Un muro para el rey Luis XIV

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Corría el año 1673 cuando el ingeniero Vauban aconsejó a Luis XIV rodear a Francia de una cadena de fortalezas, de hecho, fue esta misma cadena de fortalezas la que defendió a Francia hasta el siglo XIX.

Para la defensa del reino francés

En el siglo XVII Francia era el reino más poblado de Europa (a excepción de Polonia) pero también el más vulnerable, pues estaba rodeado por los territorios de los Habsburgo.  Además, el hecho de que su mayor enemigo poseyera Flandes, dejaba a la capital del Imperio a merced del enemigo, como cuando en 1636 una invasión española provocó el pánico en París.

Francia, en vista de su vulnerabilidad, tomó como primer objetivo defender su reino de sus enemigos, para ello, y desde Luis XVII (junto con Richelieu) hasta Luis XIV, se llevó a cabo una política de expansión territorial para defender el reino. Prueba de estos logros fueron la anexión del Franco – Condado, partes de Alsacia, Lorena y los Países Bajos. Después se organizó una nueva frontera para crear una barrera frente al enemigo. Es aquí cuando el joven Sébastien Le Preste, señor de Vauban, se hizo un hueco en la corte del rey, con tan sólo 22 años. Nuestro “ingeniero ordinario del rey” ingresó en el ejército muy joven y participó con 20 años en las campañas contra España (las mismas que derivarían en la Paz de los Pirineos en 1659). Tras ganarse la confianza de Louvois, ministro de defensa de Luis XIV, en la guerra contra Holanda (1672-1678) fue nombrado comisario general de fortificaciones, encargándose de todo el sistema defensivo de la monarquía.

Gracias a él se reformaron 300 fortalezas y se construyeron 33 nuevas, ya que el problema no era la falta de fortalezas, sino la calidad de las mismas. Además, éstas debían de estar conectadas entre sí para formar una cadena bien delimitada y capaz de hacer frente al enemigo en cualquier punto de la misma. Como él mismo dijo: “No estoy a favor del gran número de plazas. Tenemos ya demasiadas, ojalá que sólo tuviéramos la mitad, pero todas en buen estado”. Hasta ahora las fortalezas tenían una función defensiva en un territorio en concreto, o estaban en zonas limítrofes enemigas para contener a los mismos, lo que era una costosa fuente de tensiones que generalmente derivaban en una guerra segura.

Sin embargo, la red de fortalezas que proponía Vauban permitía el socorro mutuo creando el ‘cinturón de hierro’ más poderoso y ambicioso creado en Europa. Con esto, nuestro ingeniero pretendía que el rey construyera su ‘prado cuadrado’ o son pré carré, es decir, una clara línea de frontera donde no hubiera enclaves extranjeros, de tal manera que había que abandonar algunas fortalezas como la de Pinerolo en Savoya en 1696.

Una prueba de resistencia

Durante la Guerra de Sucesión (1700-1714), la Gran Alianza al mando de Eugenio de Saboya y el inglés Marlborough derrotó a los franceses en Oudenaarde y puso sitio en la ciudad de Lille, plaza emblemática de Vauban, que de hecho se rendiría tres meses después. Al año siguiente, traspasó la segunda línea del pré carré ocupando Douai y Bethune, pero es en ese momento de derrota cuando el general Villars organizó una contraofensiva con una segunda línea de defensa a la que llamó non plus ultra (no pasarás más allá). Aunque, si bien es cierto que en 1711 los enemigos tomaron Bouchain, Villars consiguió así detener al enemigo e impidió la invasión, por lo que el resultado de la Guerra de Sucesión fue, en gran parte, gracias al ingenio de Vauban.

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