Margarita Robles, tercera ministra de Defensa, asume el CNI bajo su mando

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El perfil político de Margarita Robles no era el esperado para ocupar la cartera de Defensa del primer Gobierno de Pedro Sánchez, pero tampoco la designación de María Dolores de Cospedal lo fue en su momento. Con todo, lo evidente es que en ambos casos los respectivos presidentes designaron a personas de su más absoluta confianza y cercanía política para tales cargos. Lo que significa, al final, que descartaron hacer experimentos con esos ministerios.

Robles se ha cansado de decir estos días a quién le ha querido oír que este es un Ministerio de Estado y que cuadra con su currículum y su dedicación durante muchos años a cuestiones que tienen que ver con el núcleo duro de los principios constitucionales (ha sido secretaria de Estado de Interior y magistrada del Tribunal Supremo). Se trata de la tercera mujer que ocupa dicha cartera en el corto plazo de diez años, lo cual conforma ya una especie de costumbre o, cuando menos, de ausencia de sorpresa.

La cúpula militar ha sido confirmada al completo (Foto: Ministerio de Defensa)

Robles, que no tiene experiencia ninguna en el ámbito castrense, como tampoco la tenían sus antecesoras en el cargo y muchos de sus antecesores, ha querido inaugurar su mandato confirmando en su puesto a la cúpula militar al completo (JEMAD, JEME, AJEMA y JEMA), dado que fueron nombrados al principio de esta legislatura y resta aún la mitad de la misma. Se trata de una decisión inteligente, seguramente tomada junto al presidente y quizás también, al menos, comentada con el Jefe del Estado. Podría no haberlo hecho, dado que dichos cargos son de libre designación del Gobierno al estar asimilados a secretario de Estado el primero y subsecretarios los otros tres.

Son muchos los proyectos o las iniciativas que tenía en marcha el Ministerio antes de la moción de censura, algunos a largo plazo, aunque es verdad que ninguno definitivamente concretado ni decidido. Lo más llamativo de lo que la nueva ministra se habrá encontrado sobre la mesa es sin duda el plan inversor a largo plazo que se quería ensamblar para afrontar con cierta seguridad la renovación de un material que, por sus características concretas, requiere planificación y plazos de financiación muy prolongados, que sobrepasan con mucho los presupuestos anuales de toda Administración. Que dichos planes ahora van a ser revisados, y quizás reelaborados, parece lógico y la cúpula militar deberá preparar sus argumentarios –de nuevo- para intentar que no se malogren sus previsiones.

Analizados, uno a uno, los proyectos resultan en su mayoría coherentes con un plan para mantener operativas nuestras Fuerzas Armadas en las próximas décadas, pero dado que se trata de inversiones multimillonarias, la decisión es política y las prioridades las marca el Gobierno, como no puede ser de otra manera.

El CNI, de nuevo a Defensa

Otra de las decisiones que ha tomado la ministra, junto con la permanencia de la cúpula militar, ha sido la de confirmar en su puesto, por el tiempo que le resta para cumplir su segundo mandato de cinco años, al secretario de Estado-director del CNI. Esto es consecuencia de la decisión previa del presidente de adscribir, de nuevo, a Defensa el principal servicio de inteligencia del Estado.

Félix Sanz Roldán, director del CNI, confirmado también.

Independientemente de cuáles hayan sido los motivos de esta nueva adscripción (antes estaba en la órbita de la vicepresidenta y ministra de la Presidencia) se trata de un retroceso y, quizás, fruto de un análisis superficial de lo que hoy es y representa el CNI. Ni siquiera la composición del servicio de inteligencia español es ya, como lo fue en sus orígenes, mayoritariamente militar. Menos del 27 por ciento de sus más de 3.000 integrantes proceden de las Fuerzas Armadas y más de un 62 por ciento tiene su origen en profesiones civiles, restando un 10,7 por ciento de miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (Policía y Guardia Civil).

Tampoco la mayoría de sus misiones son o tienen que ver con aspectos puramente militares, aunque sí todas con el concepto amplio de Seguridad, en el que la Defensa es solamente una parte, como muy bien refleja la Estrategia de Seguridad Nacional.

Por buscar un argumento para este cambio, cabría analizar la personalidad de quienes han asumido las funciones de vicepresidenta y ministra de la Presidencia y de ministra de Defensa, respectivamente, en este recién formado Gobierno. O, también, los equilibrios de poder que dentro del Gabinete haya querido establecer el presidente. De todas formas, no es un mal encaje que la responsable máxima de este servicio sea una jurista de larga trayectoria que ha declarado recientemente que dentro de la Constitución todo cabe, pero fuera de ella nada es posible.

Nuevo director del DSN

Relacionado, pero no dentro del Ministerio de Defensa, se ha producido un nombramiento que afecta a los asuntos de Seguridad. El presidente ha designado al general Miguel Ángel Ballesteros, hasta ahora director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, director del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), con rango de director general, dentro del organigrama de la Presidencia del Gobierno.

Miguel Ángel Ballesteros, nuevo director del Departamento de Seguridad Nacional

En un Real Decreto de 18 de junio último, Pedro Sánchez reestructura la Presidencia del Gobierno, donde aparecen separados el cargo de director del DSN de la Dirección Adjunta del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. El director adjunto del Gabinete del Presidente del Gobierno, con anterioridad, asumía también la dirección del DSN, con lo que es una novedad que el nuevo director vaya a tener dedicación exclusiva en ese cargo.

El rango de director general supone, sin embargo, una reducción de su categoría administrativa, dado que el director adjunto del Gabinete estaba y sigue estando asimilado a subsecretario, aunque en compensación ahora el nuevo director del DSN solo se dedicará a esta función, cosa que no sucedía antes.

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