La pintora de animales

0
257

Los animales siempre han tenido un papel protagonista en la Historia del Arte y, aunque disminuyendo con el tiempo, éstos siempre han estado presentes, desde la Prehistoria con funciones muy concretas, hasta día de hoy, cuando más que nunca se lucha por sus derechos. Los animales han sido nuestra fuente de alimento desde tiempos remotos y continúa siendo así, a pesar de las distintas miradas que se pueden aportar sobre este tema. Los animales también han sido y siguen siendo nuestros más fieles amigos y siempre se les ha dado un significado en el arte, los generalmente representados han sido los perros, como símbolo de fidelidad, y los gatos, como todo lo contrario, representando la infidelidad. Y sin duda, los animales de granja o campo han permanecido en segundo plano, siendo el caballo, junto a los dos nombrados anteriormente los que más aparecen en las representaciones. Pero en todo este ámbito, hay que tener en cuenta un aspecto que diferencia las representaciones que se han ido haciendo de animales con las representaciones que se van a tratar en este artículo, y es que, en general, los animales siempre han sido los acompañantes, los que a pesar de tener su función y significado dentro de la composición, han permanecido en segundo plano, a excepción de aquellos casos de la antigüedad, donde el fin de la representación de animales era la adoración.

En el siglo XIX, Rosa Bonheur, una chica que rompió las reglas en todos los sentidos, se especializó en la representación de animales y de zonas rurales. Sus obras se centran casi en exclusiva en esta temática, con las que consigue reflejar su amor por la vida rural. Quizá una razón por la que decidió desarrollar esta temática fue porque durante sus años de formación como artista estuvo viviendo en el campo. Rosa era homosexual, dato que se conoce porque mantuvo algunas relaciones sentimentales con diversas mujeres. Tuvo que soportar numerosas críticas por su condición sexual y por parecer, según las personas de su alrededor, un ‘marimacho’, adjetivo que se le adjudicó única y simplemente por llevar pantalones, tener el pelo corto y fumar, algo que a ella no le importó en absoluto, manteniendo siempre su esencia.

A pesar de todas las críticas recibidas, finalmente y tras mucho esfuerzo, llegó a exponer en el Salón de 1843, cuando tenía 21 años. Los años sucesivos fueron exitosos en relación a su vida como artista, pues, en el Salón de 1845 obtuvo una medalla de tercera clase y tres años más tarde, en el Salón de 1848, la medalla de oro. A partir de este año, Rosa Bonheur pudo disfrutar de gran fama y numerosos encargos, sobre todo estatales, pero fue con la obra La feria de caballos con la que se le reconoció una gran fama mundial, a partir de la cual pudo conocer a grandes personalidades de la época como la reina Victoria de Inglaterra.

La feria de los caballos, de Rosa Bonheur.

Rosa Bonheur fue, por tanto, una pintora francesa que llegó muy alto, a pesar de todas las diferencias sociales a las cuales se tuvo que enfrentar, y esto se debió en gran parte a su fuerte y excéntrico carácter, que le hizo luchar con todo y contra todos.

Con 40 años se estableció en By, una población al este de Francia, donde arregló un espacio para sus animales y una habitación que sirviera de taller. Allí vivió hasta su muerte, en el año 1899.

Destacó, aparte de por su carácter y su profesionalidad como pintora, por ser la primera mujer condecorada con la Orden de la Legión de Honor. Actualmente se puede visitar su taller en el museo-castillo de By (Francia) y ver su obra El Cid, en la sala 63A del Museo del Prado.

El Cid, de Rosa Bonheur.

 

Bibliografía:

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.