El ‘WhatsApp’ de las plantas

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Las plantas son organismos sésiles y, por lo tanto, no pueden desplazarse de un lugar a otro, y deben nacer y morir exactamente en el mismo lugar en el que cayó la semilla que las originó (a excepción de que sean transportadas por situaciones ajenas). A pesar de ello, las plantas son víctimas de otros organismos que quieran alimentarse de ellas, o de condiciones ambientales adversas. En este sentido, deben tener la capacidad de defenderse de estos patógenos y herbívoros, además de tolerar los cambios físico-químicos que ocurran a su alrededor.

En situaciones normales, las plantas presentan una serie de defensas frente a otros organismos de forma constitutiva y generalizada, físicas, como espinas o ceras cubriendo su superficie, y químicas, como glucosinolatos en las crucíferas, compuestos tóxicos para herbívoros y/o con actividad antimicrobiana contra patógenos. Mientras que frente a condiciones ambientales adversas la planta presenta otras estrategias de forma continua, como la acumulación de agua en tejidos de reserva, en los cactus, o raíces capaces de captar agua con concentraciones elevadas de sal, en los manglares.

Además de todas estas estrategias, las plantas tienen la capacidad de activar una serie de mecanismos específicos, una vez reconocen a un patógeno en particular o disminuye el agua disponible, por ejemplo. En ese momento comienzan a activar diferentes genes relacionados con diversas rutas hormonales y metabólicas que terminarán con la síntesis y acumulación por toda la planta de compuestos específicos para cada una de las situaciones. Por ejemplo, pueden sintetizar compuestos antimicrobianos como fitoalexinas o diferentes inhibidores que bloquean el metabolismo de los insectos. También pueden activar transportadores de membrana, compuestos antioxidantes o proteger sus proteínas frente a situaciones de sequía, exceso de temperatura o salinidad.

Pero lo realmente curioso es la capacidad que tienen todas las plantas para comunicarle a sus vecinas que están sufriendo el ataque de un insecto, o que se está acabando el agua en su zona. Esta comunicación le permite al resto de plantas preactivar todas las respuestas defensivas y de tolerancia frente a la situación que su compañera ha percibido, respondiendo de una forma muchísimo más rápida y efectiva, disminuyendo enormemente el daño que pudiera producir.

A esta comunicación podríamos denominarla como el ‘WhatsApp’ de los vegetales, basada en la emisión de una serie de compuestos volátiles por la planta estresada, los cuales son percibidos por sus vecinas, pudiendo estas a su vez emitir dichos compuestos para avisar a otras compañeras.

Estos volátiles incluyen compuestos de muy diferente tipo y origen, como terpenos, derivados de ácidos grasos, bencenoides y fenilpropanoides. Pero, por lo que se refiere a volátiles específicos de activación de respuestas defensivas, destacan, sin lugar a duda, el jasmonato de metilo, el etileno y el salicilato de metilo. El jasmonato de metilo es un compuesto volátil derivado de la hormona vegetal ácido jasmónico, que es emitido por las plantas cuando son atacadas por herbívoros. La percepción de este volátil por otras plantas provoca la activación de sus respuestas defensivas frente a herbívoros, la liberación de más jasmonato de metilo e incluso la liberación también de etileno, otra fitohormona relacionada con la respuesta de las plantas frente a situaciones ambientales adversas. Por otro lado, el salicilato de metilo, es un compuesto volátil que proviene de otra hormona vegetal de defensa diferente, el ácido salicílico, relacionado con las respuestas defensivas vegetales frente a patógenos.

Además, dentro de estos compuestos debemos incluir otros volátiles que también emiten las plantas, no para avisar a sus compañeras, sino para atraer a depredadores y parasitoides de insectos que se estén alimentando de ellas, como otros insectos, arañas, pájaros o lagartos. De la misma forma en que sus flores emiten aromas que atraen a diferentes polinizadores.

 

La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera

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Jorge Poveda es Graduado en Biología y trabaja en una empresa dedicada a la cría a nivel industrial de insectos con fines de alimentación. Además, realiza una tesis doctoral en el estudio de las interacciones planta-microorganismo. Entre sus campos de interés, destacan la biotecnología, la agricultura, la alimentación, la microbiología, la entomología y la divulgación científica en general, dentro de los cuales presentan una variada formación, destacando un Máster Universitario en Agrobiotecnología, un Máster Europeo en Calidad y Seguridad Alimentaria, o diferentes Posgrados de Experto Universitario, en Biotecnología Alimentaria, en Entomología Aplicada, en Diagnóstico Molecular Ambiental y en Divulgación Científica.

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