos años, prefiero analizar uno de los principales pilares en los que se sustentó políticamente este nuevo sistema, el caciquismo, que se hizo más necesario para el mantenimiento de todo este entramado político a partir de 1890, cuando el gobierno liberal establece el sufragio universal. El caciquismo sería el instrumento a través del cual se llevaría a cabo la manipulación electoral, y se basa en la figura de los principales personajes de la política regional y provincial, los caciques. Éstos eran personajes que ocupaban una posición social importante y que contaban con un gran respaldo e influencia en sus demarcaciones regionales y provinciales. Generalmente, eran aristócratas y miembros de la alta sociedad, y entre muchos otros nombres, podemos citar el de los Larios en Málaga; Romero Robledo, en Antequera; Gamazo en Valladolid; Montero Ríos, en Galicia, o de la Cierva, en Murcia. En colaboración con el gobernador civil, estos caciques elaboraban listas electorales en las que destacaban a un candidato, que sería el “encasillado” o “candidato idóneo”, y recurrían a la manipulación electoral y al control de los votos de aquellos que vivieran en sus tierras para garantizar que ese “encasillado” fuese finalmente elegido. Los medios de los que se valían para manipular la decisión de los votantes iban desde la amenaza de despido hasta la violencia física, e incluso, se podía llegar a anular los resultados de las elecciones en caso de que no se diera lo que se esperaba. De hecho, una gran cantidad de ayuntamientos fueron suprimidos de cara a las elecciones de 1876, cuando Romero Robledo ocupaba el Ministerio de la Gobernación. Además, conviene señalar que las prácticas caciquiles fueron mucho más frecuentes y tuvieron un mayor arraigo en el mundo rural, donde el analfabetismo era aún mayor que en las ciudades, aunque ello no quiere decir que en el mundo urbano no hubiese muestras de actuación caciquil.8.1

En resumen, el régimen bipartidista impulsado e implantado en España por Cánovas del Castillo a finales del siglo XIX, va a verse necesitado de prácticas políticas fraudulentas, personificadas en los caciques, que conseguirían manipular los resultados de las elecciones comprando voluntades o coaccionando a los votantes de los territorios en los que ejercían su influencia. Un caciquismo que no fue tan necesario hasta que el Partido Liberal establece el sufragio universal, hecho que podría suponer un peligro importante para la estabilidad del sistema. De esta manera, el régimen del turnismo fue posible hasta la segunda década del siglo XX, cuando su proceso de desgaste y desmoronamiento llega a su punto álgido, pero durante todo ese tiempo se consiguen seguir las reglas del juego político de Cánovas, alternándose en el poder conservadores y liberales, y dejando al margen a otras facciones políticas como republicanos o socialistas, entre otros, que serían considerados “partidos antidinásticos”. Sólo en algunas legislaturas liberales se reconocieron ciertos derechos de prensa y asociación de estos grupos, pero no fue suficiente para abrirles la puerta a un sistema político que no concebía otra forma que la existencia de dos partidos y su alternancia en el poder.

 

Imágenes:

Retrato de Antonio Cánovas del Castillo , de Ricardo Madrazo y Garreta

Retrato de Práxedes Mateo Sagasta

Viñeta de Tomás Padró Pedret para la revista La Flaca.

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Licenciado en Historia de raíces algecireñas y con cierta influencia malagueña. Trato de perderme en tiempos lejanos, y otros más recientes, para acercar esa hermosa ciencia que es la Historia al mayor público posible, divagando a veces en mis propias reflexiones sobre el ser humano, su complejidad y su huella en el tiempo y la memoria a través de sus actos. Creo firmemente en la divulgación cultural y su importancia para la sociedad.

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