‘Ornamento y delito’ por Adolf Loos (I)

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1. Situación previa: El ocaso vienés, Secesión Vienesa vs Adolf Loos

En la Viena de Sisí, de la Belle Époque, en la Viena que muestra ya el dorado resplandor de la grandeza de siglos pasados, nace aquí, en esta cultura decadente, frívola, elitista y rica, uno de los movimientos más importantes para el arte vienés, el Modernismo, que frenó la dureza de la caída de un imperio acolchándolo todo entre pan de oro y ornamentaciones lujosas, que recordaban a tiempos mejores, a grandezas históricas que jamás volverían. El principal grupo de expresión será la Secesión Vienesa liderada por el deslumbrante Gustav Klimt, el grupo de la Secesión vive “el cansancio de los estilos históricos del siglo XIX, sin personalidad propia, [esto] hace que en la última década de la centuria los arquitectos vayan en busca de formas originales y soluciones constructivas y traten de hallar una estética que unifique la arquitectura, la decoración y las artes menores, de tal manera que se logre un conjunto integrado en una misma línea estilística”. 1

Pero todo arte tiene su némesis, su confrontación estética. Y esta vez solo un coloso se enfrentará con la decadencia, con lo inmoral, con la superflua sociedad de finales de siglo que evoca a las sombras del ayer, para traer una luz nueva, la luz que alumbra y descubre un arte agotado en sí mismo, agonizante, un arte exánime. Esa luz es Adolf Loos. A través de su texto Ornamento y delito, escrito en 1908 tras un viaje que hace a Estados Unidos, donde descubre la arquitectura funcionalista de Sullivan, y un viaje a Guinea donde conocerá a los papúa, y además de una estrecha relación estética con su amigo Wittgenstein, denunciará los cánones arquitectónicos del grupo de la Secesión.

2. El nacimiento del funcionalismo

Es importante que hagamos hincapié en el nacimiento del funcionalismo, ya que las ideas que luego deslizará Loos en Ornamento y delito surgen a partir de su viaje, primero a Nueva York donde conoce a Sullivan, y después a Nueva Guinea, donde conocerá a “los negros de cara tatuada” a los cuales citará en su obra.

El funcionalismo es una consecuencia de la Arquitectura moderna y, sobre todo, una confrontación a las formas del Art Noveau; su base fundamental es el uso de los materiales siempre con fines utilitarios. “Las teorías funcionalistas toman como principio básico la estricta adaptación de la forma a la finalidad que se encuentra sintetizada en la frase de Sullivan (1896) “form follows function” (“la forma sigue a la función”). La función es considerada la belleza básica; pero a su vez, no se considera incompatible con el ornamento, sino que, de existir, debe cumplir la principal condición de justificar su existencia mediante alguna función práctica, ya que debe articular la estructura o describir la función del edificio o producto y tener un propósito útil”. 2

Es en estos momentos, concretamente en 1893, cuando Loos viajará a Estados Unidos y conocerá a la Escuela de Chicago y a la figura de Sullivan, con el que no compartirá todos sus puntos de vista, ya que mientras Sullivan acepta el ornamento, siempre y cuando esté bajo una función, Loos será más radical y llevará a su arquitectura a lo totalmente aséptico. Si estas ideas calaron fuertemente en él, cuando en 1908 conoce a los negros de Nueva Guinea, tatuados en la cara y el cuerpo, se crea en él otra fuerte impresión y un símil bastante curioso y despectivo con toda la arquitectura de la Secesión, que da lugar al nacimiento de Ornamento y delito.

Dentro de las Analogías Funcionalistas, podemos enmarcar a Loos en la Analogía Moral que da origen al Funcionalismo Moralista. En el texto de Loos se desliza, sin ningún tipo de duda, una dimensión moral ante la ornamentación, al considerarla un atraso para la sociedad, una pérdida de tiempo y un trabajo mal pagado; ésta no solo debería desaparecer de cualquier objeto, sino que es fruto de la propia inmoralidad. El Funcionalismo Moralista considera que “las formas deben ser lo que parecen, deben representar y alcanzar la finalidad por la que se las realizó. Los materiales y sistemas estructurales deben ser utilizados con integridad. Las formas ornamentales inútiles deben ser rechazadas, especialmente cuando producen un efecto de “disfraz”. 3 Ese disfraz al que se refiere Loos cuando dice: “Puedo alegrarme de las absurdas y ridículas decoraciones montadas con motivo del baile de disfraces de los artistas, porque sé que lo han montado en pocos días y que lo derribarán en un momento”. 4

Notas:

  1. Ana Mª Preckler, Historia del arte universal de los siglos XIX y XX, Tomo I, Madrid, Editorial Complutense, S.A., 2003, p. 436.
  2. Autor desconocido, El Funcionalismo, p. 8, http://fido.palermo.edu/servicios_dyc/proyectograduacion/archivos/1571.pdf                  (Última consulta: 10/03/2017).
  3. Ibidem, p. 11.
  4. Adolf Loos (1908), Ornamento y delito, p. 5,                                             http://www.infolio.es/paperback/articulos/loos/ornato.pdf (Última consulta: 10/03/2017).
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Estudiante de Humanidades y Patrimonio en Toledo. Intento de futura escritora. "Que prosiga el poderoso drama, y que tú puedas contribuir con un verso".

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