Fotógrafas en el olvido: Margaret Bourke-White

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En los últimos tiempos, algunos autores e investigadores están haciendo un esfuerzo para rescatar del olvido el trabajo de muchas mujeres que, pese a haber tenido carreras profesionales dignas de pasar a la posteridad, se han quedado escondidas entre las brumas del tiempo por haberse desarrollado en épocas en las que las figuras femeninas estaban condenadas a la irrelevancia social y a la intrascendencia histórica.

Estamos, por ello, encontrando trabajos verdaderamente apasionantes de mujeres que destacaron en el arte, la ciencia, la cultura o la ingeniería. Pero si hay una profesión donde sistemáticamente se ha obviado la aportación femenina, es en el mundo de la fotografía, aunque las mujeres hayan estado presentes desde los propios comienzos de este arte allá por el año 1839.

Cabe recordar que esta era de las pocas profesiones en las que estaba socialmente bien visto que las mujeres pudiesen ganarse la vida, pero aun así, es difícil encontrar más allá de unos pocos nombres de mujeres como referentes en cualquier manual de historia de la fotografía. Y si hay una rama de la fotografía donde ha destacado especialmente el trabajo de algunas mujeres es la del fotoperiodismo.

Es aquí donde la figura de Margaret Bourke-White (1904-1971) cobra un enorme interés, ya que, en honor a la verdad, no se podría definir como una profesional invisiblizada hasta el punto de desaparecer de la historia, pero sí es cierto que su trayectoria personal y su trabajo no han obtenido todo el reconocimiento que merecen.

Neoyorquina de nacimiento, Bourke-White se formó en las universidades de Michigan y Cornell, siendo en esta última en la que comenzó su pasión por la fotografía. Fue la primera mujer que llegó a ser corresponsal de guerra y la primera que consiguió publicar sus trabajos en la revista Life, cabecera en la que sus fotografías llegarían a protagonizar algunas de sus más emblemáticas portadas.

Sus imágenes de la Gran Depresión son documentos fundamentales para entender los niveles de pobreza y miseria a los que llegó el pueblo estadounidense después del Crac del 29. Por otra parte, la fuerza aérea norteamericana la incorporó a sus filas como reportera gráfica y allí se forjó la fama de intrépida y aventurera que le acompañarían hasta el final de sus días.

Margaret era una mujer comprometida con la política y fue, además de su innegable talento y su arrojo periodístico, su ideología de izquierdas la que le permitió ser la primera occidental en fotografiar la industria de la antigua Unión Soviética en los momentos del más férreo control del gobierno comunista. Allí consiguió la famosa foto de Stalin posando con una media sonrisa y que fue portada del 29 de marzo de 1943 de la revista Life.

Margaret definía su cámara como una “barrera” con la que enfrentarse al horror que en ocasiones invadía los escenarios que fotografiaba, entre los que se encontraban varios campos de concentración nazis que visitó de la mano del general Patton a mediados del año 1945.

Otro grupo de fotografías suyas que son clave para comprender la historia del siglo XX es la serie que retrata el conflicto en la India posterior a la declaración de independencia. Fue en la India donde consiguió el famosísimo retrato de Gandhi poco tiempo antes de morir asesinado.

Lamentablemente la carrera de Margaret Bourke-White fue relativamente corta, ya que rozando los 50 años comenzó a padecer los síntomas de la enfermedad de Parkinson. Enfermedad por la que moriría el 27 de agosto de 1971 a los recién cumplidos 67 años.

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