La Casa de Contratación

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La Casa de Contratación fue fundada por la reina Isabel I de Castilla en 1503 para gestionar la navegación atlántica y el comercio con América, por lo que se hacía cargo de las embarcaciones, con sus respectivos pasajeros y mercancías. También se encargaba de la formación y examinación de los pilotos, la elaboración de las cartas náuticas, la recopilación de información científica y ejercía de tribunal para juzgar todo conflicto entre la península y las Indias. La Casa de Contratación se estableció en Sevilla, a salvo de piratas y enemigos de la Corona.

En un principio el monopolio del comercio con América supuso un auge económico a la ciudad pero a mediados del siglo XVII otros puertos europeos, ingleses, holandeses y franceses, hicieron la competencia al puerto sevillano al establecer rutas comerciales alternativas con las islas del Caribe como enlace, provocando el declive económico del puerto español. A ello se le unía la difícil navegación por el Guadalquivir hasta Sevilla debido a la temida barra de Sanlúcar de Barrameda, impidiendo el atraque de barcos de gran tonelaje.

Con la llegada de los borbones al trono, las autoridades se propusieron volver a recuperar el monopolio comercial de las Indias creando una estructura militar sólida que protegería la Armada Real. De este modo, en 1717 nació la Secretaria de Marina e Indias para hacerse cargo de todas las cuestiones americanas. Ese mismo año, Felipe V firmó por Real Decreto el 12 de mayo, el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz dado que su bahía era más amplia y permitía el acceso de todo tipo de embarcación, compensando así su mayor exposición a posibles ataques de los enemigos de la Corona. Además, el cambio permitía reorganizar y sanear la propia institución en sí.

Cádiz había alcanzado una gran repercusión social debido a que albergaba una respetada comunidad de navegantes, tanto españoles como extranjeros. El hecho de que la Casa de Contratación se trasladara a esta ciudad aumentó la rivalidad con su ciudad vecina, Sevilla, que no estaría dispuesta a dejar de ser el centro neurálgico marítimo y mandó varias delegaciones a la corte durante 1719 para pedir el regreso de dicha Casa a su ciudad. En 1722 alegaron que dicho cambio sólo había beneficiado a los extranjeros y negaban que el puerto de Cádiz pudiera ofrecer mejores condiciones que su puerto.

Ante dicha situación, el rey Felipe V formó una junta de expertos para hacerse cargo de la situación, por lo que al cabo de un tiempo, ambas ciudades expusieron los motivos por los que una ciudad u otra deberían albergar dicha Casa, ganando la ciudad de Sevilla. Cádiz, no dispuesta a resignarse, clamó el favor del rey mediante Andrés de Pez y José Patiño, además de aportar donaciones para la Corona. Aunque de poco le sirvió, pues la Casa de Contratación volvió a Sevilla en 1725.

Cádiz no estaba dispuesta a aceptar tal situación y envió al burócrata Francisco Manuel Herrera a abogar la causa ante el rey. Herrera elaboró un memorial en 1726 que respondía punto por punto al memorial sevillano. El memorial de Herrera rezaba lo siguiente:

“Considere V.M.: Si (…) las Reales Personas del Serenísimo Príncipe de Asturias y demás Infantes viniesen de largas navegaciones, y se le propusiese a V.M. el deliberar a cuál de las dos partes quería se dirigiesen con el Navío, o a los formidables y experimentados riesgos de la Barra, temidos en todo el Mundo, o a las naturales seguridades de la Bahía y Puerto de Cádiz en todo el Orbe celebradas. En la elección no iba nada menos que el peligro de sus haciendas y de sus vidas. Reflexione V. M. ¿qué es lo que escogería?”

Ante tales palabras, el rey optó por la ciudad de Cádiz, ante lo que Sevilla respondió con una dura crítica a Herrera tildándolo de ser un “agregado de sofisterías, supersticiones, corrupción de textos, hipérboles y exclamaciones, con que se ha querido desfigurar las facciones de verdad”. Pero era tarde, Sevilla había perdido. Después de su derrota, sugirió que se colocase un epitafio en la bahía de Cádiz que expresara lo siguiente:

“Yace sepultada entre los salobres abismos de esta bahía numerosa multitud de vidas y haciendas, de galeones, flotas, convoyes y otros muchos navíos. Descansen en paz los naufragados. Y tú, oh navegante, no maldigas los terribles estragos de la bahía, de que sólo su anchura es la culpable, sino tened por feliz auspicio tu seguridad y salvamento la verdadera historia de tanto naufragio.”

¿Consecuencias?

Las consecuencias resultaron obvias, pues Sevilla pasó a un segundo plano ante una Cádiz que era el centro neurálgico del mundo atlántico, haciendo de la ciudad un centro comercial y financiero, además de crecer notablemente su población. La bonanza económica se prolongó hasta 1778 cuando perdió su razón de ser, provocando que fuese suprimida por Real Decreto en 1790. La Casa de Contratación de Sevilla, al perder sus funciones, se convirtió en Archivo de Indias en la Lonja en 1785.

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