Reciclar para vivir mejor

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El pasado 17 de mayo se celebró el Día Mundial del Reciclaje, con el que se busca seguir concienciando a los ciudadanos de todo el mundo de la necesidad de conciliar nuestro modelo de sociedad con la sostenibilidad del planeta que nos sirve de hogar, la Tierra.

Desde la Revolución Industrial, cada vez más países han ido incrementando sus tasas de consumo. El abaratamiento en los costes de fabricación de los productos ha provocado que por primera vez en la historia, desde finales del siglo XX, el modelo de “usar y tirar” se haya impuesto sobre los modelos anteriores, que fomentaban la reparación y el cuidado de los bienes para alargar su uso en el tiempo.

Los fabricantes encontraron en la posibilidad de acortar los ciclos de vida de los productos una vía para aumentar exponencialmente sus ingresos. En las últimas décadas, hemos visto estrategias de marketing muy agresivas que nos incitan a reponer uno tras otro nuestros equipos electrónicos mucho antes de que se hayan estropeado para poder acceder a prestaciones nuevas sin las que, según los avezados publicistas, no podemos vivir.

Nos hemos topado con fenómenos como el de la “obsolescencia programada”, por la que un producto, una vez transcurrido el período planificado por el fabricante, dejaba de funcionar o ya no tenía el mismo rendimiento. Y hemos vivido una etapa en la que tratar de reparar un producto podía convertirse en una odisea que, en la mayoría de las ocasiones, terminaba en una recomendación para comprar uno nuevo.

Ante esta vorágine de consumismo imparable, el problema de los residuos se ha ido haciendo cada vez más grande hasta suponer una carga insoportable para muchos países. Reciclar aparece entonces como la única opción posible para esta problemática.

Existen multitud de formas de reciclaje. Según Ecoembes, estos serían algunos de los elementos a los que podemos darle una segunda vida:
– Envases de plástico
– Briks
– Latas
– Envases de papel y cartón
– Vidrio
– Pilas y baterías
– Otros: Tales como aceite, bombillas y todos aquellos productos que se pueden depositar en los puntos limpios.

Pero además, el movimiento del reciclaje, propugna formas de consumo responsable que también inciden en la sostenibilidad del planeta y en la concienciación del valor de las cosas:

  • Arreglo de ropa y zapatos. En los últimos años se han recuperado oficios que se tenían casi por desaparecidos como son el de modista o zapatero. Los cambios de tendencias ya no imponen desechar prendas que son de calidad para adquirir otras nuevas; arreglarlas y usarlas todos los años que sea posible es la nueva consigna.
  • Trueque y segunda mano. En muchas ciudades, y en las redes, han resurgido los mercadillos en los cuales, un producto que ya no nos es útil, puede volver a tomar vida en manos de otra persona. La compra de productos de segunda mano ha perdido esa connotación negativa que arrastraba para comenzar a verse como una buena forma de consumo responsable que, además, permite acceder a aquello que se necesita con un considerable ahorro.
  • Donar aquello que no se utiliza. La última crisis económica ha provocado un cambio de mentalidad que nos ha llevado a no desechar nada por defecto si esto puede tener una utilidad para otra persona. La donación se vuelve entonces una vía para reciclar aquello que nosotros ya no queremos pero que todavía tiene una vida útil.

El reciclaje no es bueno sólo para el medio ambiente. Hay estudios que demuestran que genera más de 130.000 empleos en España tanto de forma directa como indirecta. Reciclar es una forma de respetar el mundo en el que vivimos. Un consumo responsable y unas buenas actitudes frente al reciclaje de nuestros residuos nos convierten en unos ciudadanos más respetuosos y civilizados.

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