Maria Mitchell: La primera astrónoma en pisar el Observatorio del Vaticano

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Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha vuelto sus ojos para mirar al cielo. Las primeras observaciones de las estrellas se hacían desde el temor y la reverencia que nos provoca todo lo desconocido, pero según fue evolucionando el conocimiento, las miradas que se elevaban hacia el firmamento lo hacían con la curiosidad propia de aquellos que buscaban saber, a través de los principios de la ciencia, cuáles eran los mecanismos que regían el funcionamiento de todos los elementos del universo.

Si buscamos en nuestra retina, seguro que encontraremos multitud de pinturas e imágenes en blanco y negro en las que aparecen hombres estudiando las estrellas armados con una enorme variedad de artilugios de gran relevancia en la historia de la astronomía. Pero algo falla cuando en el imaginario colectivo, a la hora de pensar en astrónomos, no aparecen inmediatamente figuras como la de la científica estadounidense Maria Mitchell (1818-1889).

La historia de esta brillante mujer está llena de datos anecdóticos muy interesantes. Desde su parentesco con el famoso inventor y político Benjamin Franklin, hasta su compromiso político que la llevó a protagonizar actos de rebeldía, poco habituales para las mujeres de la época, tales como dejar de vestir prendas de algodón en protesta contra el esclavismo.

Pero lo verdaderamente relevante de la figura de Maria Mitchell es el desarrollo de su carrera como astrónoma, una carrera llena de éxitos que la sitúan como un referente para la comprensión de la evolución de la ciencia de la astronomía.

Mitchell tuvo su primer acercamiento al estudio del universo en el observatorio de su padre. Un cuáquero que propugnaba que los niños y niñas debían recibir la misma educación y el mismo acceso a los estudios y el conocimiento. Mientras estudiaba el cielo junto a su padre, María trabajaba como bibliotecaria, profesión ésta que también le permitió estar en contacto con el conocimiento contenido en los libros de la época.

En 1847 recibe una medalla de oro de manos del rey Federico VII por el descubrimiento de un cometa que pasó a la historia con su nombre. A raíz de este descubrimiento, en el año 1848 consigue ser la primera mujer profesora de Astronomía en la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. Años más tarde, en 1865, ingresará como profesora en la prestigiosa institución Vassar College.

Debido a su gran reputación como astrónoma consiguió ser la primera mujer a la que se le permitió el acceso al Observatorio Vaticano.

Mitchell, además de una científica de primer nivel, era una activista incansable en la lucha por los derechos de las mujeres. Siguiendo su filosofía de que era imposible el avance de la sociedad mientras las mujeres tenían vedado el acceso a la vida política, colaboró con el movimiento sufragista. Además, también destacó por su lucha contra la brecha salarial entre profesores, que llevaba a cobrar mucho menos a las mujeres basándose en la peregrina justificación de que los hombres eran los responsables de mantener a sus familias y debían estar mejor remunerados.

Para mantener viva su lucha por los derechos femeninos, Maria Mitchell se decidió a fundar la Asociación Estadounidense para el Avance de las Mujeres.

En el año 1889, Maria fallece en el estado de Massachussets.

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Directora de empresa dedicada a la distribución de nuevas tecnologías con más de doce años en el sector. Apasionada del estudio de las relaciones entre sociedad y desarrollo tecnológico.

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