Papá, quiero ser político

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Los tres últimos años están siendo muy interesantes políticamente. Partimos de la premisa de que la misión de un político es servir a la ciudadanía y no servirse a sí mismo, pero actualmente, muchos de ellos persiguen su interés personal y no el bien común de los ciudadanos.

Este hecho, junto con la corrupción, y que la clase política española sea una de las menos formadas de los países europeos, que solo se acuerden de los ciudadanos cuando hay elecciones, que no dimitan ni cumplan sus promesas electorales, así como la normalidad de la democracia, ha alejado a muchas personas de la participación política, llegándose a decir que a los ciudadanos españoles no le interesaba la política.

Muchas personas piensan que, para estar en política, tienes que entrar en las secciones juveniles de los partidos, que fomentan carreras políticas para los perfiles más obedientes y que no discrepan dentro de esos partidos.

Pero, en los últimos años, se han producido acontecimientos que reflejan que a los ciudadanos sí les importa la política, que los ha movilizado, que les ha dado esperanzas y provocado también grandes desilusiones:

  • El movimiento social del 15M.
  • Se ha pasado del bipartidismo entre PSOE y PP, al pluripartidismo, con el nacimiento de Podemos y el paso de Ciudadanos de la política catalana al ámbito estatal.
  • La crisis del PSOE, con la destitución de Pedro Sánchez, sus primarias y la posterior elección de Pedro Sánchez por las bases y no por el partido.
  • La crisis de Podemos entre sus fundadores y con las distintas confluencias.
  • La financiación ilegal del PP y la gran cantidad de sus casos de corrupción, con imputaciones, detenciones de políticos, etc.
  • La repetición en España de las elecciones generales en 6 meses.
  • Y, por último, la declaración unilateral de independencia de la república de Cataluña y la aplicación del artículo 155 de la Constitución española.

Nuestros hijos están al tanto de la política, preguntan, se interesan, quieren cambiar la sociedad, pero la contradicción está en que los políticos no han dado la talla para llegar a acuerdos y solucionar los problemas de la ciudadanía española, lo que les genera una frustración personal.

¿Y qué piensas cuando tu hijo llega un día y te dice: Papá quiero ser político? Le aconsejas que antes de afiliarse a un partido piense en su ideología política, que se acerque a los que más le gusten, que colabore con ellos y que, cuando termine sus estudios y tenga experiencia laboral, se afilie al que decida. ¿Y si te plantea ser presidente de España o de la Unión Europea? Le dices que no venda su alma al diablo, que no sea un “corderito” institucional para ascender, que sea una buena persona y que intente hacer un mundo mejor para y por los ciudadanos.

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