Independencia del Virreinato del Río de la Plata y de la Capitanía General de Chile

0
880

El Imperio español se extendía en América desde el sur de Oregón hasta Cabo de Hornos. Sin embargo, en algunas regiones de América, la corona española sólo tenía un control nominal y no efectivo, como consecuencia de la propia magnitud del imperio.

El vasto imperio se derrumbaría en menos de 20 años. Sin duda, esta precipitación de los  acontecimientos se debió a la situación que se vivía en la propia metrópoli con la ocupación francesa, que provocaba un importante vacío de poder, imposibilitando hacer frente a las revueltas que se producían en el territorio americano. Además, los reveses navales que tendrían como culmen la derrota en Trafalgar privó a España de una flota ‘atlántica’,  favoreciendo el aislamiento americano y disminuyendo las exportaciones. Este descenso comercial entre América y la metrópoli fue aprovechado por los contrabandistas ingleses, que de esta manera compensaban las pérdidas sufridas en el continente europeo tras el bloqueo decretado por Napoleón Bonaparte.

Antes de que estallase la Guerra de Independencia en España, los ingleses trataron de  conquistar Buenos Aires hasta en dos ocasiones, fracasando en ambas. Sin embargo,  evidenció tres importantes aspectos:

  • La poca predisposición de los hispanoamericanos a cambiar de metrópoli.
  • La debilidad en la defensa y administración del territorio.
  • Los criollos asumieron el poder y defendieron el territorio.
Virreinato del Río de la Plata (Azul – Audiencia de Buenos Aires y Rosa- Audiencia de Charcas ) / Virreinato del Perú (Marrón) / Capitanía General de Chile (Verde) / Imperio Portugués (Amarillo).

Tras estos ataques, los españoles del Río de la Plata trataron de restablecer el orden apartando a los criollos que habían asumido el poder durante la defensa del territorio. Este intento de volver a la situación anterior fracasó al ser derrotados por milicias criollas, creadas para la defensa ante los británicos y que ahora se negaban a dejar su posición de poder. La división entre criollos y españoles aumentaba.

Hacia 1810 el equilibrio en el Río de la Plata había cambiado; la Iglesia perdió poder mediante el regalismo, la clase media española había sido derrotada y los criollos gozaban del poder militar e intelectual. Por su parte, España se encontraba bajo la ocupación francesa.

La situación era idónea para el inicio de la revolución y acabar con el dominio español, aplastando cualquier conato de apoyo realista (apoyo a la causa española). Sin embargo, la revolución carecía de estabilidad interna por las tensiones entre conservadores y liberales por el control de la misma.

En septiembre de 1813 las tropas realistas llegaron a Montevideo desde España. La mejora de las expectativas en Europa hizo que muchos abogasen por un acuerdo con España o incluso por la rendición negociada. Los españoles rechazaron cualquier negociación que no fuese la rendición incondicional.

El conflicto se prolongaba sin que ninguno de los dos bandos lograra sus objetivos. Los  realistas eran incapaces de reunir un ejército que pudiera restablecer el orden, y los revolucionarios continuaban sin establecer un gobierno fuerte, y las disputas internas entre centralistas y provincianos parecía acabar con el gobierno revolucionario. Además, el gobierno revolucionario era amenazado por el ejército portugués, que avanzaba para controlar la Banda Oriental, y por el ejército español que se reunía en el Alto Perú para llevar la guerra a Tucumán y acabar con la rebelión.

Congreso de Tucumán

Para fortalecer el país e intentar tranquilizar la situación, el gobierno de Buenos Aires convocó un congreso en Tucumán, donde el 9 de julio de 1816 se declaró “la Independencia de las Provincias Unidas de Sud-America”.

Los revolucionarios o independentistas de las “Provincias Unidas de Sud-america” lograron establecer la frontera noroeste derrotando al ejército español. Esta situación permitió poder plantear la liberación de Chile, al frente de la cual estaría el general José de San Martín.

En Chile, el movimiento independentista inicialmente fue más pacífico. El 16 de julio de 1810 se depuso al gobernador de Chile y de este modo la aristocracia criolla asumió el control y emprendió medidas para la independencia, sin llegar a declararla formalmente.

La independencia adquirió un carácter más beligerante de la mano de José Miguel Carrera, veterano de guerra en la península ibérica. Carrera va a América con la firme convicción de que ha llegado el momento de la independencia americana. Carrera será el caudillo militar que Chile necesitaba, un general muy próximo a la aristocracia criolla. En la facción más revolucionaria surgía la figura de otro líder militar: Bernardo O´Higgins.

En 1813, Abascal, virrey de Perú y fiel a la corona española, estaba convencido de que los insurgentes patriotas chilenos no contaban con el apoyo de las masas, por ello, mandó un pequeño ejército comandado por el brigadier Antonio Pareja con el fin de acabar con los insurgentes. Los españoles desembarcaron fácilmente ante la debilidad militar chilena, carentes de fuerza naval, tomaron Concepción y avanzaron hacia el norte mientras se le unían simpatizantes chilenos. Tanto Carrera como O´Higgins se vieron incapaces de hacer frente al ejército español. Conscientes del exitoso avance los españoles, rechazaron la firma de cualquier armisticio. Abascal, ansioso de aplastar la revolución, mandó otra oleada de refuerzo dirigida por el general Mariano Osorio.

Carrera y O´Higgins serán derrotados en la batalla de Rancagua (1 y 2 de octubre de 1814), en la que sufrieron importantes bajas. Tras la derrota, Carrera y O´Higgins huyeron a los Andes. Osorio entró en Santiago y restableció el orden anterior a 1810.

En 1815, a Osorio le sucedió Francisco Casimiro Marcó Pont, que impuso una política del terror llevando a los tribunales a los criollos para que demostrasen su fidelidad a la corona. Los líderes revolucionarios fueron llevados a la isla de Juan Fernández, se les confiscaron sus propiedades y quemaron sus casas. En definitiva, comenzó una represión indiscriminada.

O´Higgins, después de una temporada en Buenos Aires, entabló amistad con San Martín  y se convirtieron en colaboradores íntimos. San Martín pretendía liberar Chile y colocar a Bernardo O´Higgins como jefe de gobierno.

Bernardo O’Higgins

Mariano Osorio

José de San Martín
San Martín cruzando los Andes

A finales de 1816 todo estaba listo. Un ejército de 5.000 hombres partió el 9 de enero de 1817 de Mendoza. El primer escollo fueron los Andes. Una vez cruzados, se dirigieron a Santiago y derrotaron a los realistas en las llanuras de Chacabuco, batalla importante aunque que no decisiva. Los realistas dirigidos por Osorio derrotaron a San Martín en Cancha Rayada, sin embargo, San Martín rehace el ejército y derrota a los realistas en las llanuras de Maipo, a las afueras de Santiago. Tras esta gran derrota, la causa realista estaba ya en retirada. La independencia de lo que había sido la Capitanía General de Chile fue todo una realidad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.