Conflicto palestino-israelí, ¿un problema europeo?

0
454

Abandonamos Occidente y nos adentramos en Oriente Medio para analizar el centenario de unos acuerdos secretos entre los entonces aliados Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y la Tercera República Francesa. En ellos está el origen del pertinaz conflicto palestino-israelí, pues se llevó a cabo la repartición de Oriente Próximo y de sus áreas de influencia, ya que controlar esta zona estratégica significaba intervenir en las relaciones asiático-europeas y así disponer de su bien más preciado, el hidrocarburo.

Antecedentes

Hace un siglo, este territorio en torno a Tierra Santa formaba parte del vasto Imperio Otomano,  también conocido como el “débil anciano enfermo”, que gracias al revés sufrido en la Gran Guerra pronto vería la oportunidad de independizarse. En 1916 el jerife de La Meca, protector de los Santos Lugares del Islam, con el apoyo del Reino Unido inició una sublevación conocida como Revuelta Árabe, bajo la esperanza de crear un estado panárabe que ocupara los actuales territorios de Siria, Líbano, Israel, Jordania e Irak, comprendiendo los territorios palestinos. En dicha sublevación participaría el famoso oficial británico Thomas E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia por adoptar las costumbres y la vestimenta árabe, y cuya misión era coordinar los avances arábigos.

Es aquí cuando Mark Sykes (por el Reino Unido) y François Georges-Picot (por Francia) firmaron unos tratados de manera secreta. Según los mismos:

“En la zona A, el ferrocarril de Bagdad no se extenderá hacia el sur más allá de Mosul, y en la zona B, hacia el norte mas allá de Samara, hasta que se construya una vía férrea que conecte Bagdad y Alepo a través del valle del Eúfrates, y solo entonces con la concurrencia de ambos gobiernos. Que Gran Bretaña tiene derecho a construir, administrar y a ser el único propietario de una vía férrea que conecte a Haifa con la zona B, y que tendrá el derecho perpetuo de transportar tropas a través de dicha línea en todo momento; se sobreentenderá por ambos gobiernos que dicha vía férrea servirá para facilitar la conexión de Bagdad con Haifa por ferrocarril, y mas allá se entenderá que, si las dificultades técnicas y los gastos ocasionados por el mantenimiento de dicha línea de conexión en la zona marrón impidiesen la viabilidad del proyecto, el gobierno francés deberá estar preparado para considerar que la línea en cuestión también atravesará el polígono Banias-Keis, Marib-Salkhad hasta Otsda-Mesmie antes de llegar a la zona B”.

Este acuerdo dibujaría el siguiente mapa geográfico:

Su revelación al mundo

Sin embargo, la imposibilidad de Rusia (que había abandonado la guerra) de tomar partido en dicha repartición obligaría a hacer público dicho acuerdo. El 23 de noviembre de 1917 el mundo conocía estos acuerdos a través del periódico británico The Manchester Guardian y de los periódicos ya soviéticos Izvestia y Pravda, imponiendo a los firmantes de dicho acuerdo a justificarse ante la lógica desconfianza de la situación mundial. Dada la situación, se llevó a cabo la Declaración Anglo-francesa de noviembre de 1918, mediante la cual, prometían “asistir en el establecimiento de gobiernos y administraciones nativas en Siria y Mesopotamia” e “instalar gobiernos y administraciones nacionales que derivan de su autoridad del libre ejercicio de la iniciativa y elección de los pueblos nativos”.

Un año más tarde tuvo lugar la gran Conferencia de Paz de París (1919), para conformar un nuevo orden mundial, el Comité de los Cuatro (los presidentes Wilson de EE.UU. y Clemenceau de Francia, más los primeros ministros Lloyd George, por Gran Bretaña, y Orlando, por Italia: ver foto más abajo), donde se puso fin a la Primera Guerra Mundial y, para nuestro propósito, se remodelaron los Acuerdos Sykes-Picot.

Gran Bretaña obtuvo el mandato de Palestina, Mosul, Basora, Bagdad, la Alta Galilea y parte de Siria, creando el reino de Irak y transportando su petróleo por dichos territorios para finalizar su viaje con destino a los territorios británicos. Se recompensó a la familia Hussein por haber sido expulsados de Siria, otorgándoles Transjordania, aunque bajo protectorado inglés. Para evitar que los musulmanes se unieran en un movimiento panislamista, movimiento político que unía a los pueblos musulmanes bajo un mismo estado, se pretendió eliminar el poder califal fragmentándolo en pequeños estados más laicos.

Así las cosas, y tras un nuevo conflicto mundial, en 1949 se crea el sionista Estado de Israel, que inmediatamente sería invadido por los estados árabes de Jordania, Siria e Irak. Los judíos resistirían militarmente y conseguirían no sólo repeler a sus vecinos sino también cercar a los palestinos en dos fragmentos separados y a merced de Israel: Cisjordania (regida actualmente por la Autoridad Nacional Palestina, cuya principal facción, Al-Fatah, no es islamista) y la Franja de Gaza (controlada actualmente por el grupo islámico Hamás). El enfrentamiento entre árabes y judíos va a ser crónico.

La crisis del Canal de Suez (1956) volvería a enfrentar a Israel, Francia e Inglaterra contra el Egipto de Nasser, quedando Israel fortalecida pero Francia e Inglaterra desprestigiadas internacionalmente. La balanza militar se decantó hacia el lado israelí de manera definitiva tras la Guerra de los Seis Días (1967), que permitió al Estado de Israel tomar la Franja de Gaza e incluso la península del Sinaí (que después devolvería a la República Árabe Unida de Egipto), provocando la huida de medio millón de palestinos de sus hogares, comenzando así la nakba o destrucción nacional.

Después de los acuerdos de paz de Camp David de 1978 entre Sadat (Egipto) y Begin (Israel), en 1993, israelíes (bajo Simon Peres) y palestinos (representados por la Organización para la Liberación de Palestina, encabezada por Arafat), firmaban los Acuerdos de Oslo, en donde renunciaban a la violencia y el terrorismo, reconocían el derecho de Israel a existir en paz y seguridad y se creaba la Autoridad Nacional Palestina que representará internacionalmente a los palestinos, hecho que los pro-iraníes de Hamás nunca aceptaron. Se volvía a repetir la foto de un apretón de manos entre judíos y musulmanes, ante la complacencia de Estados Unidos.

Con todo, quedó el problema de Jerusalén, que no quedó definida ni como capital del estado judío ni del estado palestino, por diferencias irreconciliables. Israel reclamaba su total soberanía desde la invasión de Jerusalén Oriental en 1967. Los palestinos reclamaban su devolución y la vuelta a los limites previos a la Guerra de los Seis Días; además, también exigían que los palestinos refugiados pudieran regresar a Israel.

Pero la realidad es que los israelíes habían colonizado los territorios abandonados por los palestinos y tampoco estaban por la labor de perder su identidad como Estado permitiendo la entrada de árabes. En este delicado punto nos encontramos, con la complicación de las intifadas palestinas, la dura represión israelí, la escalada militar en toda la zona, las guerras en torno al Golfo Pérsico, las crisis petrolíferas, el enfrentamiento entre el mundo árabe suní y el pérsico chií y, más recientemente, el terrorismo islámico.

En conclusión

El frágil statu quo actual tiene un principio centenario y ha estado plagado de violencia y lucha armada. Como tantas descolonizaciones, fue consecuencia de unos acuerdos de despacho entre Gran Bretaña y Francia por mantener sus posiciones imperialistas, controlar el eje Euro-Asiático y el crudo que fluía desde Oriente, esencial para el desarrollo industrial. El resultado ha sido un Estado y un semi-Estado luchando por existir en un mismo territorio, con una complicada delimitación de fronteras interiores. Las víctimas se cuentan por miles, en ambos bandos, aunque ya no sabemos si por culpa de esas potencias europeas o ya por el difícil equilibrio político en el mundo musulmán, que está mortalmente dividido. Israel es visto como una pica (de Occidente) en el corazón del Islam.

No sirve de mucho juzgar decisiones que fueron tomadas hace cien años con principios y criterios del momento que ya no operan. A nosotros nos toca establecer los hechos, desde luego no muy afortunados, y no añadir fuego al debate ideológico. Es una zona que nos concierne a todos, por lo que tenemos que ayudar a encontrar una solución necesaria para que cese el demasiado viejo conflicto palestino-israelí.

 

Bibliografía recomendada:

Para una explicación más detallada y precisa se recomienda el siguiente vídeo:

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.