Exilio

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Bill Gates seguramente tendría conocimiento de los recortes en Cooperación Internacional cuando se reunió con nuestro actual presidente del gobierno el pasado febrero. Pero, ¿sabría algo de la parte que se iba a desplomar en Investigación y Desarrollo dentro del propio país? Seguramente no fuera así, porque en lugar de volver a Somalia, tal vez habría dejado algo de su fortuna aquí para que esto siga pareciendo el supuesto noveno país más rico del mundo. Los países que más están resistiendo a la crisis no han disminuido la cantidad de PIB en ciencia tanto como lo ha hecho el nuestro. Los estudiantes de ingeniería, informática y ciencias en general ven las puertas abiertas en otros lugares donde apuesten por sus habilidades y conocimientos.Mientras aquí nos indignamos porque los guiñoles franceses envidian a “nuestros deportistas”, Francia continúa aumentando el presupuesto en investigación y desarrollo. Las palabras de su presidente: “Grecia nos ha enseñado que la crisis no se supera solo con controles en los gastos; para superar la crisis hace falta crecimiento económico y para esto hace falta inversión”. Este país que se ríe de nuestros logros deportivos, tiene 9 premios Nobel de medicina más que España: sueltan espuma por la boca de la envidia que nos tienen. Por su parte Alemania, que secuestra a nuestros pobres ingenieros recién licenciados para “explotarles” por dinero y trabajo en laboratorios, planea aumentar el presupuesto a partir de 2013 de lo que ya se recortó en educación e investigación. Por la nuestra, sobrellevamos a nuestro Ministro de Cultura quien asegura que no ve mal la fuga de cerebros. Más ciego que un topo, el sr. Wert no puede ver que nunca nos hemos despedido de tantos posibles talentos desde el comienzo de la Guerra Civil en 1936.

A partir de los años 40, una ola de científicos y catedráticos llegaban a Francia o América, entre otros lugares. Eran los exiliados del franquismo. Abandonaban su tierra sin desearlo ni merecerlo, si bien parecía que esta ya no los quería. O al menos no entraban en los planes del nuevo dictador. Hallaban en estos nuevos “paraísos” a universidades e instituciones que se nutrieron de sus propuestas mientras España veía su futuro hundirse en una auténtica miseria. Entre todos ellos destaca Severo Ochoa, galardonado con el premio Nobel de medicina en 1959 ya nacionalizado estadounidense, pero la lista está repleta de curiosidades. Por ejemplo, en México fueron muy importantes las sociedades de medicina y de ciencia, como el ateneo Ramón y Cajal o el Colegio de México, que permitieron el contacto de los principales líderes en investigación. También en este país apareció la revista Ciencia: revista hispanoamericana de Ciencias puras y aplicadas, fundada por el entomólogo Ignacio Bolívar junto a otros científicos en 1940, erigida como la publicación destinada a continuar el trabajo de científicos españoles, desmarcada de discursos políticos y que contribuiría al desarrollo de la ciencia en Hispanoamérica. Otros llegaban a Cuba o Venezuela que, gracias a la intervención de nuestros exiliados, se creaban centros para el avance de los estudios superiores en Sudamérica y crear así una red en todo el continente, aunque en un principio no fueron muy bien recibidos.

El continente americano fue un gran foco de atracción, pero existieron casos llamativos en Europa. Mientras muchos doctores catalanes se refugiaban en París, el gallego Julián Fuster Ribó, prestigioso cirujano, decidió embarcarse a la URSS donde fue recibido calurosamente, participó activamente como médico con el Ejercito Rojo durante la II Guerra Mundial y llegó a formar parte de diversas sociedades médicas y de neurocirugía. En 1959, volvió a España tras ser liberado de un campo de trabajo forzado, donde fue interndo por intentar escapar de la URSS por razones personales en 1947. Otros pasaban menos infortunios y usaban sus breves estancias en el Reino Unido o Francia para continuar en América del Sur. Muchas fueron las personalidades que encontraron la fortuna o vivieron auténticas peripecias, imposibles de resumir en un solo artículo.

En la actualidad, un mes antes de los anuncios de los recortes anunciados a principios de abril, la prestigiosa publicación científica Nature avisaba de los peligros de seguir en esa línea de empobrecimiento científico. Si no se hacía algo pronto, afectaría irremediablemente a las futuras vocaciones. Así tenemos a dos gallegas de 15 años, Laura Calvo y María Vilas, estudiantes de instituto que fueron finalistas del concurso “Youtube Space Lab“, en colaboración con la NASA, y los únicos representantes europeos. Su profesor de tecnología les sugirió participar con un experimento en el que trabajaron conjuntamente para llegar a ser finalistas y visitar la Estación Espacial Internacional (EEI),  donde pudieron experimentar la situación de ingravidez de los astronautas. Sin embargo, jóvenes como Laura y María, pueden ver sus puertas cerradas ante la actuación de un gobierno que basa su campo de acción en la austeridad que lleva como consecuencia en la reducción de adquisición de becas. Si a ello le añadimos la mala gestión que se hacen de estas, muchos estudiantes no tendrán la oportunidad de desarrollar sus carreras, y aun así, tal vez ese gasto en educación probablemente acabe en el extranjero, en algún país donde tener mente brillantes entre sus filas sea, simplemente, más aceptado.

Quizá sea desmedido comparar ambas épocas. Nuestra realidad dista tanto de la de aquellos años que es difícil imaginar que tal fuga vuelva a tener ocasión de producirse. El problema actual es considerar que este lugar con tantas horas de sol sirva para algo más que servir cócteles o alquilar hamacas y sombrillas a turistas extranjeros. La investigación no trae el dinero fácil, porque requiere esfuerzo, gastos, tiempo, personal, infraestructuras… muchos medios que no aportan resultados a corto plazo. Un español no tiene paciencia para eso. Tampoco lo tiene para pararse a pensar que los guiñoles que le deberían indignar no están precisamente en el país vecino.

Ilustración: Pablo Sánchez

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Estudié Comunicación Audiovisual sin ir mucho a clase. Luego me quedé en casa para sacarme un título en Periodismo Científico en la UNED. En la actualidad, trabajo como editor de vídeo, viajo en cuanto tengo la oportunidad, soy voluntario en proyectos internacionales o relacionados con medios de comunicación y me contamino el cuerpo a base de dosis excesivas de café. El año pasado fui autor del blog Píldoras de Ciencia, anteriormente alojado en Papel de Periódico. Ahora pretendo escribir de cosas que más o menos entiendo para varios sitios web.

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