La decisión sobre los futuros aviones de combate está en marcha

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El Concepto de Empleo de las Fuerzas Armadas (CEFAS) 2017, que el anterior Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) dejó listo antes de su reciente relevo, señala la disuasión como un elemento esencial de la prevención. Pero esa disuasión sólo será efectiva si se dispone de las capacidades necesarias listas para ser utilizadas, si son conocidas por el potencial adversario y, además, si se tiene la certeza de que serán utilizadas en caso necesario.

Viene esto a cuento del actual debate desatado tras que se conociera que la evaluación previa para decidir qué sistema debe sustituir a los actuales aviones de combate F-18 y Harrier, está en marcha y tanto el Ejército el Aire como la Armada, parece ya tienen candidato favorito.

La primera de las condiciones antes reseñadas para que la disuasión sea real es que dispongamos de las capacidades necesarias plenamente operativas. Y eso pasa por decidir, con tiempo suficiente, qué elementos que ya se aproximan al límite de su vida útil han de ser sustituidos y por qué nuevos sistemas.

Eurofighter, la posible alternativa (Foto: L. Romero)

Se da la circunstancia de que, por primera vez, existen versiones de un mismo sistema que podrían satisfacer las necesidades de ambos ejércitos. Con las ventajas que eso conllevaría a la hora de negociar costes (un pedido mayor otorga más capacidad de regateo del precio por unidad), diseñar cadenas de mantenimiento, compra de repuestos e incluso desarrollos posteriores.

El F-35, de la norteamericana Lokheed Martin, cuenta con tres versiones básicas: las A, B y C. Las dos primeras son las que nos podrían interesar: la primera, diseñada para dotar Fuerzas Aéreas y, la segunda, con capacidad de despegue y aterrizaje vertical (STOVL), ideada especialmente para sustituir a los Harrier, único avión de estas características que actualmente sirve en las marinas norteamericana, británica, italiana y española, entre otras.
Esta novedosa aeronave de quinta generación, y con capacidad furtiva, es decir, de evitar ser detectado por el radar, tiene competidores en el mercado y, por lo tanto, sería perfectamente posible que el Ejército del Aire español decidiera otro aparato para sustituir a los F-18. No así la Armada, que si decide mantener su capacidad aérea de caza y ataque embarcada, no cuenta actualmente en el mercado con otra alternativa que la del F-35B. El problema, ya reseñado antes, es lo corto del pedido que podría realizar la Armada, que alcanzaría poco más de una docena de aparatos. El Ejército del Aire, sin embargo, debería optar por un pedido que rondaría el medio centenar de aviones que, si se sumaran a los de la Armada, superarían en total las sesenta unidades. Una cifra que otorga un margen de maniobra mayor.

Las otras dos alternativas que se barajan en el Ministerio de Defensa, que es quien al final debe tomar la decisión, para el relevo que precisa el Ejército del Aire, son la nueva versión del F-18, el ‘Super Hornet’, o adquirir más unidades del EF-2000 “Eurofighter”, ya en servicio en nuestra Fuerza Aérea y del que España es fabricante, junto a Alemania, Gran Bretaña e Italia.

Uno de los inconvenientes del F-35, que está en boca de todos los especialistas en la materia, son los muchos problemas que ha acarreado su diseño y construcción, lo que además ha disparado su precio (unos 120 millones de euros por unidad, sin contar mantenimiento), máxime para quienes no han participado en su desarrollo, como es el caso de España. No haber participado en ese desarrollo, además, conlleva no tener acceso, en principio, a las entrañas de su diseño y, sobre todo, a los códigos fuente que permitirían poder asumir nuevos acoples de sistemas o incluso llevar a cabo su mantenimiento con cierta independencia.

El Harrier, en la imagen sobre el ‘Príncipe de Asturias?, no tiene más alternativa que el F-35B (Foto: L. Romero)

El 7 de junio, el secretario de Estado de Defensa español, Agustín Conde, en el marco de las tradicionales Jornadas que organiza la Asociación de Periodistas Europeos en Toledo, no hizo suya la que parece ser la opción de ambos ejércitos respecto al F-35, aunque tampoco la descartó. Sí apuntó que la decisión se adoptaría en un plazo razonable y que el coste económico no iba a ser el único criterio a tener en cuenta. En lo que sí puso especial énfasis fue en recordar que España es hoy fabricante de aviones de combate (en alusión al EF-2000) y que eso era algo que se debía valorar, sobre todo por el impacto industrial y de empleo que lleva consigo. Además, el secretario de Estado recordó que cuando llegue el momento de incorporar las nuevas aeronaves a nuestras Fuerzas Armadas, quizás sean ya una realidad los aviones de 6ª generación, hoy solamente en las mesas de diseño, o que la combinación de aviones tripulados, con los no tripulados de gran tamaño o los enjambres de no tripulados de pequeño tamaño lanzados desde nodrizas, y todo eso funcionando en red, sea lo que se imponga.

Así pues, con la vista puesta en una decisión que no podrá adoptarse más allá de 2018, para incorporar las primeras unidades a finales de la próxima década, el Ministerio de Defensa tendrá que hacer números para que, entre otras cosas, no se repita el lío financiero que supuso la compra de los F-18 y que todavía se arrastra.

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Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Master en Paz, Seguridad y Defensa por el Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado”. Profesor Honorario de la Universidad de Cádiz. Miembro de ADESyD

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