Una liga en contra de un emperador

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Cuando pensamos en la figura de Carlos V se nos viene a la cabeza, entre otros cuadros, ese lienzo de Tiziano de Carlos V en la batalla de Mühlberg pero, ¿qué circunstancias antecedieron a dicha victoria?

Antecedentes

Maximiliano I de Austria fue nombrado emperador “siete años después de su elección como rey de romanos”, lo que trajo consigo una oleada de nuevos enfoques y energías a su política imperial. Maximiliano no sólo aspiraba gobernar los territorios que por herencia le correspondían, a saber, Austria y Borgoña, sino que deseaba recuperar los territorios de Italia y la Provenza. Dada la falta de recursos económicos suficientes para llevar a cabo dicha empresa bélica, reunió a los príncipes y ciudades alemanas en la Dieta de Worms (1495) con la esperanza de reunir dichos fondos. Los alemanes se mostraron reacios, no solo a la idea de dar tal cantidad de fondos a Maximiliano, sino también a la idea de ofrecer un ejército permanente a las órdenes del emperador. Lo que sí se consolidó en dicha Dieta fue una garantía de una mejor consolidación y seguridad en los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico, garantizando así las libertades que habían disfrutado durante siglos. Se firmó la Paz Perpetua, que pondría a los alborotadores fuera de la ley, y se instituyó la Reichskammergericht o Corte Judicial Imperial, que se encargaría de resolver las disputas internas.

La falta de fondos para encabezar una guerra y recuperar los territorios italianos y la Provenza, sumirían al emperador en una deuda de más de seis millones que continuaría vigente tras su muerte. Entretanto, Martín Lutero desafiaría los cimientos de la Iglesia en 1517 criticando la práctica de venta de indulgencias, pues la Iglesia vendía indulgencias que garantizaban la salvación del alma de sus fieles y que, cómo no, garantizaban la continuidad de las obras de San Pedro en el Vaticano. Martín Lutero defendía que los fieles no necesitaban de la Iglesia para estar en unión con Dios, sino que el fiel podría salvar su alma gracias únicamente a su fe en Dios y sus enseñanzas. La Iglesia no estuvo dispuesta a aceptar estas ideas del clérigo, por lo que le animaron a retractarse de sus ideas y a que quemara sus libros públicamente, hecho que no pasó desapercibido, pues el clérigo hizo un llamamiento a la nación alemana y quemó la bula papal, junto con volúmenes del código canónigo frente a las puertas de Wittenberg.

Este acto no hizo sino extender sus ideas a lo largo de todo el territorio imperial, de hecho, quedó como un héroe ante la población alemana por defender sus ideas delante del emperador y provocó que muchas ciudades abrazaran la reforma protestante. Así los hechos, nos surge una pregunta:  “¿Por qué hizo falta casi una década, tras la denuncia de Lutero contra las indulgencias, antes de que las autoridades políticas fueran capaces de detenerlo y controlarlo?” La respuesta no es otra que el compendio de circunstancias que rodeaban a este movimiento, como fue la muerte del emperador (Maximiliano de Austria) en 1519, el casi año y medio de incertidumbre hasta que su nieto Carlos de Austria fue nombrado emperador, además de la imposibilidad de éste de viajar a Alemania (recordemos la Guerra de las Comunidades de Castilla) provocando que no pudiera convocar su primera Dieta y hacerse cargo de dichos asuntos, hasta 1521.

En la Dieta de 1521, Carlos prometió defender la Iglesia católica a cualquier precio, pero no podía proscribir a Lutero, dado que estaba bajo la protección del elector de Sajonia y necesitaba el apoyo del mismo para ser coronado emperador. Su solución fue intentar controlar desde la distancia la situación nombrando a su hermano Fernando regente de Alemania, para poder así ocuparse de la defensa del Imperio ante el avance otomano. En la Dieta de 1526, los príncipes alemanes acordaron actuar según su conciencia y decidieron que la única forma de poder tener algún control sobre la reforma protestante era abrazar la misma, hecho que no pasaría desapercibido ante los ojos del emperador quien, en la Dieta de 1529, trató de evitar/prohibir que los príncipes alemanes abrazaran el movimiento. Su fallido intento no hizo sino dar lugar a que fueran llamados como “protestantes”.

Cuando Carlos volvió a Alemania en 1530, victorioso de la guerra con Francia y recién coronado por el papa, exigió a estos príncipes protestantes que expusieran sus creencias. Los príncipes presentaron La Confesión de Augsburgo, una obra donde exponían los principios del luteranismo, redactados por Philipp Melanchthon en 1530, y que a día de hoy se considera uno de los textos básicos de la Iglesia Protestante. Sin embargo el emperador, como principal defensor de la Iglesia Católica, no aceptó la confesión e impuso la Confutatio católica. Este hecho sucumbió al temor a los príncipes electores de que el rey ejecutara el Edicto de Worms contra ellos, provocando la unión de estos en una liga en la ciudad de Esmalcalda (la Liga de Esmalcalda) para presentar una fuerza opositora no solo al emperador, sino a la Iglesia Católica.

Expansión del movimiento protestante

La adhesión en 1525 del príncipe de Sajonia, el duque Juan, fue un hecho clave para la expansión del movimiento protestante, pues era el modelo a seguir del resto de territorios que componían el Imperio, liquidando conventos y haciéndose con la riqueza que albergaba la Iglesia Católica, hecho que no pudo ser respondido por el emperador, dada su ausencia y la incapacidad de actuación que tenía su hermano Fernando. Además, no hemos de olvidar que los esfuerzos de Fernando se concentraban en defender los territorios de Hungría y Bohemia de la amenaza turca, y que la financiación de dicha guerra consistía en llegar a acuerdos con los propios príncipes protestantes, los cuales vinculaban la concesión de crédito a la tolerancia religiosa. Una guerra contra el turco que se hacía difícil ante la reciente creación de la Liga de Esmalcalda, pues ésta no solo presentaba su clara oposición al emperador, sino que establecía alianzas con los enemigos del emperador, a saber, el rey de Francia y el príncipe de Transilvania.

La imposibilidad de hacerse cargo de tantos frentes, obligaría al emperador a firmar una paz por tiempo limitado con la Liga de Esmalcalda, reconociendo el movimiento protestante y la secularización de la Iglesia llevada a cabo en territorios protestantes, consiguiendo así la financiación necesaria para presentar batalla a la amenaza otomana. La Liga de Esmalcalda aprovechó la ausencia del emperador (estaba en guerra contra Solimán) para alcanzar su cénit militar y político, haciendo que el emperador se replantease la idea de un acuerdo entre protestantes y católicos entre 1540-1541, sin embargo, pronto se le presentaría una buena solución. Los protestantes no estaban unidos entre sí, sino que había divisiones internas entre los partidarios de Lutero y los seguidores del reformador helvético Ulrico Zuinglio, cuyos feligreses se concentraban en las ciudades imperiales del sur del Sacro Imperio. Estos últimos, no eran vistos como verdaderos miembros de la liga de Esmalcalda.

Ante el filo de la espada

Carlos V derrotó al duque de Cléveris en 1543 y al rey de Francia un año más tarde. Esto infundió el temor entre los protestantes, pues quedaba claro que el emperador estaba dispuesto a defender la fe católica mediante las armas. Declaró la guerra a los herejes unos años más tarde, en 1546 en la Dieta de Ratisbona, contando con la financiación y el apoyo del Papa Pablo III y de importantes aliados tanto católicos -el duque de Baviera- como también protestantes -el duque Mauricio (aprovechando la división de la casa ducal de Sajonia, entre la “Ernestina” encabezada por el duque Juan Federico y la “Albertina” encabezada por el duque Mauricio)-. Tras realizar los preparativos anteriormente citados, solo faltaba una mecha que encendiera el polvorín de la guerra, como fueron los sucesos de 1542 alrededor del duque de Brunswick-Wolfenbüttel. Los hechos se pueden resumir en lo siguiente: según las constituciones del Sacro Imperio Romano Germánico, ningún príncipe podía invadir el territorio de otro sin la autorización del emperador, y la Liga de Esmalcalda invadió los territorios de Enrique II sin consentimiento alguno por parte del emperador. En ese entonces, los príncipes de Hesse y Sajonia fueron declarados proscritos y se declaró la guerra en el verano de 1546, terminando la misma en abril del año siguiente con la victoria del emperador ante la Liga de Esmalcalda en la batalla de Mühlberg.

 

Bibliografía:

  • ALBI DE LA CUESTA, Julio, “La batalla de Mühlberg”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 44-50.
  • CASTILLO FERNÁNDEZ, Javier, “Las operaciones militares”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 20-29.
  • EDELMAYER, Friedrich, “El camino hacia la Guerra de Esmalcalda (1546-1547)”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 11-17.
  • ESTEBAN RIBAS, Alberto Raúl, “La campaña de 1546”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 30-37.
  • HAUG-MORITZ, Gabriele, “De Mühlberg a la paz de Augsburgo”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 52-55.
  • MESA GALLEGO, Eduardo de, “El ejército de Carlos V durante la Guerra de Esmalcalda”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 18-23.
  • POTTER, David, “Intervenir o no intervenir. Francia, el Imperio y la Guerra de Esmalcalda”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 24-28.
  • WHALEY, Joaquín, “El Sacro Imperio Romano 1493-1531, Aspectos políticos, sociales y religiosos”, Desperta Ferro, 14 (2018), pp. 6-10.

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